martes, 18 de septiembre de 2018

Los esotéricos Orígenes de los pueblos Indoarios (I)

Édouard Schuré (1841-1929) es un escritor francés, nacido el 21 de enero de 1841 en Estrasburgo. Falleció en París el 7 de octubre de 1929. Es escritor, filósofo y musicólogo, autor de novelas, de piezas de teatro, de escritos históricos, poéticos y filosóficos. Se le conoce mundialmente sobre todo por su obra Los Grandes Iniciados, obra en la que me he basado para escribir este artículo.

Nació en una familia protestante. Huérfano de madre a la edad de 5 años y de padre a la edad de 14 años, vivió a continuación con su profesor de Historia del instituto Jean Sturm hasta la edad de 20 años.

 Tras su bachillerato, Édouard Schuré se inscribe en la Facultad de Derecho para contentar a su abuelo materno que era el decano; pero esta disciplina lo aburre considerablemente, por lo que pasa la mayoría de las tardes en la Facultad de Letras con jóvenes estudiantes y artistas enamorados como él de la literatura y el arte.

 Entre ellos su amigo músico Victor Nessler y el historiador Rudolf Reuss. Tras terminar sus estudios de derecho, decide dedicarse a la poesía. En 1861, obtuvo sin embargo su licencia en derecho.

Estudió a numerosos filósofos con gran interés, particularmente Descartes, Spinoza, Kant, Hegel, Schelling, Fichte, Schopenhauer y Nietzsche. Intuitivamente atraído por los misterios antiguos, leyó con gran intérés un libro que contiene una descripción detallada de los Misterios de Eleusis, lo que le causó una gran impresión. A la muerte de su abuelo, heredó lo suficiente para vivir de sus posesiones e ingresos.

 Abandonó rápidamente el derecho y se trasladó a Alemania con el fin de escribir una historia de Lied que ya había emprendido bajo la dirección de uno sus profesores del instituo, Albert Grün, un refugiado político alemán que lo inició en la literatura alemana y en la filosofía de Hegel. Alsaciano, Edouard Schuré posee una doble cultura lo que le da un espíritu abierto e incluso universal que se ampliará aún más a raíz de su encuentro con Margarita Albana.




En 1866, Schuré está aún en Berlín, frecuenta asiduamente los salones literarios que a ella le apasionan. El 18 de octubre de 1866, se casa con Mathilde Nessler (1866-1922) y el matrimonio se establece en París. Publica su Historia de Lied, lo que lo introduce en los círculos literarios. Se le recibe en los salones de la Condesa de Agoult, donde conoce a Renan, Michelet, Taine y Jules Ferry.

Dirá de sí mismo, como lo destaca G. Jeanclaude en su obra sobre Schuré: “Tres grandes personalidades actuaron de una manera soberana sobre mi vida: Richard Wagner, Margarita Albana y Rudolf Steiner. Si pudiera investigar el misterio de estas tres personalidades y hacer la síntesis, habría solucionado el problema de mi vida.”(En su Diario en 1910).

¿Éramos capaces de percibir realmente ángeles y arcángeles en tiempos remotos? ¿Quién era ese hombre que a principios del siglo XX describía, como la cosa más evidente del mundo, lo que había sucedido en la misteriosa Atlántida? Estos temas los trató Rudolf Steiner, que es considerado uno de los grandes maestros espirituales del siglo XX y un verdadero intelectual del ocultismo. Si hay que creer a Trevor Ravenscroft, uno de los discípulos de Steiner, el Dr.W.J.Stein convenció a Sir Winston Churchill de que Adolf Hitler estaba fascinado por lo oculto y creía en los poderes mágicos de los primeros habitantes de la Atlántida.

Pero entre Hitler y Steiner había una diferencia abismal. El primero simpatizaba con la magia negra; el segundo con la magia blanca. Y una de las obsesiones del nazismo era acabar con la vida de Steiner. Efectivamente, sufrió varios atentados de los que consiguió librarse y seguir adelante, hasta que finalmente optaron por quemar, la noche del 31 de diciembre de 1922, su obra arquitectónica más emblemática: el Goetheanum. El 1° de enero de 1924 -primer aniversario del incendio- Steiner fue víctima de un nuevo atentado y, aunque reunió fuerzas suficientes para superarlo, lo hizo ya con una vitalidad muy mermada.

Murió en 1925, no sin antes haber diseñado la maqueta del segundo Goetheanum. Eduardo Schuré, nos describe así su impacto en el primer encuentro que tuvo con Steiner: “Nunca jamás olvidaré la impresión extraordinaria que me hizo este hombre al entrar en mi despacho. Tuve, por primera vez en mi vida, la convicción de encontrarme frente a una de esas personas sublimes, que tienen la percepción directa del más allá. Yo había descrito intuitiva y poéticamente hombres parecidos en mi libro Los Grandes Iniciados“.

En 1973, Trevor Ravenscroft publico su enigmático libro “La lanza del destino”. En esta obra declara que Adolfo Hitler comenzó la segunda Guerra Mundial para capturar la lanza, presumiendo que el interés de Hitler en la reliquia, originada probablemente con su interés en la ópera “Parsifal” de 1882 —por el compositor preferido de Hitler, Ricardo Wagner— que refiere a un grupo de caballeros y su protección del santo Grial, así como la recuperación de la lanza.

Aunque un número de dudas de los historiadores en la obsesión de Hitler con la lanza, como fue divulgada por Trevor Ravenscroft y otros, el trabajo reciente del investigador y del autor Alec MacLellan tiene material descubierto de la fuente original de Ravenscroft que parece validar algunas de las aserciones más extrañas. Ravenscroft mantuvo que la lanza entró en territorios estadounidenses el 30 de abril de 1945; específicamente, bajo el control del tercer ejército conducido por el general George S. Patton.

Más adelante se cumple la leyenda de que la pérdida de la Lanza significaba la muerte, al suicidarse Hitler. Patton se fascinó por el arma antigua e hizo verificar su autenticidad, mas no pudo utilizar la lanza, pues tenía órdenes del general Dwight Eisenhower de que la regalía completa de Habsburgo incluyendo la lanza de Longinos debía ser devuelta al palacio de los Hofburg, en Viena.

Es interesante observar que George Patton, en su poema «A través de un cristal oscuro», curiosamente se postula como Longinos en el transcurso de alguna vida anterior. Ravenscroft procuró en varias ocasiones definir las “energías misteriosas” que la leyenda dice que provee la lanza.

Él encontró que la lanza poseía algún espíritu hostil y malvado, a los que él refirió como el Anticristo. En una mezcla de física cuántica, de cristianismo y de ideas de la nueva Era, de que la lanza trae al “Dios enojado del viejo testamento“, que transfiere de alguna manera una parte del poder de la crucifixión a la lanza.

Rudolf Steiner nació en 1861 en Kraljevec (Hungría) en el seno de una familia humilde, y a los 23 años salió de la Escuela superior Técnica de Viena, con un doctorado en filosofía y diplomas en química, biología y física, siguiendo el consejo de un maestro desconocido y misterioso con quien se había encontrado a los 18 años.

Este maestro no sólo le enseñó la manera correcta de ver más allá del tiempo y del espacio, sino que además le indicó sobre la necesidad de que adquiriera un conocimiento profundo de la mentalidad científica para poder rebatir, de este modo, el materialismo imperante. Steiner fue secretario general de la sección alemana de la Sociedad Teosófica, creada por la maestra Blavatsky. Dimitió porque quería difundir un conocimiento más acorde con la tradición esotérica occidental.

Lo llamó Antroposofía y nació así, en 1913, la Sociedad General Antroposófica, con sede en Dornach, Basilea (Suiza), al pie de las montañas del Jura, donde comenzó en 1914 la construcción de un gran edificio, según las más antiguas tradiciones arquitectónicas. Se llamó Goetheanum en homenaje a Goethe. La Antroposofía es la unión del conocimiento esotérico y la ciencia. Para que esa unión sea efectiva, la Antroposofía sistematiza la investigación de los mundos suprasensibles para poderlo utilizar en la vida práctica.

El propósito de la Antroposofía es que el ser humano tome conciencia de que existe otra realidad más allá de la estrictamente física, que esta otra realidad es susceptible de investigarse, y que el producto de esta investigación revierte tanto en la ciencia como en el arte y la filosofía.

Zend Avesta (o Zen Dawasta) es el nombre general de los libros sagrados de los parsis, adoradores del fuego o del sol, como se les llama por ignorancia.

Tan poco es lo que se ha comprendido de las grandes doctrinas que se hallan todavía en los varios fragmentos que componen todo cuanto ha quedado ahora de la colección de obras religiosas, que el Zoroastrismo es llamado indistintamente Culto del Fuego, mazdeísmo, o Magismo, Dualismo, Culto del Sol, etc.

 El Avesta, tal como está ahora coleccionado, tiene dos partes, conteniendo la primera el Vendîdâd, el Vispêrat y el Yazna; y la segunda, denominada Khorda Avesta, estando compuesta de breves oraciones llamadas Gâh, Nyâyish, etc. Zend significa “comentario” o “explicación”, y Avesta (del antiguo persa âbâsthâ, “ley”).

 El Avesta es una colección de textos sagrados de la antigua Persia, pertenecientes a la religión zoroastriana y redactadas en avéstico. El Avesta conservado hasta nuestros días es una colección de textos litúrgicos que apenas alcanza la cuarta parte del Avesta completo, tal y como fue compilado en la época sasánida. Una descripción del Gran Avesta, compuesto por 21 nask (libros), se nos ha trasmitido en los libros octavo y noveno del Denkard (enciclopedia de la religión).

Ya en el siglo XIX se descubrió que entre los textos llegados hasta nosotros hay una pequeña parte, que constituye el corazón de la liturgia, escrita en una lengua más antigua que el resto del Avesta. Estas partes son los gathas (cantos), en un tipo de versificación similar a la de los himnos védicos, y el Yasna Haptanhaiti, escrito en la misma lengua, pero en prosa. Estas partes más antiguas se vienen atribuyendo tradicionalmente a Zoroastro, pero la realidad histórica de este personaje es cuestionable y su autoría de las gathas no se ha podido probar.

No hay ninguna edición completa del Avesta. La más utilizada y mejor es la de Geldner, aunque la más antigua de Westergaard es algo más completa, si bien sólo utiliza los manuscritos disponibles en bibliotecas europeas. Traducciones fiables más o menos completas son sólo la de Darmesteter al francés y la de Wolff al alemán. No hay ninguna traducción fiable al español.

 Según el Zend Avesta, Zoroastro preguntó a Ormuzd, el gran creador: “¿Quién es el primer hombre que habló contigo?”. Ormuzd respondió: “Es el hermano Yima, el que estaba a la cabeza de los Valientes. Yo le he dicho que vele sobre los mundos que me pertenecen y le di una espada de oro, una espada de victoria.




Y Yima avanzó por el camino del Sol y reunió los hombres valerosos en el célebre Airyana-Vaéja, creado puro”. Zoroastro (en griego) o Zarathustra (en avéstico), castellanizado Zaratustra es el nombre del profeta fundador del mazdeísmo (o zoroastrismo). Se sabe poco o nada de él de manera directa, y las pocas referencias que se conocen están rodeadas de misterio y leyenda. Hay discrepancias sobre el lugar de nacimiento de Zoroastro. Según algunas corrientes nació en Rhages (cerca de Teherán, en Irán), según otras en Afganistán o Kazajistán.

Otras fuentes argumentan que Zaratustra es más bien un título dado a una serie de maestros (hasta cuatro), más que el nombre de uno concreto de ellos, y que el hombre al que solemos referirnos como Zoroastro habría sido el último de la serie.

 Mediante cálculos indirectos sobre vagas referencias a otros personajes coetáneos o posteriores, se estima que nació entre el principio del primer milenio y el siglo VI a. C. De cualquier manera, Zoroastro llegó hasta el rey Guhtasp, que gobernaba una tribu situada posiblemente en Balkh (al noroeste de Kabul), en Afganistán. Zoroastro convenció al rey y a su tribu de sus creencias.

De esta manera llegó a religión oficial una de las primeras religiones monoteístas—aunque en un marco dualista— de la Historia, denominada mazdeísmo (o zoroastrismo).

 El nombre de mazdeísmo procede del nombre de la deidad Ahura Mazda, que está enfrentado a un ente maligno que recibe el nombre de Angra Mainyu o Ahrimán, hermano gemelo de Ahura Mazda. El conflicto entre el Bien y el Mal marca la vida de los hombres. Como base escrita del mazdeísmo, Zoroastro dejó una obra, el Avesta, redactado en avéstico.

Fue transmitido durante mucho tiempo de manera oral. En tiempos del Imperio sasánida se recopilaron los textos que pasaron al Avesta. Los más importantes son los cánticos sagrados, llamados gathas. Es posible que date de tiempos de los sasánidas, entre el siglo IV y VI d. C., aunque recogen una tradición oral mucho más antigua.

Durante su vida, Zoroastro se mostró fuertemente en contra de las religiones politeístas presentes en la zona del valle del Indo, la meseta oriental del Gran Irán y las márgenes y oasis del río Oxus. Si bien logró algunos éxitos, no fue hasta después de su muerte cuando el mazdeísmo alcanzó una gran expansión en buena parte de Asia Occidental y Central, convirtiéndose en religión oficial de los aqueménidas o de los sasánidas hasta bien entrada la Alta Edad Media.

Las bases sentadas por el mazdeísmo y la polarización total del Bien y del Mal ejercieron una influencia importante en el judaísmo y a través de él en las religiones monoteístas surgidas en el Oriente Próximo a finales de la Edad Antigua (el cristianismo y el islamismo).

La expansión del islam erradicó por completo el mazdeísmo, que pervivió de manera meramente testimonial en algunas comunidades ocultas de Persia y en la isla de Ormuz (en el Golfo Pérsico), y en la región de Bombay (en India). Zaratustra fue empleado como figura literaria por el filósofo Friedrich Nietzsche en textos como Así habló Zaratustra o Ecce Homo, pero se trata de un simple álter ego del autor a la hora de exponer sus teorías, y no tiene ningún vínculo riguroso con la figura histórica. Según Plinio el Viejo, sólo un hombre en el mundo, Zoroastro, había nacido con una sonrisa en los labios, lo que auguraba su sabiduría divina. Ormuzd o Ahura Mazda es un término empleado en el Zend Avesta.

 Es el dios de los zoroastrianos o parsis modernos. Está simbolizado por el sol, por cuanto es la Luz de las luces. Esotéricamente, es la síntesis de sus seis Amshaspends o Elohim, y el Logos creador. En el sistema mazdeísta exotérico, Ahura-Mazda es el Dios supremo, y uno con el Dios supremo de la edad védica, Varuna, si leemos los Vedas literalmente.

Ormuzd significa literalmente: “Gran Rey”, o según Burnouf, “Maestro sabio”. Es el Principio del Bien, en contraposición a Ahrimán, su sombra, que es el Principio del Mal. Por corrupción, el nombre de Ormuzd se ha cambiado a Oromazes u Oromasio.

Según un Himno védico, “ ¡Oh, Agni!. ¡Fuego sagrado!. ¡Fuego purificador!. Tú que duermes en el leño y subes en llamas brillantes sobre el altar, tú eres el corazón del sacrificio, el vuelo osado de la plegaria, la chispa escondida en todas las cosas y el alma gloriosa del Sol”.

 Y he ahí lo que cantaba, hace cuatro o cinco mil años, delante de un altar de tierra donde flameaba un fuego de hierbas secas, un poeta védico “El Cielo es mi Padre, él me ha engendrado. Tengo por familia todo este acompañamiento celeste.

Mi Madre es la gran Tierra. La parte más alta de su superficie es su matriz; allí el Padre fecunda el seno de aquélla, que es su esposa y su hija”. Una adivinación profunda, una conciencia grandiosa respira en esas extrañas palabras.

Ellas encierran el secreto del doble origen de la humanidad. Anterior y superior a la tierra es el tipo divino del hombre; celeste es el origen de su alma. Pero su cuerpo es el producto de los elementos terrestres fecundados por una esencia cósmica.

 Los besos de Uranos y de la gran Madre significan, en el lenguaje de los Misterios, las lluvias de almas o de mónadas espirituales, que vienen a fecundar los gérmenes terrestres: los principios organizadores, sin los que la materia sólo sería una masa inerte y difusa.

 La parte más alta de la superficie terrestre, que el poeta védico llama la matriz de la Tierra, designa los continentes y las montañas, cuna de las razas humanas. En cuanto al cielo, Varuna, el equivalente hindú del Urano de los griegos, representa el orden invisible, hiperfísico, eterno e intelectual, que abraza todo el Infinito del Espacio y del Tiempo.

Vemos los orígenes terrestres de la humanidad según las tradiciones esotéricas confirmadas, en parte, por la ciencia antropológica y etnológica de nuestros días. Las cuatro razas que comparten actualmente el Globo son hijas de tierras y zonas distintas.

Por creaciones sucesivas, lentas elaboraciones de la tierra en su crisol, los continentes han emergido de los mares a intervalos de tiempo considerables, que los sacerdotes antiguos de la India llamaban ciclos antediluvianos. A través de millares de años, cada continente ha engendrado su flora y su fauna, coronada por una raza humana de color diferente.

 El continente austral, tragado por el último gran diluvio, fue la cuna de la raza roja primitiva, de la que los Indios de América no son más que los restos, derivados de los trogloditas que se salvaron en los picos de los montes, cuando el continente se hundió. El África es la madre de la raza negra llamada etiópica por los griegos.

El Asia ha elaborado la raza amarilla que se conserva en China. La última en nacer, la raza blanca, salió de los bosques de Europa, entre las tempestades del Atlántico y las brisas del Mediterráneo. Todas las variedades humanas resultan de las mezclas, de las combinaciones, de generaciones o selecciones de esas cuatro grandes razas.

En los ciclos anteriores, la roja y la negra han reinado sucesivamente por medio de potentes civilizaciones que han dejado huellas en las construcciones ciclópeas y en la arquitectura de México. Los templos de la India y Egipto tenían acerca de esas civilizaciones desvanecidas, cifras y tradiciones escasas.

En nuestro ciclo la raza blanca domina, y si se mide la antigüedad probable del Egipto y la India, se hará remontar su preponderancia a siete u ocho mil años.

Esa división de la humanidad en cuatro razas sucesivas y originarias, era admitida por los más antiguos sacerdotes de Egipto. Ellas están representadas por cuatro figuras de tipos y tez diferentes en las pinturas de la tumba de Setis I en Tebas. La raza roja lleva el nombre de Rot; la raza asiática, de piel amarilla, el de Aruc; la africana o negra, el de Halasiu; la líbico-europea o blanca, de cabellos rubios, es de Tamahu.

 Según las tradiciones brahmánicas, la civilización ha comenzado sobre la Tierra hace cincuenta mil años, con la raza roja, sobre el continente austral, cuando Europa entera y parte del Asia estaban aún bajo el agua. Esas mitologías hablan también de una raza de gigantes anterior. Se han encontrado en ciertas cavernas del Tibet, osamentas humanas gigantescas, cuya conformación semeja más al mono que al hombre.

Ellas se relacionan con una humanidad primitiva, intermedia, aun vecina de la animalidad, que no poseía ni lenguaje articulado, ni organización social, ni religión. Porque estas tres cosas brotan siempre a la par: y ese es el sentido de aquella notable tríada bárdica que dice: “Tres cosas son primitivamente contemporáneas: Dios, la luz y la libertad”.

Las tríadas bárdicas o galesas (en galés, Trioedd Ynys Prydein, literalmente “Tríadas de la isla de Bretaña“) son un grupo de textos relacionados que se encontraron en manuscritos medievales que preservan fragmentos de folclore, mitología e historia tradicional galesa en grupos de tres.

El texto incluye referencias al rey Arturo y a otros personajes semihistóricos de la Britania posromana, figuras míticas tales como Bran el Bendito, personajes innegablemente históricos tales como Alan IV de Britania, duque de Bretaña (quien es llamado Alan Fyrgan) e incluso caracteres de la Edad del Hierro como Casivellauno y Carataco.




 Algunas tríadas simplemente dan una lista de tres caracteres con algo en común (como “los tres bardos frívolos de la isla de Bretaña“), mientras que otros incluyen una explicación narrativa sustancial. La forma de tríada probablemente se originó entre los bardos o poetas como una ayuda nemotécnica al componer sus poemas e historias y, más tarde, se convirtió en un recurso retórico de la literatura galesa. El cuento medieval galés Culhwch ac Olwen tiene muchas tríadas incrustadas en su narrativa.

Con el primer balbuceo de la palabra nació la sospecha vaga de un orden divino. Es el soplo de Jehovah en la boca de Adán, el verbo de Hermes, la ley del primer Manú, el fuego de Prometeo. Un Dios palpita en la fauna humana.

La raza roja, ya lo hemos dicho, ocupaba el continente astral, hoy sumergido, llamado Atlántida por Platón, según las tradiciones egipcias. Un gran cataclismo le destruyó en parte y dispersó sus restos.

Varias razas polinésicas, al igual que los Indios de la América del Norte y los Aztecas que Hernán Cortés encontró en México, son los supervivientes de la antigua raza roja, cuya civilización, perdida para siempre, tuvo sus días de gloria y de esplendor materiales. Todos esos descendientes llevan en sus almas la incurable melancolía de las viejas razas que mueren sin esperanza.

Después de la raza roja, la raza negra dominó sobre el globo. Hay que buscar su tipo superior en el abisinio y el nubio, en quienes se conserva el molde de esta raza llegada a su apogeo. Los negros invadieron el sur de Europa en tiempos prehistóricos y fueron rechazados por los blancos. Su recuerdo se ha borrado completamente de nuestras tradiciones populares. 

Sin embargo, han dejado dos huellas indelebles: horror al dragón que fue el emblema de sus reyes y la idea de que el diablo es negro. Los negros devolvieron el insulto a la raza rival haciendo blanco a su diablo. En los tiempos de su soberanía, los negros tuvieron centros religiosos en el Alto Egipto y la Judea. Sus ciudades ciclópeas coronaban las montañas del Cáucaso, de África y del Asia central. Su organización social consistía en una teocracia absoluta.

En la cima, sacerdotes temidos como dioses; abajo, tribus revoltosas, sin familia reconocida, las mujeres esclavas. Esos sacerdotes tenían conocimientos profundos, el principio de la unidad divina del universo y el culto de los astros que, bajo el nombre de sabeísmo, se infiltró entre los pueblos blancos. Véanse los historiadores árabes, así como Abul-Ghari, historia genealógica de los Tártaros, y Mohammed-Mosen, historiador de los Persas.

El sabeísmo es una antigua religión de la Península Arábiga preislámica surgida en la región de Saba (actual Yemen) en el sur. El sabeísmo era una religión que rendía culto a los astros, especialmente al Sol y a la Luna, aunque afirmaba adorar a un solo Dios denominado Alá Taala, asistido por siete ángeles que custodiaban el firmamento llamados al-Illat. Cada tribu sabea rendía culto a diferentes deidades planetarias como el Sol, la Luna, Júpiter, Mercurio y Venus (que tenía un templo en Sanaa).

También creían en espíritus totémicos de cada tribu y en los djins. Sus profetas eran Sabi y Henoc, y rendían culto haciendo tres oraciones diarias hacia el sur o hacia el astro de su propia tribu. Los sabeos también aducían que su religión era la verdadera religión practicada por Noé antes de que fuera alterada, y practicaban el bautismo igual que sus primos mandeos.

En la Kaaba, el altar de La Meca, habían muchos ídolos sabeos que fueron destruidos tras la conquista islámica de la ciudad. Los sabeos se dispersaron por todo el Medio Oriente e incluso se afirma (especialmente por parte de la Fe Bahai) que esta era la religión de Abraham antes de su conversión al monoteísmo. Mahoma estableció la tolerancia hacia la “Gente del Libro” en el Corán, aduciendo que estos eran los judíos, cristianos y sabeos (es decir las religiones monoteístas), los cuales tenían derecho a practicar su credo aunque pagando un impuesto.

Los teólogos musulmanes tuvieron siempre dudas sobre la identidad exacta de los sabeos, y el estatus de Gente del Libro fue asignado tanto a los practicantes del sabeísmo como a los mandeos y los zoroastrianos. Sin embargo, a diferencia de los mandeos y zoroastrianos que se mantuvieron ininterrumpidamente, los sabeos antiguos desaparecieron gradualmente siendo absorbidos por el Islam.

Un genio, del árabe جن yinn, es un ser fantástico de la mitología semítica. No debe confundirse esta palabra con otra idéntica que procede del latín genius.

En ocasiones en vez de genio se usa el término árabe, usualmente transcrito jinn o djinn, de acuerdo con la transcripción francesa o inglesa. En las tradiciones más antiguas, los genios eran los espíritus de pueblos desaparecidos, que actuaban de noche y se escondían al despuntar el día.

Otras tradiciones dicen que son seres de fuego. En todos los casos se trata de seres con características de duendes y otros seres mitológicos elementales de la naturaleza, que pueden, según su talante, atacar o ayudar al ser humano.

El islam incorporó parcialmente la antigua creencia en los genios, y de este modo son hoy en día personajes presentes en las tradiciones de todos los pueblos del área islámica. Es prácticamente seguro, sin embargo, que esos genios no responden únicamente a los genios semíticos originales, ya que la extensión del mensaje del Corán impuso un mismo nombre a muchas manifestaciones distintas propias de los países islamizados.

Así, en lugares donde el mazdeísmo hizo mella antes que el islam los genios son protagonistas de diversas prácticas mágicas alejadas de la ortodoxia sunní; para los tuareg, son tentadores del desierto y ladrones nocturnos, así como para los musulmanes de la India pueden ser molestos invasores del hogar que deben ser expulsados usando ciertas suras del Corán, en una ceremonia no muy distinta del exorcismo católico.

El islam considera a los genios seres creados de fuego sin humo, dotados como el ser humano de libre albedrío y que pueden obedecer a Dios o bien a Iblís, el demonio, a quien a veces se describe como tal, es decir como ángel caído, y a veces es considerado genio. En el Corán podemos leer: “Hemos creado al hombre de barro, de arcilla moldeable; Antes, del fuego ardiente habíamos creado a los genios”. Los genios son, pues, la tercera clase de seres creada por Dios, junto a los hombres y los ángeles. La creencia en esta tercera raza marca una diferencia respecto a las otras dos religiones monoteístas (cristianismo y judaísmo).

Los genios, a diferencia de los ángeles, comparten el mundo físico con los seres humanos y son tangibles, aunque sean invisibles o adopten formas diversas. Los genios y los humanos pueden casarse y procrear. Por esta razón, la jurisprudencia islámica medieval llegó a regular las condiciones relativas a matrimonio, descendencia y herencia entre genios y humanos.

Fueron muchos los pensadores musulmanes medievales que dudaron de la existencia de los genios (no así de la de los ángeles) o directamente la negaron, como Avicena, Al-Farabi o Ibn Jaldún. La creencia popular en los genios sigue estando muy extendida en las áreas rurales de algunos países islámicos y es muy frecuente su aparición en la literatura popular.

En occidente son conocidos sobre todo los genios malignos del tipo ifrit, a través de los cuentos de Las mil y una noches y sus adaptaciones cinematográficas. Una muestra a la vez de la creencia popular en los genios y de que pueden ser seres dignos de devoción e imitación la encontramos en Marruecos, donde, en el marco del muy popular culto a los morabitos o santones, se inscribe el culto a un personaje que no es humano sino genio.

Se trata del morabito Sidi Shamharush, situado en la aldea del mismo nombre en el Atlas, y al cual acude la gente de la zona en peregrinación para ganarse la baraka o bendición divina por intercesión del santón. El culto es similar al que se prodiga a otros morabitos, salvo por el hecho de que en este caso no gira alrededor de una tumba, ya que Sidi Shamharush no está muerto: vive de día bajo la forma de perro negro y por la noche adopta apariencia humana.

Pero entre la ciencia de los sacerdotes negros y el fetichismo grosero de las masas no había punto intermedio, arte idealista, mitología sugestiva. Por lo demás, una industria ya existente, el arte de manejar piedras colosales y de fundir los metales en hornos inmensos en que se hacía trabajar a los prisioneros de guerra.

En esta raza poderosa por la resistencia física, la energía pasional y la capacidad de asimilación, la religión fue, pues, el reino de la fuerza por el terror.

La Naturaleza y Dios no aparecieron casi a la conciencia de esos pueblos-niños más que bajo la forma del dragón, del terrible animal antediluviano que los reyes hacían pintar en sus banderas y los sacerdotes esculpían en la puerta de sus templos.

 Si el sol de África ha incubado la raza negra, se diría que los hielos del polo ártico han visto la florescencia de la raza blanca. Son los Hiperbóreos de que habla la mitología griega. 

Esos hombres de cabellos rojos, de ojos azules, vinieron del Norte a través de las selvas, iluminadas por auroras boreales, acompañados por perros y renos, mandados por jefes temerarios y animados, empujados por mujeres videntes. Cabellos de oro y ojos de azul: colores predestinados.

Esa raza debía inventar el culto del sol y del fuego sagrado y traer al mundo la nostalgia del cielo. Tan pronto ella se rebela contra éste hasta quererle escalar, como se prosternará ante sus esplendores en una adoración absoluta.

Como las otras, la raza blanca tuvo que libertarse del estado salvaje antes de adquirir conciencia de sí misma. Tiene ella por signos distintivos el gusto de la libertad individual, la sensibilidad reflexiva que crea el poder de la simpatía, y el predominio del intelecto, que da a la imaginación un sello idealista y simbólico. La sensibilidad anímica trajo la afección, la preferencia del hombre por una mujer; de ahí la tendencia de esta raza a la monogamia, el principio conyugal y la familia.

La precisión de libertad, unida a la sociabilidad, creó el clan con su principio electivo. La imaginación ideal creó el culto de los antepasados, que forma la raíz y el centro de la religión de los pueblos blancos.

El principio social y político, se manifiesta el día que un cierto número de hombres semisalvajes, ante el ataque de enemigos, se reúnen instintivamente y eligen al más fuerte y más inteligente entre ellos, para defenderles y mandarles: aquel día la sociedad nació. El jefe es un rey en germen; sus compañeros, nobles futuros; los viejos deliberantes, pero incapaces de andar, de la fatiga, forman ya una especie de Senado o asamblea de ancianos.

Pero ¿Cómo nació la religión? Se ha dicho que era el temor del hombre primitivo ante la Naturaleza. Pero el temor nada de común tiene con el respeto y el amor: aquél no liga el hecho a la idea, lo visible a lo invisible, el hombre a Dios. Mientras que el hombre sólo tembló ante la Naturaleza, no fue aún un hombre.

Lo fue sólo el día que asió el lazo que le relacionaba al pasado y al porvenir, a algo de superior y bienhechor, y donde él adoró esa misteriosa incógnita. Pero ¿cómo adoró él por vez primera?




El escritor francés Antoine Fabre d’Olivet (1767-1825), en su “Histoire philosophique du genre humain”, lanza una hipótesis eminentemente genial y sugestiva sobre el modo de establecer el culto a los antepasados en la raza blanca: “En un clan belicoso, dos guerreros rivales se querellan.

Furiosos, van a matarse, ya han llegado a las manos. En ese momento, una mujer con el cabello en desorden se interpone entre los dos y los separa. Es la hermana de uno y la mujer del otro. Sus ojos arrojan llamas, su voz tiene el acento del mando. Ella dice en frases entrecortadas, incisivas, que ha visto en la selva al Antepasado de la raza, el guerrero victorioso de tiempos remotos, el heroll que se le ha aparecido.

Él no quiere que dos guerreros hermanos luchen, sino que se unan contra el enemigo común.”Es la sombra del gran Abuelo, el heroll me lo ha dicho, clama la mujer exaltada; ¡Él me ha hablado!. ¡Le he visto!” Lo que ella dice, lo cree. Convencida, convence.

 Emocionados, admirados y como abrumados por una fuerza invencible, los adversarios reconciliados se dan la mano y miran a esa mujer inspirada como una especie de divinidad. Inspiraciones tales, seguidas de bruscas reacciones, debieron producirse en gran número y bajo formas muy diferentes en la vida prehistórica de la raza blanca”.

En los pueblos bárbaros, la mujer es quien, por su sensibilidad nerviosa, presiente antes lo oculto, afirma lo invisible. Que se considere ahora cuáles serían las consecuencias inesperadas y prodigiosas de un acontecimiento semejante al que hemos relatado. En el clan, en la tribu, todos hablan del hecho maravilloso. La encina, donde la mujer inspirada ha visto la aparición, se convierte en árbol sagrado. Se la conduce allá de nuevo; y, bajo la influencia magnética de la luna, que la coloca en un estado visionario, continúa profetizando en nombre del gran Abuelo.

Pronto esta mujer y otras semejantes, de pie sobre las rocas, en medio dé los claros del bosque, al ruido del viento y del océano, evocarán las almas diáfanas de los antepasados ante las multitudes palpitantes, que las verán, o creerán verlas, atraídas por mágicos encantos en las brumas flotantes de las transparencias lunares. El último de los grandes celtas, Ossián, evocará a Fingal y sus compañeros en las nubes compactas.

Así, en el origen mismo de la vida social, el culto de los antepasados se establece en la raza blanca. El gran antepasado llega a ser el Dios de la tribu. He ahí el comienzo de la religión. Pero eso no es todo. Alrededor de la profetisa se agrupan ancianos que la observan en sus sueños lúcidos, en sus éxtasis proféticos. Ellos estudian sus estados diversos, finalizan sus revelaciones, interpretan sus oráculos. Notan ellos que cuando profetiza en el estado visionario, su cara se transfigura, su palabra se vuelve rítmica y su voz elevada profiere sus oráculos cantando una melodía grave y significativa.

Todos los que han visto una verdadera sonámbula, han quedado admirados de la singular exaltación intelectual que se produce en su sueño lúcido. Para aquellos que no han sido testigos de tales fenómenos y que duden de ellos, citaremos un pasaje del célebre David Strauss, que no puede ser sospechoso de superstición.

El vio en casa de su amigo el doctor Justinus Kerner a la célebre “vidente de Prévorst” y la describe así: “Poco después, la visionaria cayó en un sueño magnético. Contemplé por vez primera el espectáculo de ese estado maravilloso, y, puedo decirlo, en su más pura y bella manifestación.

Era una cara con expresión de sufrimiento, pero elevada y tierna como inundada de un rayo celeste: una palabra pura, solemne, musical, una especie de recitado”; una abundancia de sentimientos que desbordaban y que se hubieran podido comparar a bandas de nubes, tan pronto luminosas como sombrías, resbalando sobre su alma, o también a brisas melancólicas y serenas impregnadas en las cuerdas de una maravillosa arpa eoliana”.

 De ahí el verso, la estrofa, la poesía y la música, cuyo origen pasa por divino en todos los pueblos de raza aria. La idea de la revelación no podía producirse más que a propósito de hechos de este orden. Al mismo tiempo vemos brotar la religión y el culto, los sacerdotes y la poesía.

En Asia, en el Irán y en la India, donde los pueblos de raza blanca fundaron las primeras civilizaciones arias, mezclándose a pueblos de color diferente, los hombres adquirieron pronto supremacía sobre las mujeres en cuestiones de inspiración religiosa. Allí no oímos hablar más que de sabios, de rishis, de profetas. La mujer rechazada, sometida, ya no es sacerdotisa más que del hogar. Pero en Europa la huella del papel preponderante de la mujer se encuentra en los pueblos de igual origen, que fueron bárbaros durante millares de años.

Aparece en la Pitonisa escandinava, en la Voluspa del Edda, en las druidas célticas, en las mujeres adivinadoras que acompañan a los ejércitos germanos y decidían sobre el día de las batallas, y hasta en las Bacantes tracias que sobrenadan en la leyenda de Orfeo. La Vidente prehistórica se continúa con la Pythia de Delfos.

 Las profetisas primitivas de la raza blanca se organizaron en colegios de druidesas, bajo la vigilancia de los ancianos instruidos o druidas, los hombres de la encina. Ellas fueron al principio bienhechoras. Por su intuición, su adivinación, su entusiasmo, dieron un vuelo inmenso a la raza que estaba sólo en el comienzo de su lucha, varias veces secular, contra los negros. Pero la corrupción rápida y los enormes abusos de esta institución eran inevitables.

Sintiéndose dueñas de los destinos de los pueblos, las druidesas quisieron dominarlos a toda costa. Faltándoles la inspiración, quisieron dominar por el terror. Exigieron los sacrificios humanos e hicieron de ellos un elemento esencial de su culto.

Los instintos heroicos de su raza los favorecían. Los Blancos eran valientes; sus guerreros despreciaban la muerte; a la primera llamada venían voluntariamente y por bravata a colocarse bajo el cuchillo de las sanguinarias sacerdotisas. Por medio de hecatombes humanas se lanzaban los vivos hacia los muertos como mensajeros, y se creía obtener así los favores de los antepasados.

Esa amenaza perpetua, colocada sobre la cabeza de los primeros jefes por boca de las profetisas y de los druidas, se volvió entre sus manos un formidable instrumento de dominio.

Primer ejemplo de la perversión que sufren fatalmente los más nobles instintos de la naturaleza humana, cuando no son dirigidos por una sabia autoridad, encaminados al bien por una conciencia superior. Dejada al azar de la ambición y la pasión personal, la inspiración degenera en superstición, el valor en ferocidad, la idea sublime del sacrificio en instrumento de tiranía, en explotación pérfida y cruel.

Pero la raza blanca estaba aún en su infancia violenta y loca. Apasionada en la esfera anímica, debía atravesar otras muchas y sangrientas crisis. Acababa de ser despertada por los ataques de la raza negra, que comenzaba a invadir el sur de Europa. Lucha desigual al principio. Los Blancos medio salvajes, salidos de sus bosques y habitaciones lacustres, no tenían otro recurso que sus arcos, sus lanzas y sus flechas con puntas de piedra.

 Los Negros tenían armas de hierro, armaduras de bronce, todos los recursos de una civilización industriosa y sus ciudades ciclópeas. Aplastados en el primer choque, los Blancos llevados cautivos empezaron a ser en masa esclavos de los Negros, que les forzaron a trabajar la piedra y a llevar el mineral a sus hornos. Pero algunos cautivos escapados llevaron a su patria los usos, las artes y fragmentos de ciencia de sus vencedores.

Aprendieron ellos de los Negros dos cosas capitales: la fundición de los metales y la escritura sagrada, es decir, el arte de fijar ciertas ideas por medio de signos misteriosos y jeroglíficos sobre pieles de animales, sobre piedra o corteza de fresnos; de ahí las runas de los celtas.

El metal fundido y forjado era el instrumento de la fuerza; la escritura sagrada fue el origen de la ciencia y de la tradición religiosa. La lucha entre la raza blanca y la raza negra osciló durante siglos desde los Pirineos al Cáucaso y desde el Cáucaso al Himalaya. La salvación de los Blancos se debió a sus selvas, donde, como las fieras, podían esconderse para salir de nuevo en el momento oportuno.

Enardecidos, aguerridos, mejor armados de siglo en siglo, los arrojaron de las costas de Europa e invadieron a su vez todo el norte de África y el centro de Asia, ocupada por tribus diversas. La mezcla de las dos razas se operó de dos modos distintos, por colonización pacífica o por conquista belicosa.

Fabre d’Olivet, ese maravilloso vidente del pasado prehistórico de la humanidad, parte de esa idea para emitir una visión luminosa sobre el origen de los pueblos llamados semíticos y de los pueblos arios. Allí donde los colonos blancos se habían sometido a los pueblos negros aceptando su dominación y recibiendo de sus sacerdotes la iniciación religiosa, allí se formaron los pueblos semíticos, como los Egipcios anteriores a Menes, los Árabes, los Fenicios, los Caldeos y los Judíos.

Las civilizaciones arias, al contrario, se formaron allí donde los Blancos habían reinado sobre los Negros por la guerra o la conquista, como los Iranios, los Hindúes, los Griegos, los Etruscos.

Agreguemos a esto que bajo la denominación de pueblos arios comprendemos también a todos los pueblos blancos que habían quedado en estado salvaje y nómada en la antigüedad, tales como los Escitas, los Getas, los Sármatas, los Celtas y más tarde los Germanos. Por este medio pudiera explicarse la diversidad fundamental de las religiones y también de la escritura en esas dos grandes categorías de naciones.

Entre los Semitas, donde la intelectualidad de la raza negra dominó al principio, se nota, sobre la idolatría popular, una tendencia al monoteísmo, el principio de la unidad del Dios oculto, absoluto y sin forma que fue uno de los dogmas esenciales de los sacerdotes de la raza negra y de su iniciación secreta.

 Entre los Blancos vencedores, o conservadores puros, se nota, al contrario, la tendencia al politeísmo, a la mitología, a la personificación de la divinidad, que proviene de su amor a la Naturaleza y de su culto apasionado por los antepasados. La diferencia principal entre la manera de escribir de los Semitas y los Arios, se explicará por la misma causa.

¿Por qué todos los pueblos semitas escriben de derecha a izquierda, y los arios de izquierda a derecha?.

La razón que de ello da Fabre d’Olivet es tan curiosa como original, y evoca ante nuestros ojos una verdadera visión de ese pasado perdido. Todo el mundo sabe que en los tiempos prehistóricos no había escritura vulgar. El uso de ella no se generalizó hasta la escritura fonética o arte de figurar por letras el sonido mismo de las palabras. Pero la escritura jeroglífica, o arte de representar las cosas por signos cualesquiera, es tan vieja como la civilización humana.

 Y siempre en esos tiempos primitivos, fue el privilegio del sacerdocio, como función religiosa y primitivamente como inspiración divina. Cuando en el hemisferio austral, los sacerdotes de la raza negra o meridional trazaban sobre pieles de animales o sobre tablas de piedra sus signos misteriosos, tenían por costumbre volverse hacia el polo sur; su mano se dirigía hacia el Oriente, fuente de luz. Escribían, pues, de derecha a izquierda. Los sacerdotes de la raza blanca o Septentrional aprendieron la escritura de los Negros y comenzaron por escribir como ellos.

Pero cuando el sentimiento de su origen se hubo desarrollado con la conciencia nacional y el orgullo de la raza, inventaron signos propios y en lugar de volverse hacia el Sur, hacia el país de los Negros, dieron cara al Norte, el país de los Antepasados, continuando la escritura hacia Oriente. Sus caracteres corren, pues, de izquierda a derecha.

De ahí la dirección de las runas célticas, del zend, del sánscrito, del griego, del latín y de todas las escrituras de las razas arias. Ellas corren hacia el Sol, fuente de la vida terrestre; pero miran al Norte, patria de los antepasados y fuente misteriosa de las auroras celestes. La corriente semita y la corriente aria: he ahí los dos ríos por donde nos han llegado todas nuestras ideas, mitologías y religiones, artes, ciencias y filosofías.

Cada una de estas corrientes lleva consigo una concepción opuesta de la vida, cuya reconciliación y equilibrio sería la verdad misma. La corriente semítica contiene los principios absolutos y superiores: la idea de la unidad y de la universalidad en nombre de un principio supremo que conduce, en su aplicación, a la unificación de la familia humana.

La corriente aria contiene la idea de la evolución ascendente en todos los reinos terrestres y supraterrestres, y conduce, en su aplicación, a la diversidad infinita de los desarrollos, en nombre de la riqueza de la Naturaleza y de las aspiraciones múltiples del alma.




El genio semita desciende de Dios al hombre; el genio ario sube del hombre a Dios. El uno se representa por el arcángel justiciero, que desciende sobre la tierra armado de la espada y del rayo; el otro por Prometeo, quien tiene en la mano el fuego robado del cielo y mide el Olimpo con la mirada para transferirlo luego a la tierra.

Nosotros llevamos esos dos genios en nuestro interior. Pensamos y obramos por turno bajo el imperio de uno u otro. Pero están entretejidos, no fundidos en nuestra intelectualidad.

 Ellos se contradicen y se combaten en nuestros íntimos sentimientos y en nuestros pensamientos sutiles, como en nuestra vida social y en nuestras instituciones.

Ocultos bajo formas múltiples, que se podrían resumir bajo los nombres genéricos de espiritualismo y naturalismo, dominan nuestras discusiones y nuestras luchas. Irreconciliables e invencibles los dos, ¿quién los unirá?. Y sin embargo, el avance, la salvación de la humanidad dependen de su conciliación y de su síntesis. Por tal razón, en este libro quisiéramos remontarnos hasta la fuente de las dos corrientes, al nacimiento de los dos genios.

Sobre las luchas históricas, las guerras religiosas, las contradicciones de los textos sagrados, pasaremos al interior de la conciencia misma de los fundadores y de los profetas que dieron a las religiones su movimiento inicial. Ellos tuvieron la intención profunda y la inspiración de lo alto, la luz viva que da la acción fecunda. Sí, la síntesis preexistía en ellos.

El rayo divino palideció y se oscureció entre sus sucesores; pero reaparece, brilla, cada ver que desde un punto cualquiera de la historia un profeta, un héroe o un vidente remonta a su foco. Porque sólo desde el punto de partida se divisa el objetivo. Desde el Sol radiante, el curso de los planetas.

Tal es la revelación en la historia, continua, graduada, multiforme como la Naturaleza; pero idéntica en su manantial, una como la verdad, inmutable como Dios. Remontando el curso de la corriente semita, llegamos por Moisés a Egipto, cuyos templos poseían, según Manetón, una tradición de 30.000 años. Remontando el curso de la corriente aria, llegamos a la India, donde se desenvolvió la primera grande civilización resultante de una conquista de la raza blanca. La India y Egipto fueron dos madres de religiones.

Los dos países tuvieron el secreto de la gran iniciación. Entraremos en sus santuarios. Pero sus tradiciones nos hacen remontar más alto aun, a una época anterior, donde los dos genios opuestos de que hemos hablado nos aparecen unidos en una inocencia primera y en una armonía maravillosa. Es la época aria primitiva. Gracias a los admirables trabajos de la ciencia moderna, gracias a la filología, a la mitología, a la etnología comparada, hoy nos es permitido entrever esa época.

 Ella se dibuja a través de los himnos védicos, que no son, sin embargo, más que su reflejo, con una sencillez patriarcal y una grandiosa fuerza de líneas, Edad viril y grave que se parece a la edad de oro que soñaron los, poetas. El dolor y la lucha existen sin embargo; pero hay en los hombres una confianza, una fuerza, una serenidad, que la humanidad no ha vuelto jamás a encontrar.

En la India el pensamiento se hará profundo, los sentimientos se afinarán. En Grecia las pasiones y las ideas se cubrirán con el prestigio del arte y el vestido mágico de la belleza. Pero ninguna poesía sobrepuja a ciertos himnos védicos en elevación moral, en alteza y amplitud intelectual.

Hay allí el sentimiento de lo divino en la Naturaleza, de lo invisible que la rodea y de la grande unidad que penetra el todo. ¿Cómo nació civilización semejante?. ¿Cómo se desarrolló tan alta intelectualidad en medio de guerras de raza y de la lucha contra la Naturaleza?.

Aquí se detienen las investigaciones y las conjeturas de la ciencia contemporánea. Pero las tradiciones religiosas de los pueblos, interpretadas en su sentido esotérico, van más lejos y nos permiten adivinar que la primera concentración del núcleo ario en el Irán se hizo por una especie de selección operada en el seno mismo de la raza blanca, bajo la égida de un conquistador y legislador, que dio a su pueblo una religión y una ley conformes con el genio de la raza.

En efecto, el libro sagrado de los Persas, el Zend-Avesta, habla de ese antiguo legislador bajo el nombre de Yima, y Zoroastro, al fundar una religión nueva, apela a ese predecesor como al primer hombre a quien habló Ormuzd, el Dios vivo, como Jesucristo apeló a Moisés. — El poeta persa Firdousi llama a ese mismo legislador Djem, el conquistador de los Negros —. En la epopeya india, en el Rámáyana, él aparece con el nombre de Rama, vestido de rey indio, rodeado de los esplendores de una civilización avanzada; pero conserva sus dos caracteres distintos de conquistador, renovador e iniciado. —

En las tradiciones egipcias la época de Rama es designada por el reino de Osiris, el señor de la luz, que precede al reino de Isis, la reina de los misterios —. En Grecia, en fin, el antiguo héroe semidiós era honrado bajo el nombre de Dionisos, que viene del sánscrito Deva Nahousha, el divino renovador. Orfeo dio ese nombre a la Inteligencia divina y el poeta Nonnus cantó la conquista de la India por Dionisos, según se contiene en las tradiciones de Eleusis.

Como los radios de un mismo círculo, todas esas tradiciones designan un centro común. Siguiendo su dirección, se puede llegar a él. Entonces por encima de los Vedas, sobre el Irán de Zoroastro, en el alba crepuscular de la raza blanca se ve salir de los bosques de la antigua Escitia al primer creador de la religión aria, ceñido con su doble tiara de conquistador y de iniciado, llevando en su mano el fuego místico, el fuego sagrado que iluminará a todas las razas. A Fabre d’Olivet pertenece el honor de haber encontrado ese personaje y de trazar la vía luminosa que a él conduce. 

Esta foto tomada en Marte ... ¿ es de una Iguana ?

La foto de una iguana fosilizada en Marte es de las últimas imagenes con polémica del planeta rojo.

La imagen fue sacada de una de las fotos del archivo de la NASA realizadas por el Curiosity, la imagen con la anomalía fue publicada en la página web "UFO Sightings Daily", un sitio que es famoso por el análisis de las fotos de la NASA y la búsqueda de este tipo de anomalías en las imagenes.

Por muchos se trata de otra pareidolia de una piedra con una apariencia peculiar, aunque otros han encontrado todo tipo de teorías como por ejemplo, que se podría tratar de un experimento secreto de la NASA, soltar animales sobre la superficie marciana para ver cuando eran capaces de sobrevivir en un entorno hostil como el marciano.




Pareidolia es el efecto que hace que la mente perciba estímulos al ver una imagen y se relacionan con diferentes formas reconocibles. Este tipo de imagenes se han podido apreciar en diferentes fotos espaciales.

Como ejemplo en Mercurio se descubrió la pareidolia en una imagen en la que se podía visualizar Mickey Mouse, en fotos de Marte han aparecido diferentes objetos como un casco nazi, una pieza metálica, entre otros los cuales a pesar de tener un gran volumen de interés en la red de Internet han quedado olvidados como una pareidolia o curiosidad sin terminar de ser aclarado por parte de las agencias espaciales oficiales.

Hoy día cualquiera puede exponer sus teorías en la Internet, no le vamos a dar más vueltas y si quieren pueden dar su opinión o teoría debajo de este artículo sobre una iguana en Marte, la foto de arriba del post no deja lugar a dudas y la similitud de la piedra con el animal terrestre conocido como iguana es bastante clara. ¿Un fósil de iguana en Marte?

lunes, 17 de septiembre de 2018

Eunate: el Misterio Olvidado

Resultado de imagen de Eunate






A pocos kilómetros de Puente la Reina, en el valle de Ilzarbe, se encuentra uno de los monumentos más importantes del románico peninsular. Aislada en el campo se alza la ermita de Eunate.

El edificio es uno de los puntos clave del Camino de Santiago, dada su proximidad a Puente la Reina, donde confluyen los distintos caminos que, desde Somport y Roncesvalles, llegan a la localidad navarra para transformarse en uno solo que discurre hasta Santiago de Galicia. El templo, románico del siglo XII, encierra todavía el misterio indescifrado de su origen.




Frente a su catalogación como capilla funeraria, se alzan las voces de los que pretenden para Eunate una génesis templaria, dando a su arquitectura una simbología esotérica. Eunate, las “Cien Puertas”, pertenece, tal vez, a uno de esos lugares iniciáticos que centran las especulaciones de todo tipo de investigadores. Arte, Historia y Simbología se dan cita en esta capilla arropando el misterio de lo desconocido.

Antes de comenzar su estudio, haremos un recorrido por su entorno histórico, artístico y simbólico.

El Camino de Santiago

La ruta iniciática y de peregrinación más importante de Occidente es el Camino de Santiago. El descubrimiento de la tumba del Apóstol en el siglo IX, da lugar al nacimiento de una vía de comunicación espiritual y cultural que atraviesa Europa hasta Compostela. Parece ser que hacia el año 813, el monje Pelagio descubre el sepulcro, autentificado después por Teodomiro, obispo de Iria Flavia.

Resultado de imagen de EunateInmediatamente se pone al día la leyenda que hace a Santiago eva,ngelizador de España y al que sus discípulos transportan hasta las costas de Galicia tras ser decapitado en Jerusalén por Herodes. Pero el gran propagador y difusor del Camino y el culto al Apóstol es el obispo Diego Gelmírez, que traslada la sede a Compostela y la transforma en arzobispado. Se construye la catedral románica y se crea una auténtica mitología en torno al Camino.

Tradicionalmente, el Camino tiene sus cabeceras en Francia, en las ciudades de París, Vezelay, Le Puy y Arlés. En ellas comienzan los caminos franceses que convergen en Puente la Reina, en Navarra. Pero el Camino no es sólo una ruta de tránsito. En su entorno, y auspiciados por los monjes de Cluny, se van creando hospitales para peregrinos, iglesias, ermitas, catedrales y castillos. Los maestros constructores labran las piedras del Camino, construyen templos y dejan sus marcas en los sillares de las iglesias.

Los capiteles de los templos reflejan toda la espiritualidad de la Edad Media y también la simbología alquímica y transmutadora del espíritu. En el siglo XII, el clérigo A ymeric Picaud escribe el “liber Sancti Jacobi”, llamado también “Codex Calixtinus” que, entre otras cosas, constituye una auténtica guía turística de la Ruta Jacobea.

El Camino se convierte en la más maravillosa universidad itinerante de la Edad Media: literatura, arte, historia, mística… todo el saber medieval se da cita en el Camino. En él tiene lugar el cultivo del románico y el gótico que tratan de sublimar el espíritu de los peregri­nos a través de la arquitectura: la mística convertida en piedra.

Pero junto a los templos que transmiten los conocimientos de esta universidad itinerante, aparecen las granjas, las encomiendas, los castillos… y en ellos se asientan las Ordenes Militares que vigilan el Camino. A su sombra, las Hermandades de Constructores se amparan en las exenciones que disfrutan las Ordenes para transmitir su mensaje en piedra; por eso las iglesias y ermitas no son solamente lugares de culto. De entre las Ordenes Militares establecidas en el Camino destaca por su im­portancia la Orden del Temple.

Origen de la Orden del Temple

El año 1118, nueve caballeros franceses mandados por Hugo de Pyns, hacen votos ante el patriarca de Jerusalén y se constituyen en comunidad para defender los caminos que conducen a la Ciudad Santa y proteger a los peregrinos que viajan a visitar el Santo Sepulcro.

En 1128 se reúne el Concilio de Troyes presidido por Mateo, obispo de Albania, en el que los caballeros se organizan como Orden Militar y Religiosa y se les dota de una Regla redélctada por San Bernardo de Claraval, sobrino de Andrés de Montbard, uno de los compañeros de Hugo de Payns. El rey Balduino II y los canónigos del Santo Sepulcro les ceden como residencia parte del antiguo templo de Salomón” del que tomarán el nombre de Templarios.

Hugo de Payns, primer Gran Maestre de la Orden, recorre Europa y regresa a Jerusalén con 300 caballeros reclutados entre las familias nobles de Occidente. A partir de entonces comenzará el auge de la Orden que llegará a poseer más de 900 casas y 20.000 miembros. Sometidos a una dura y rigurosa disciplina monástica y pese a estarles prohibidos los bienes personales, los Templarios acumularán a lo largo de dos siglos enormes fortunas y grandes posesiones, fruto de numerosas donaciones y conquistas militares.

Mientras en Oriente los caballeros Templarios, junto con Hospitalarios y Teutónicos, constituyeron el brazo armado de la cristiandad en su lucha contra los árabes, en Occidente desarrollaron una labor eminentemente civilizadora, impulsando el gótico, intensificándolos sistemas de producción en sus granjas y encomiendas, poniendo en juego comercial la letra de cambio, siendo ban­queros de reyes y grandes señores y todo ello sin descuidar la lucha que mantenían en España contra la dominación árabe.

Templarios en Navarra

Muy pronto hubo Templarios en España, pues, según Garibay, en 1129 ya estaban asentados en Castilla, y la península se dividió en dos provincias para la Orden: Portugal-León-Castilla y Aragón-Cataluña. Los Templarios intervinieron activamente con los reyes cristianos en la reconquista de los territorios ocupados por los moros.

De esta forma, la Orden se sitúa en castillos como Grañera y Monzón y colabora en la conquista de Valencia, Sevilla y Mallorca, participando en hechos de armas tan importantes como la batalla de las Navas de Tolosa. Las donaciones lIueven sobre la Orden y en el Camino de Santiago, a las puertas de Galicia, dísponen de uno de sus más importantes castillos: Ponferrada.




En Navarra sucede un hecho de suma importancia y que da medida de la fama y prestigio de la Orden entre los reyes cristianos. En 1131, Alfonso el Batallador otorga testamento en el cerco de Bayona, teniendo efecto tres años más tarde al morir el rey en la batalla de Fraga. Por este testamento, don Alfonso divide su reino entre las Ordenes de Hospitalarios, Sepulcristas y Templarios, cediendo también a éstos su caballo y sus armas.

Naturalmente, la Orden no entró nunca en posesión del legado testamental pero recibió a cambio posesiones y encomiendas. Sancho el Sabio de Navarra concedió a los Templarios los terrenos de Fontellas y el monasterio y hospital de Ribaforada y en 1171 les donó la villa de Aberin, cerca de Estella, donde tuvieron importante encomienda. También es de señalar un privilegio de García VI de Navarra dado en 1149 en Tudela, el año en que conquistó Tauste, concediendo a los Templarios exención de lezda y portazgo en todo su reino.

Pero fue en Puente la Reina, núcleo del Camino de Santiago, donde los Templarios poseyeron su casa central y donde residía el prior de toda Navarra. En esta villa, famosa por el puente mandado construir tal vez por Doña Mayor para el paso de los peregrinos, tuvieron los Templarios el Convento y Hospital del Crucifijo, fundado por el rey García Ramírez en 1142.

Se trata de una capilla de una nave con ábside semicircular y portada ojival con motivos vegetales y animados en las arquivoltas que algunos interpretan como símbolos de la muerte iniciática y la inmortalidad. Pese a la importancia y poder que tuvieron los Templarios en España, cuando la Orden fue suprimida por el papa Clemente V a instigación del rey de Francia Felipe el Hermoso tras el indigno proceso a que fueron sometidos, sus bienes en Navarra fueron cedidos por el rey Luis Hutin, hijo de Felipe el Hermoso, a la Orden del Hospitál de Jerusalén.

Maestros, Compañeros y Símbolos

Principalmente entre los siglos XI y XIV tiene lugar el auge del románico y el gótico. Ambos estilos son sagrados, pero no basta con ver en los monumentos solamente la belleza formal del edificio. El arte de los Maestros de obras no era un arte gratuito: la bóveda, los pilares, los nervios que se entrecruzan, los arcos, todos los elementos arquitectónicos tienen una significación. Jambas, arquivoltas y capiteles, tímpanos, arbotantes, contrafuertes, pináculos… todos están orien­tados para hacer del templo románico o gótico una estructura única y original.

El templo es la armonía, la fuerza mística que por medio de la arquitectura transformará el espíritu del creyente produciendo el accésit divino. Nada es gratuito en el Arte Sagrado. Las esculturas y relieves de arquivoltas y capiteles transmiten una espiritualidad constante y también un conocimiento por medio del simbolismo.

Las Hermandades de Constructores poseen el conocimiento de la arquitectura simbólica y lo transmiten en la piedra. Las marcas de cantería guardan aún el secreto de las Hermandades que recorrieron el Camino de Santiago v deiaron sus huellas en los monumentos que construyeron.

La Astrología, la Al­quimia y la Mística están representadas en capiteles, tímpanos y relieves de los templos románicos y góticos. Protegidos por Cluny, el Císter y, posiblemente, el Temple, los Maestros de obras labran un conocimiento iniciático en la piedra de las iglesias a base de símbolos, donde los monstruos, animales y plantas tienen un significado específico que los adeptos deben saber identificar y descifrar.

Artículo: EL ENIGMA DE EUNATE – Miguel A. Martínez Artola – Mundo Desconocido, nº 65, Nov.1981. Al autor y revista pertenecen los derechos de autor del texto. 


“Que la tierra se vaya haciendo camino ante tus pasos, que el viento sople siempre a tus espaldas, que el sol brille cálido sobre tu cara, que la lluvia caiga suavemente sobre tus campos y, hasta tanto volvamos a encontrarnos, que Dios te guarde en la palma de sus manos”

Uno de los templos más enigmáticos y sugerentes de todo el camino de Santiago se encuentra en mitad de una campiña de Navarra, cerca de la localidad de Puente la Reina. Conocido por todos los que se han sentido atraídos por los misterios templarios, es mucho más lo que nos queda por conocer que aquello que podemos dar por seguro.

Probablemente por esa ausencia de noticias, de documentos, de teorías probadas, Eunate es un hervidero de hipótesis, muchas de ellas aventuradas y excéntricas, que tratan de hacer de esta iglesia nuestro particular Templo de Salomón. Entre lo poco que podemos dar por seguro, es clara la influencia de la cúpula de la Roca de Jerusalén en su planta.

Ocho lados irregulares delimitan una nave pequeña, de estilo románico, rodeada de una original arcada de idénticos lados. Las órdenes de caballería trajeron consigo de la Cruzadas nuevas ideas artísticas y nuevos modos culturales a la vieja Europa, cargados de una simbología más profunda y rica. El ocho está ligado al renacimiento, a la resurrección, pero también a los tiempos cíclicos y a infinitud de Dios; en el Cristianismo son frecuentes las pilas bautismales de ocho lados, y este es precisamente el mismo sentido que adquiere en las arcadas Eunate.

El recinto interior del claustro exento fue utilizado como cementerio desde los mismos inicios de su construcción, allá por el siglo XII, y muchos son los peregrinos que descansan aquí eternamente. Pero también ocho son las puntas de la estrella asociada a la Diosa Madre, y es un número asociado igualmente al agua y a lo femenino, lo que justifica igualmente que sea la Virgen la protagonista en el interior (Santa María).

Resultado de imagen de EunateTodo en Eunate es medida, proporción y símbolo. Nunca sabremos con certeza qué fue lo que llevó a los pobres caballeros de Cristo a elegir este lugar, donde nunca hubo poblado ni villa.

Se ha apuntado que pudo funcionar como capilla funeraria, existiendo una linterna de los muertos” en lugar de la actual espadaña, donde una llama estaría permanente encendida para velar por el alma de los difuntos.

Más difícil resulta creer que dicha llama orientara a los peregrinos por la noche, pues si ya entonces los peligros eran ingentes por el día, al caer el sol sería demasiado temerario seguir caminando.

El exterior del templo está ricamente decorado; sorprenden especialmente las máscaras, los monstruos, rostros barbudos, serpientes….En la portada norte, una columna luce en su capitel un diabólico rostro con barbas en forma de espiral que ha sido identificado como un baphomet (observadlo al revés)




En el proceso que acabó con la orden templaria en 1312 se acusó a varios freires de adorar una especie de cabeza o ídolo llamado baphomet en sus rituales secretos; ríos de tinta se han escrito acerca de esta figura, que para muchos sería una representación idolátrica: “…una figura de macho cabrío, sentado en un trono y con una antorcha encendida entre los cuernos; en la frente el signo del Pentagrama, que es la estrella de cinco puntos; con la mano hace la señal del ocultismo…”

Otra figura de la misma portada parece representar un caballero templario, con el hábito característico y una cruz patriarcal en el tronco; a sus pies, una cabeza monstruosa parece aludir a las tentaciones aplastadas por la virtud de estos valerosos hombres.

3Y por todas partes, cientos de marcas de cantería llenan los muros, señales de los compañeros constructores. Algunas de ellas, como la que parece un sombrero de cocinero, o la que se asemeja a una cruz con estandartes, sólo se han localizado en otros enclaves del Temple.

Imagen relacionadaEn el interior nos sorprende la oscuridad y la sacralidad que se respira, que invita a la instrospección y la meditación. El ábside central es la parte más antigua, y donde se encuentra la imagen actual de Nuestra Señora (la original románica se perdió).

Mirando hacia arriba descubrimos la cúpula octogonal, y entre los nervios pequeños lucernarios que tamizan la luz solar de una forma original.

Si el viajero agrupa los óculos poligonales por su forma, descubrirá dos cruces patadas en la planta de la iglesia; otro juego esotérico, nos dice que la diferente longitud de los lados del Temple responde a un plan de orientación astronómica de constelaciones del cielo, o incluso algunos apuntan que señalan la dirección de otros enclaves templarios…. Eunate, que en euskera significa “100 puertas”, alimentará la imaginación de peregrinos y curiosos que se dejen llevar por su profundo contenido simbólico y trascendente, hasta el final de los tiempos.

Alfredo Orte Sánchez ©


En el capitulo “HISTORIA” me he dedicado a exponer las distintas hipótesis que desde el punto de vista de la “ciencia académica”, se barajan a cerca del origen y finalidad de Eunate. También he citado los argumentos con los que rechazan las hipótesis que afirman su origen templario: falta de noticias históricas o documentales; y su conclusión: se fundamenta exclusivamente en la similitud de su planta octogonal con la del Santo Sepulcro de Jerusalén. Pues bien, en este capítulo voy a profundizar en esta hipótesis, que como vais a poder comprobar tiene más fundamento del que se deduce de la excesiva simplificación que acabamos de leer.

En primer lugar vamos a analizar esta “falta de noticias históricas o documentales“. Este es un hecho cierto, pero no excluyente. Incluso puede considerarse como un argumento favorable a esta hipótesis, ya que la ausencia de documentación en la que se mencione a Eunate – el primerdocumento es de 1520, casi 400 años después de su construcción – no es lógica y puede relacionarse con lo acaecido tras la prohibición de la Orden en 1312, a raíz de su enfrentamiento con Felipe IV ”el hermoso” rey de Francia, a su vez Felipe I rey de Navarra por su matrimonio con Juana I, reina de Navarra.

Efectivamente, tras la disolución de la Orden del Temple sus posesiones se repartieron entre distintas ordenes e instituciones (en el caso de Eunate, la Cofradía de la Virgen de Eunate posiblemente); y es un hecho comprobado que entre estos nuevos propietarios fue práctica común la destrucción de toda aquella documentación y distintivos que relacionaran estas posesiones con los templarios. De esta manera intentaban evitar posibles reclamaciones en caso de un hipotético resurgimiento de la Orden.

También es cierto que carece de la simbología típica con la que los templarios adornaban sus construcciones, tales como su divisa, su escudo, su cruz esotérica “Tau” o su cruz oficial “Paté”, pero ese primer documento de 1520, que he citado anteriormente, deja abierta la posibilidad de que estos símbolos existieran: “…y tiene diversas cruces en campo colorado en las paredes de la dicha iglesia de la parte de dentro...”.

Ahora analizaremos la conclusión: “se fundamenta exclusivamente en la similitud de su planta octogonal con la del Santo Sepulcro de Jerusalén“. Esta, en lugar de confirmar su razonamiento, demuestra el desconocimiento que del mundo templario poseen los que la han formulado. Desde luego, la planta octogonal de Eunate es uno de los argumentos que nos pueden hacer suponer su origen templario, pero no el único.

Además resulta un hecho probado que en la Europa “cristiana”, la mayoría de las construcciones con planta octogonal eran casi exclusivas de la cultura templaria. Pero se equivocan al relacionarlas con la rotonda del Santo Sepulcro de Jerusalén, pues no es este el origen de las iglesias templarias de planta octogonal, sino la iglesia de la Cúpula de la Roca, también en Jerusalén y de origen musulmán. Construida entre los años 687- 691, por orden del califa Abb-el-Malik, fue donada en 1118 por Balduino, rey de Jerusalén, a la Orden de los Pobres Compañeros de Cristo, que a partir de entonces fueron conocidos como Caballeros del Templo – Temple, en el idioma franco – o templarios. Así pues, el templo de la Cúpula de la Roca se convierte en la madre y decana del resto de las iglesias de los templarios, tras ser consagrada en 1142 bajo el título de “Templo del Señor”.

Pero como he dicho antes, este no es el único argumento para afirmar el origen templario de Eunate. Así, las abundantes marcas de cantero grabadas en sus piedras y visibles por toda la iglesia, aportan más datos. Entre estas marcas se encuentra el “ábacus”, un bastón de mango espiral usado tanto por el “Magister” de los Compañeros Constructores, como por el Gran Maestre del Temple.

Más significativa resulta una segunda marca cruciforme que sólo aparece en otros edificios cuya paternidad templaria está fuera de toda duda: el Castillo-Convento del Temple en Tomar (Portugal), la Iglesia del Temple en Londres y la Rotonda del Santo Sepulcro en Pisa; todos ellos edificios poligonales.

Pero todavía existe una tercera marca que aumenta la posible vinculación de Eunate con los templarios. Se trata de una marca que en el medievo simbolizaba a la torre del juego del ajedrez. Esta marca sólo se repite en la capilla del ya citado Convento de Tomar, en las Iglesias del Temple de Laon y Metz, en Francia, y de nuevo en el Santo Sepulcro templario de Pisa. 

Iglesia templaria de Metz Iglesia templaria de Laon

Las figuras esculpidas en los capiteles también nos acercan a esta hipótesis, pero antes es necesario que os comente algo a cerca de uno de las más famosas misterios de los Templarios : el “Bafomet”. No está claro que se esconde detrás de esta palabra, pero las leyendas nos dicen que tiene “…una figura de macho cabrío, sentado en un trono y con una antorcha encendida entre los cuernos; en la frente el signo del Pentagrama, que es la estrella de cinco puntos; con la mano hace la señal del ocultismo…“. Estas mismas leyendas nos dicen que los Templarios adoraban a este ídolo como si fuese un Dios.

Pues bien, todo parece indicar que las “máscaras” esculpidas en algunos de los capiteles de Eunate son verdaderos “bafomets” templarios. Los más fáciles de identificar se encuentran en la arquería exterior, en los capiteles primero y sexto (ver el capítulo “la Arquería”); sus rostros son demoníacos, con orejas a modo de cuernos sobre el cráneo, mirada penetrante, carrillos hinchados en actitud de soplar y un rictus terrorífico.

Más difíciles de localizar son los que se encuentran en los capiteles ubicados a ambos lados de la portada principal; me estoy refiriendo a los capiteles en los que se ha esculpido una cabeza humana de enormes ojos abiertos, escrutadores y muy expresivos, y de la que parten unas enormes barbas que se enrollan a ambos lados con forma espiral.

Si las miramos un poco ladeados y del revés, quedaremos muy sorprendidos con la imagen que se nos presenta: un macho cabrío con una expresión aterradora, es decir otro “bafomet”.



Aún podremos contemplar dos “bafomets” más, esta vez en la arquivolta exterior que a modo de guardalluvia protege la portada: uno de ellos en la clave (muy deteriorado y de imposible identificación) y el otro, a los pies de una de las figuras del lado izquierdo. Todo parece indicar que esta figura, cerrando su capa con ambas manos, representa a un templario.
Templario sobre Bafomet Capitel: posición normal Capitel: posición invertida

Todavía hay más elementos que nos pueden seguir dando pistas. Ya sabemos que los sectores comprendidos entre los arcos de la bóveda no son iguales, y también sabemos que en ellos se alternan lucernarios octogonales y hexagonales.

Pues bien, si relacionamos los sectores en base al tipo de lucernario, estaremos dibujando dos cruces “Paté” imbricadas, y si a la delimitada por los lucernarios octogonales le añadimos el sector semicircular correspondiente al ábside, la cruz dibujada es del tipo “Paté Anksada”. Aún se dibuja otra cruz, esta vez relacionando los tres sectores de igual medida y lucernario octogonal; el resultado es una cruz “Tau”.
            
Como habréis podido deducir, yo también apuesto por el origen templario de Eunate. Ahora bien, soy mas escéptico con el resto de teorías e interpretaciones que algunos defensores de esta hipótesis plantean, y que expongo a continuación.

Cuando comencé a escribir esta página, creí las teorías “oficiales” a cerca del origen de Eunate, pero al estudiar con más profundidad los argumentos pro-templarios, me di cuenta que no se podía achacar a la casualidad todo lo que he expuesto anteriormente.

Además, al contemplar las fotografías de otras construcciones templarias, los parecidos son evidentes. Observad la fotografía de la iglesia de la Cúpula de la Roca; si eliminamos la cubierta existente entre los muros y la torre central, el resultado final es… Eunate!.

¿Ha llegado el momento del Fin de la Era americana ?

¿EL FIN DE LA ERA AMERICANA?

Hoy tengo el gusto de reseñar el trabajo de un compañero bloguero, Oscar Segura Heros, titulado “¿El fin de la era americana?”, que aparece publicado en la edición de julio-septiembre de 2009 de la revista peruana Qué hacer. 

Segura Heros, padre de la bitácora Real Policy, es periodista y analista de temas de seguridad, derechos humanos y relaciones internacionales.

El ensayo de Segura gira en torno a una pregunta fundamental: ¿son los Estados Unidos tan influyentes como hace veinte años?

La respuesta del autor es un claro y rotundo no. 

Para llegar a esta conclusión el autor se embarca en una análisis directo de los rasgos de la decadencia del poderío de los Estados Unidos.





El primer tema que toca Segura Heros es el militar, subrayando el costo que conlleva elmantenimiento de cientos de bases y miles de soldados alrededor del mundo –tema que examinamos al reseñar el ensayo de Immanuel Wallerstein. 

Mantener su imperio de bases militares le cuesta a los norteamericanos miles de millones de dólares en momentos que su economía está “exhausta”


Los fracasos en Irak y Afganistán también son una muestra clara de los límites crecientes del poderío norteamericano. 

A pesar de su vasta capacidad militar y los miles de soldados desplegados en ambos países, losEstados Unidos no han podido imponerse en sus dos intervenciones más costosas. 

Pero no sólo no han podido imponerse, sino que en el caso afgano parecen avocados a una derrota.

Al tema militar, Segura añade el económico, subrayando la crisis por la que atraviesan los Estados Unidos en la actualidad, la peor desde 1929. 

Según el autor, la quiebra de General Motors es el símbolo más patente de la caída del poderío económico estadounidense y una prueba de que “el lugar de Estados Unidos como potencia económica es más una interrogante que una certeza”. 

Además, la extensión mundial de la crisis económica ha llevado a una revaluación internacional del neoliberalismo defendido por Wall Street casi como una credo. 

Como resultado, la percepción mundial de la economía norteamericana ha sufrido daños severos, generando desconfianza en el capitalismo estadounidense como modelo económico. 

Todo ello, a su vez, socavó, la legitimidad que tradicionalmente había disfrutado Washington para definir la agenda económica mundial.

Los Estados Unidos también parecen estar perdiendo la batalla “del conocimiento y la innovación científica”, dos de los pilares de su superioridad económica y militar. 

De forma muy atinada el autor identifica una de las causas más importantes, pero menos mencionadas, de este problema: la paranoia post 11/9 llevó a la aplicación de restricciones migratorias que cortaron el flujo de cerebros procedentes de otras regiones del planeta. 





Sin los ingenieros, químicos, físicos, matemáticos o biólogos procedentes deAmérica Latina, Pakistán, India, China o Europa del Este que no pudieron o dejaron de emigrar a los Estados Unidos, la nación norteamericana perdió importantísimos recursos que no pueden ser sustituidos por los egresados estadounidenses de un sistema educativo fragmentado, desigual e incapaz de llenar las necesidades de profesionales cualificados de la economía norteamericana. 

(Sobre los problemas de la educación, en los Estados Unidos puede ser consultado el artículo de Paul Krugman que aparece en la edición de la revisa 

Sin permiso del 11 de octubre de 2009.)

Seguras también da en el blanco al señalar que uno de los problemas actuales de los Estados Unidoses su tendencia al encierro. 

En el pasado no tan remoto, el gobierno estadounidense buscaba que otros países se abrieran comercial, cultural y tecnológicamente.

Hoy, víctimas de un creciente conservadurismo, los Estados Unidos optan por cerrarse. Yo añadiría, y a excluirse, pues se han mantenido al margen de esfuerzos y mecanismos internacionales con un amplio apoyo mundial. 

En otras palabras, en temas ambientales, armamentistas y de derecho internacional los Estados Unidos ha tendido a ir contra la corriente en un unilateralismo que ha ayudado muy poco a cambiar la imagen que millones de seres humanos tienen del país.

Segura lanza una crítica que me parece muy pertinente: el poco apoyo que la política exterior estadounidense da a temas sociales. 

Según el autor, los Estados Unidos no asumen “la lucha contra la pobreza y los temas sociales como una prioridad de su política exterior”
Este “error” ha permitido que opciones radicales, autoritarias y antinorteamericanas “ganen espacio y que el discurso democratizador pierda sustento.
” 
Concuerdo con Segura, pero igual me pregunto si la lucha contra la pobreza ha sido una prioridad de lapolítica doméstica del gobierno estadounidense. 

Los ecos liberales de los años 1960 con la Gran Sociedad a la cabeza dejaron de ser hace mucho una prioridad nacional, por qué tendría que ser internacional.

Segura concluye que el futuro de un mundo unipolar con los Estados Unidos a la cabeza es cada vez más remoto. 

Según él, los norteamericanos seguirán ejerciendo un papel importante dado su poderío militar y su influencia política, pero que “intervenir permanentemente fuera de sus fronteras ya no será una prioridad”.

En otras palabras, que el aislacionismo regresará con fuerza a definir la política exterior de los Estados Unidos.

El autor cierra su interesante ensayo advirtiendo a quienes celebran el eventual fin de la hegemonía estadounidense que ésta no producirá necesariamente “un mundo multipolar armonioso”. 

Por el contrario, un mundo libre de la hegemonía estadounidense podría estar dominado por laanarquía, el individualismo estatal y la violencia.





Este corto ensayo analiza de manera clara y directa lo que parece cada vez más evidente: ladecadencia del poderío norteamericano. Su lectura puede resultar de gran utilidad para aquellos interesados en entender las causas y los rasgos de este proceso histórico, cuyas consecuencias están aún por verse.

Talla Sumeria resulta ser un Mapa Estelar de la Antigua Nínive del 3300 AC

LA TABLA SUMERIA de hace 5000 MIL AÑOS resulta ser un Mapa Estelar de la Antigua Nínive, 3300 AC 

Tableta Circular de piedra de fundición , de 140 mm de diámetro (aproximadamente 5.5 pulgadas) , pálido ocre terracota , con el negro de madera soporte de exhibición del museo y la descripción de pergamino.

Resultado de imagen de de hace 5000 años resulta ser un Mapa Estelar

Reproducción de una arcaica mapa estelar o " planisferio " sumeria  recuperado del 650 aC de la biblioteca subterránea del rey Asurbanipal en Nínive , Iraq en el siglo 19. 

Inicialmente se pensaba que era una tableta asiria , pero un análisis informático ha emparejado con el cielo por encima de Mesopotamia en el año 3300 aC y demuestra que es de origen sumerio mucho más antiguo .

La tableta es un " Astrolabio ", el instrumento astronómico más antiguo conocido . Se trata de un mapa de las estrellas segmentado , en forma de disco con las unidades marcadas de medida del ángulo inscrito sobre la llanta. Desafortunadamente partes considerables del planisferio de este tablet faltan (aproximadamente 40 % ) , el daño que data del saqueo de Nínive. 




El reverso de la tableta no está inscrito . Aún está en estudio por los eruditos modernos , el planisferio proporciona pruebas extraordinarias para la existencia de la astronomía sumeria ... y un muy sofisticado astronomía en eso.

ANTECEDENTES:

La tableta representa un círculo dividido por líneas radiales en ocho sectores iguales. 

Las líneas que irradian desde el centro definen ocho sectores estelares de 45 grados cada uno . Figuras de Star se encuentran en seis de estos sectores.

"Los nombres de Dios " se utilizan para indicar Orión y la Vía Láctea , además de los nombres de las estrellas / constelaciones sumerios conocidos. Los ocho sectores incluyen constelaciones representadas además de ser escrito , junto con los nombres de estrella y sus símbolos concomitantes. 

Las secciones intactas muestran texto cuneiforme de nombres particulares las estrellas y constelaciones, así como los puntos y diagramas , como flechas , triángulos , líneas de intersección y de una elipse, que comprenden dibujos esquemáticos de seis estrellas y constelaciones. 

Las constelaciones representadas en cada sector se dibujan como puntos que representan estrellas , conectados por líneas. 

Figuras de las constelaciones son identificables en los seis sectores en buen estado . Las estrellas y las constelaciones que se muestran son identificados como : ( 1 ) Piscis ( 2 ) no se identifica ( 3 ) Sirius ( Flecha ) ( 4 ) Pegaso y Andrómeda ( Campo y Plough ) ( 5 ) no se identifica ( 6 ) Pleiades ( 7 ) Géminis ( 8 ) Hydra , Corvus y Virgo. 

Así, el mapa de las estrellas circular divide el cielo nocturno en ocho sectores e ilustra las constelaciones más prominentes y su dirección de movimiento.

En 2008 dos autores , Alan Bond y Mark Hempsell publicó un libro sobre la tableta llamada " Un Observación Sumeria del evento de impacto los Köfels .

" El aumento de una tormenta en los círculos arqueológicos , volvieron a traducir el texto cuneiforme y afirman la tableta registra un impacto de asteroide antiguo, Impacto de los KFELS ', que golpeó Austria algún momento alrededor de 3100 aC.

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