domingo, 1 de julio de 2018

El otro renacimiento: El Código Miguel Ángel II

Los cuernos del Moisés de Miguel Angel no son producto de un error de traducción de la Biblia

(Collage: Alan Brain)

Para comprender el mensaje que se esconde en los cuernos del Moisés de Miguel Ángel(1475-1564), necesitamos entender lo que sucedía en el mundo de aquel entonces.

Después de siglos de oscurantismo intelectual durante la llamada “Edad Media”(S VI-XIV), Europa se inundó de ideas nuevas. Se rescató el idealismo platónico y se vivió una magnificencia artística nunca antes vista en el viejo continente.

El Renacimiento cultural europeo, en el que vivió Miguel Ángel (S XV-XVI), no solo marcó la apoteosis del arte y de los valores cristianos sino que también fue el momento en el que el mundo redescubrió el pensamiento platónico, los secretos milenarios de las escuelas mistéricas orientales y las antiguas prácticas de magia ritual o ceremonial. Esto es lo que Los Divulgadores denominamos como el “otro renacimiento”.

En aquel entonces, uno podía admirar el maravilloso David de Miguel Ángel en la Piazza de la Signoria de Florencia, visitar la majestuosa catedral de la ciudad con el célebre campanario diseñado por Giotto (1266-1337), deleitarse conversando con Rafael Sanzio (1483-1520) a orillas del rio Arno, o tener la mala suerte de ser acuchillado en una taberna del centro de la ciudad después de haber discutido de política con un miembro de una de las familias de poder.




Pero también podría encontrarse en un callejón oscuro con el curioso Marsilio Ficino (1433-1499) dibujando extraños diagramas en la acera tratando de comunicarse con una entidad del mundo espiritual o vislumbrar, a través de la ventana de su estudio, la figura de Pico della Mirandolla (1463-1494) haciendo enigmáticos cálculos rodeado de textos antiguos a la luz de una vela.

Las prácticas “mágicas” de las primeras civilizaciones, como la caldea o la egipcia, fueron rescatadas en este “otro renacimiento” y alcanzaron eventualmente el nivel de ciencias, aunque el paradigma científico actual no las reconozca como tales.

El renacimiento abrió las puertas al conocimiento mágico que la ciencia había desdeñado.

La gente de ese entonces le acordaba una importancia muy grande a prácticas como: la geomancia que es la interpretación adivinatoria de las formas que dejan determinados objetos al ser arrojados a la tierra; la aeromancia que es la interpretación adivinatoria de las formas vaporosas que se forman en el cielo; la hidromancia que es la técnica para adivinar leyendo el agua; y la piromancia que es la interpretación adivinatoria de las formas de las llamas del fuego.

Este “otro renacimiento” se expandió rápidamente por Europa. Algunos de sus más conspicuos representantes fueron el famoso astrónomo defensor de la pluralidad de los mundos Giordano Bruno (1548-1600), el maestro alquímico Paracelso (1493-1541), el mago de la corte inglesa John Dee (1527-1609), el gran conjurador de demonios y ángeles Cornelio Agrippa (1486-1535), y el conocido clarividente Michel deNostradamus (1503-1566).
Los mecenas de la magia

En el micro cosmos que representaba Florencia dentro de las ciudades estado italianas de la época, la vida pendía de un hilo a causa de las continuas guerras y el arte flotaba como las nubes inundando todos los rincones de la ciudad. En Florencia, a pesar de ser una república, gobernaba la más rica familia italiana de la época: Los Medicis.

El epicentro dónde nació este “otro renacimiento”, que podríamos calificar de mistérico, estuvo justamente localizado en Florencia, en el círculo de artistas y pensadores que frecuentaban a los Medicis.

Conspiradores profesionales, diplomáticos sin igual, amantes del arte, pero sobre todo interesados en rescatar los conocimientos ancestrales de Grecia y de Oriente, los Medicis dejaron su impronta en la romántica ciudad apoyando a muchos de los artistas más talentosos del renacimiento.

Miguel Ángel fue el artista favorito de los Medicis, quienes lo pusieron bajo su protección cuando aún era un adolescente y fue, a través de ellos, que el artista tuvo acceso al conocimiento mistérico.

La ciudad de Florencia en el siglo XVI. Arriba a la izquierda, Cosme de Medicis.

En 1489, a los catorce años, Miguel Ángel entró a estudiar a la Nueva Academia Platónica creada por Cosme de Medici (1389-1464). Los dos años que el pintor pasó en esta institución cambiarían su visión del mundo ya que este era el centro más importante de irradiación cultural de los conocimientos esotéricos y secretos de las escuelas orientales de pensamiento.

Este “otro renacimiento”, aquel que realmente nos interesa, había comenzado, cincuenta años atrás, en 1439, cuando llegó a Florencia un enigmático anciano llamado Gemisto Pletón (1355-1452). En ese entonces, el patriarca y líder de los Medicis era Cosme de Medicis. De la amistad que nacería entre estos dos hombres surgiría este “otro renacimiento”.
La segunda llegada de Platón

Gemisto Pletón era originario de Bizancio, una ciudad que guardaba preciosas reliquias católicas y textos filosóficos desconocidos para Occidente. Pletón había escrito un libro titulado “Sumario de las doctrinas de Zoroastro y Platón” en el que detallaba su interpretación de las enseñanzas de Platón, sus eclécticas creencias politeístas y su teoría de la eterna reencarnación. Había sido instruido en la filosofía neoplatónica que se remontaba a los primeros padres de la Iglesia Católica, Orígenes y Clemente, a quienes el clero romano había discriminado porque sus ideas admitían el concepto de la reencarnación del alma.

Gemisto Pletón fue quien reintrodujo a Platón en el pensamiento occidental. Es más, ya de avanzada edad, decidió cambiar su nombre original por el de “Pletón” para asemejarse al legendario filósofo griego.

Gemisto Pletón, el hombre que desencandenó el “otro renacimiento”. 

(Collage: Alan Brain)

Hay que tener en cuenta que, hasta ese momento, la filosofía imperante en Occidente era esencialmente aristotélica. Pletón resucitó el idealismo platónico y esto fue lo que liberó las fuerzas que originaron el “otro renacimiento”.

Desafortunadamente, el realismo aristotélico se convirtió con los años en la base del paradigma científico actual, mientras que el idealismo platónico quedó relegado como una corriente de pensamiento buena para ser enseñada en las universidades pero sin una aplicación práctica.




El mundo material de lo que se ve y se puede comprobar triunfó sobre el mundo etéreo de lo que no se puede comprobar pero se intuye. La materia venció a la mente. Los Divulgadores nos reconocemos en el idealismo platónico y esperamos que finalmente la humanidad se encamine hacia un futuro espiritual construido sobre la base de que la materia es una creación de la mente y no al revés.

Volviendo a nuestra historia.

Alrededor del año 1439, basándose en su singular sabiduría, que también incluía las enseñanzas de los filósofos místicos alejandrinos, Pletón empezó a dar discursos clandestinos por toda Florencia. En uno de estos encuentros, conoció a Cosme de Medicis, quien se volvió un asiduo concurrente a las charlas de Pletón.

Pletón le enseñó a Cosme que existía una cadena de conocimientos universales pero secretos que se remontaban más allá de Platón, Hermes Trimegisto y los oráculos caldeos; y que se podían lograr encuentros personales con los dioses a través de ceremonias y cánticos rituales.

Probablemente no pasó mucho tiempo antes de que Pletón y Cosme se percataran de los intereses comunes que los unían y la manera como podían complementarse. El anciano de Bizancio había traído consigo, poniendo en riesgo su vida, una serie de textos perdidos de Platón, textos neoplatónicos y algunos textos esotéricos que databan del Egipto de la época de las pirámides.

El mago, médico, traductor y filósofo Marsilio Ficino, primer director de la “Academia Florentina”. 

(Collage: Alan Brain)

Cosme compró todos los textos que había traído Pletón y contrató los servicios del joven Marsilio Ficino (1433-1499) para que los tradujese al Latín. Ficino era hijo del médico de cabecera de Los Medici y había demostrado un asombroso talento para la traducción.

Según relatan Benjamín Blech y Roy Doliner en su libro “Los Secretos Sixtinos”, Cosme de Medicis había pagado una fortuna para que le trajeran de contrabando, a espaldas de la Iglesia Católica, el “Corpus Hermeticus” de Hermes Trimegisto y otros textos platónicos.

Gracias a la caída de Constantinopla a manos de los Turcos en 1453, Cosme siguió enriqueciendo su biblioteca con textos que habían escapado al saqueo de la ciudad. Sus esfuerzos lograrían convertir la biblioteca de los Medicis en una de las más importantes del mundo.

Tal fue el renombre que adquirió Gemisto Pletón que Marsilio Ficino lo denominó el nuevo “Platón”, y uno de sus discípulos, el cardenal Basilios Bessarión (1403-1472), sostuvo que el alma de Platón había ocupado el cuerpo de Pletón.

La Academia Platónica de Florencia

Alrededor del año 1460, todo el movimiento cultural que se había gestado en torno a Gemisto Pletón y Cosme de Medicis se plasmó en la llamada “Academia Florentina”, que pretendía ser una nueva versión de la antigua academia platónica conocida como la ”Escuela de Atenas”.

El elegido para dirigir la academia fue Marsilio Ficino, que había desarrollado su propia filosofía basada en los textos platónicos y orientales que habían llegado a la corte de los Medicis y era un connotado practicante de la magia astrológica. En esta academia, Ficino enseñaba que era posible armonizar el misticismo hebreo, la filosofía griega y la doctrina católica. Entre sus miembros más importantes se encontraban: Pico della Mirandolla (1463-1494), Poliziano (1454-1494) y Cristóforo Landino (1424-1498).

La villa de Careggi, sede de la “Academia Florentina”. Abajo derecha, medalla con la efigie de Cosme de Medicis.

La filosofía de Marsilio Ficino trataba de explicar que el universo o cosmos tiene un espíritu con las mismas propiedades que el alma que habita en cada ser humano.

“Habrán algunos hombres, supersticiosos y ciegos, que ven la vida hasta en los animales menos desarrollados y la plantas más simples pero que no ven vida en los cielos o en el universo en sí mismo…Ahora, si esos pequeños hombres le otorgan vida a las partículas más pequeñas del universo, que locura!, Que no sepan ni que el universo en que vivimos y nos movemos, y en el que mora nuestro ser, tiene vida en sí mismo, y ni que deseen que sea así.”( De vita libri tres o Tres libros sobre la vida.Marsilio Ficino, 1489)

Ficino iba aún más allá en sus afirmaciones al proponer que los planetas influenciaban la vida cotidiana del ser humano, en todos sus niveles.

“Siempre recuerden que hasta un determinado efecto y búsqueda de nuestras mentes, y a través de la verdadera naturaleza de nuestro espíritu, podemos ser fácil y rápidamente expuestos a esos planetas que representan el mismo efecto, naturaleza y búsqueda. Por consiguiente, si nos sustraemos de los asuntos de los asuntos mundanos, a través del ocio, de la soledad, de la constancia, de la teología, de la filosofía esotérica, de la superstición, de la magia, de la agricultura y la melancolía, entramos bajo la influencia de Saturno.

Con las ocupaciones cívicas entramos en la influencia de Júpiter; con la cólera y la disputa entramos bajo la influencia de Marte; con la búsqueda de la elocuencia, de la música, de la verdad, de la gloria, y de la habilidad entramos bajo la influencia del Sol….Esta es la regla común a la especie humana.” ( De vita libri tres o Tres libros sobre la vida. Marsilio Ficino, 1489)

Para Ficino, el poder del espíritu del cosmos podía influir en los seres humanos si sabíamos como conectarnos con él. En otras palabras, el hombre era capaz de comulgar con lo verdaderamente divino sin la intermediación de la Iglesia Católica. Como podemos suponer, esto le trajo serios problemas.

“La Consagración de la Primavera” por el pintor iniciado en las tradiciones mistéricas, Sandro Boticcelli.

Si bien Ficino fue uno de los pensadores más conocidos de su época, hubo muchos otros que no solo comulgaron con sus ideas sino que bebieron de otras tradiciones mistéricas y llevaron esta cosmovisión a otros niveles.




En 1484, Marsilio Ficino publicó su traducción de las obras de completas de Platón en latín. Cinco años después, Ficino sería acusado de magia por la Iglesia Católica y se salvaría por poco de ser condenado como hereje.

Algunos estudiosos ven la influencia de las ideas Ficino en el cuadro “La Primavera” de Botticelli (1445-1510), estos afirman que el cuadro ilustra el proceso primigenio de creación de la materia en función de las sucesivas emanaciones de las esferas planetarias procedentes del espíritu del universo. Como Boticelli, otros artistas del renacimiento nos dejaron pistas de este conocimiento alternativo en varias de sus obras.

La nueva academia platónica de Florencia funcionó por casi treinta años, desde el 1460 hasta la muerte de Lorenzo de Medicis en el año 1492. Miguel Ángel tuvo la suerte de estudiar en esta academia durante dos años en los que enriqueció su pensamiento y su arte basándose en esta nueva cosmovisión.

Si bien fue Cosme de Medicis quien sembró la semilla de la que florecerían las corrientes de pensamiento del “otro renacimiento”, es Lorenzo de Medicis quien establecería la relación entre los Medicis y Miguel Ángel.
El Jardín de San Marcos

Cosme de Medici falleció en el año 1464 y luego de un corto periodo, en el que los asuntos familiares fueron dirigidos por su hijo Piero, su nieto Lorenzo, que pasaría a la historia como Lorenzo “El Magnífico”, tomó a su cargo los asuntos financieros de la familia y el mecenazgo artístico que había iniciado su abuelo, incluyendo la “Academia Florentina”.

Detalle de “Lorenzo de Medicis” por Giorgio Vasari, quien escribió la biografía de varios pintores del renacimiento, incluído Miguel Angel Buonarroti.

Cuando Lorenzo se hizo cargo de los asuntos de los Medicis, la semilla que Cosme de Medicis había sembrado en el ambiente intelectual florentino de comienzos del siglo XV estaba en pleno apogeo y el conocimiento esotérico se respiraba en todos los ámbitos intelectuales de la ciudad.

Lorenzo de Medicis, con el ímpetu de su juventud, continuó la obra iniciada por su abuelo Cosme y, gracias a su habilidad como diplomático, la hizo trascender las fronteras de la península italiana.

En 1489, Miguel Ángel era un prometedor aprendiz de pintura en el taller del reputado maestro de pintura, Ghirlandaio. En ese entonces, era práctica común entre las familias más poderosas, visitar los talleres artísticos de la ciudad en busca de jóvenes talentos a quienes tomar bajo su protección. Estos, una vez terminada su formación, podrían trabajar para la familia e inmortalizarla a través de sus obras de arte.

Miguel Ángel fue presentado a Lorenzo de Medicis por Ghirlandaio como uno de sus más talentosos discípulos. Desde ese momento, el joven artista, con solo catorce años, inició su relación con la familia Medicis y empezó a frecuentar la “Academia Florentina”.

Los pensadores que influenciaron a Miguel Ángel durante sus años de formación en el palacio Medicis y en la “Academia Florentina” fueron Marsilio Ficino y el reconocido filósofo Conde Giovanni Picco della Mirandolla. Este último, era un respetado estudioso de la Kabbalah mística hebrea y de la filosofía mistérica de Zoroastro.

Pico della Mirandolla, a los 23 años, declaró tener 900 tesis sobre magia. filosofía y religión y retó a quien se atreviera a debatirlas. (Collage: Alan Brain)

La efervescencia que existía en Italia por las ideas mistéricas de Oriente queda en evidencia en una de las cartas de Pico a su amigo Marsilio Ficino:

“…después de haber estudiado el hebreo día y noche durante un mes, me metí de llenó al árabe y al caldeo, habiendo sido como obligado, por algunos libros que, gracias a la divina providencia, cayeron en mis manos. Son libros Caldeos….d’Edras, de Zoroastro y de Melchior, son oráculos de magos en los que se encuentra una interpretación, breve y árida pero llena de misterio, de la filosofía Caldea …” (Carta de Pico della Mirandolla a Marsilio Ficino. Perugia, 1486)

Es importante señalar que la mayoría de los pensadores del “otro renacimiento” tenían una formación católica, sin llegar a ser dogmáticos, y pretendían crear un sincretismo entre la visión idealista de Platón, la teología católica y las enseñanzas esotéricas de escuelas orientales como la persa, la caldea y la egipcia.

Regresando a Miguel Ángel.

Lorenzo y el artista desarrollaron una relación tan cercana que, rápidamente, el pintor florentino se convirtió en el protegido de los Medicis. El célebre escultor no solo ocupó un lugar privilegiado entre los artistas que frecuentaban la corte de los Medicis sino que fue el encargado de diseñar la biblioteca de la familia, aparte de realizar varias esculturas para sus tumbas.

Lorenzo poseía una envidiable colección de esculturas de diferentes estilos y épocas, que fueron acumulándose en el jardín de una de sus propiedades, más conocido como el “Jardín de San Marcos”. Allí, espontáneamente, nació y se desarrolló una escuela de escultura para jóvenes artistas.

“El alquimista en busca de la piedra filosofal encuentra el fósforo”, cuadro de Joseph Wright of Derby (1734-97)

Sin embargo, lo que sucedía en el “Jardín De San Marcos” no estaba relacionado exclusivamente con la escultura. Este era un lugar de encuentro para filósofos, poetas, escritores, artistas e intelectuales dónde discutían sobre los conceptos que habían invadido la ciudad desde la llegada de Gemisto Pletón y que se enseñaban en la “Academia Florentina”.

Probablemente, allí se discutiría sobre: la visión platónica del mundo, el concepto de un espíritu del universo que puede influenciar y comunicarse con los seres humanos, la existencia de un mundo invisible de entidades espirituales con las que se puede interactuar a través de rituales mágicos, la influencia del movimiento de los planetas en la vida cotidiana, la creación de mezclas alquímicas que pueden transformar a la materia, la reencarnación sucesiva del alma, fórmulas matemáticas complejas para interpretar textos antiguos y técnicas avanzadas de construcción que intentaban reflejar el tramado de la arquitectura del universo.




Miguel Ángel fue uno de los asiduos concurrentes y conspiradores intelectuales del “Jardín De San Marcos”, al igual que Leonardo Da Vinci.

El esoterismo de Miguel Ángel

Esta larga entrega ha pretendido sustentar que el genio florentino fue influenciado tanto por la filosofía y el arte católico como por las tradiciones mistéricas que se enseñaban en la “Academia Florentina” y que se debatían en el “Jardín de San Marcos”.

¿Qué tienen que ver los cuernos del Moisés con lo que aprendió Miguel Ángel durante el “otro renacimiento”?

Moisés estuvo conectado con la gran mente cósmica. (Collage: Alan Brain)

A la luz de lo sostenido en el primer artículo y teniendo en cuenta la ecléctica formación del artista, es imposible que los cuernos del Moisés sean el simple fruto de una mala traducción de la Biblia conocida como la Vulgata Latina.

Solo podemos especular sobre el verdadero significado de los cuernos pero es evidente que el artista quiso dejar un mensaje escondido cuando le colocó un par de protuberancias en forma de cuernos a la estatua del patriarca hebreo.

Entonces, ¿cuál podría ser ese mensaje?

Para Los Divulgadores, los cuernos del Moisés son el rezago de un órgano, que alguna vez tuvimos los seres humanos, conocido en las tradiciones mistéricas como la “linterna de Osiris”. Este órgano le permitía al ser humano estar en contacto con las entidades incorpóreas que habitan el mundo espiritual. Entre esas entidades se contaba también el espíritu del universo o mente cósmica creadora de la que hablaba el filósofo Marsilio Ficino.

Según las mismas fuentes, la humanidad fue perdiendo gradualmente este órgano, que se redujo de tamaño con el paso del tiempo, y terminó convirtiéndose en lo que hoy conocemos como la glándula pineal. Este proceso ha sido representado en la iconografía de las primeras culturas del planeta, a veces de manera realista y otras de manera simbólica.

Según la cosmovisión de las corrientes de pensamiento que inspiraron el “otro renacimiento”, el Dios que le habló a Moisés en la montaña no es el anciano bonachón de barba blanca que siempre está sentado sobre una nube mirando hacia abajo. Para Ficino, Pico della Mirandolla, Miguel Ángel, Leonardo y otros genios del renacimiento, el Dios de Moisés es el espíritu del universo o la gran mente cósmica creadora de la materia que habita en ese mundo invisible y con el que podíamos comunicarnos directamente a través del órgano conocido como “la linterna de Osiris”.

Si bien la evolución de la especie humana redujo a su mínima expresión a la “linterna de Osiris” convirtiéndola en la glándula pineal, un órgano involucrado en una serie de procesos bioquímicos relacionados con las experiencias místicas, el ser humano no perdió totalmente la capacidad de comunicarse con el mundo incorpóreo dónde habita la gran mente cósmica sino que se nos hizo cada vez más difícil.

Cerebro humano con la glándula pineal al centro del círculo verde. (Collage: Alan Brain)

El poco uso que le damos a nuestra glándula pineal, al menos en su función de comunicarnos con los mundos espirituales, y el camino materialista que ha decidido transcurrir la humanidad ha hecho que cada vez se nos haga más difícil activar esta capacidad perdida.

Sin embargo, existen técnicas para despertar las propiedades de esta glándula que son practicadas en muchos rituales chamánicos y, probablemente, en algunas escuelas de iniciación mistérica. Si sabemos como ejercitar y utilizar nuestra mente, la glándula pineal aún puede ser la antena que nos permite comunicarnos con ese mundo invisible.

Moisés, como la mayoría de humanos de su época, ya no tenía la “linterna de Osiris”. Sin embargo, el patriarca del pueblo hebreo había encontrado la forma de utilizar su mente, a través de la glándula pineal, para comunicarse con la gran mente cósmica. Esto fue lo que Miguel Ángel quiso decir al colocar un par de cuernos en la cabeza de la estatua.

Los cuernos del Moisés de Miguel Ángel son una representación simbólica de la “linterna de Osiris” que nos indica que el patriarca hebreo había aprendido a utilizar su glándula pineal, había redescubierto la posibilidad de comunicarse con el mundo incorpóreo y había entrado en contacto con la gran mente cósmica.

En las próximas entregas, desarrollaremos en detalle estos últimos conceptos y mostraremos otros mensajes escondidos en la obra de Miguel Ángel.

Ángel captado por una cámara de Hospital salva de morir a niña

Una niña de 14 años de edad, con antecedentes de problemas de salud graves moría de neumonía en una habitación de hospital, pero a medida que su madre esperaba que la niña tome su último aliento, una imagen de luz brillante apareció en un monitor de seguridad.

 Al cabo de una hora, la niña moribunda comenzó una recuperación que los médicosno pudieron explicar. 

Pero Colleen Banton, la madre de la chica, tiene una explicación. “Esta fue una imagen de un ángel “, dijo a NBC News como figura en un artículo publicado el día de hoy (19 de junio 2013). Ella atribuye que el objetivo de esta aparición era el salvar la vida de su hija Chelsea.

El incidente ocurrió en Charlotte, Carolina del Norte, Chelsea. La niña había nacido con cinco semanas de adelanto y con graves discapacidades de desarrollo, y además había luchado contra agudos problemas de salud durante toda su vida.




Ella es particularmente susceptible a los tipos de neumonía e infecciones las cuales casi logran que cruce la puerta de la muerte.

Colleen Banton, sabía, según instrucciones de los médicos, que su hija no viviría demasiado y que lamentablemente ya no se podía hacer más por salvarla. La madre se encontraba ya resignada ante las afirmaciones de los médicos, cuando de pronto vio la aparición.

Luego de este hecho supuestamente paranormal, pasarían otros dos meses en los que Chelsea mostró una gran mejoría para finalmente abandonar el hospital y volver a casa. Hoy Chelsea está a punto de celebrar su cumpleaños número 15, mientras que su madre está convencida de que su hija se salvó por una intervención divina. 

       


jun 20, 2013

El Código Miguel Ángel I: El Moisés


Michelangelo di Lodovico Buonarroti Simoni, que pasó a la historia como Miguel Angel, nació en el pueblo Caprese, en la región de Toscana.

La famosa novela el “Código Da Vinci” de Dan Brown, nos presentó una ficción histórica en la que algunas obras del genio italiano escondían una atrevida tradición que fue desterrada por la Iglesia Católica. Según la novela, María Magdalena habría tenido un hijo con Jesús y los indicios de esta unión estarían disimulados en el cuadro “La Ultima Cena”. Muchos investigadores han tratado de probar la autenticidad de las especulaciones de Dan Brown pero la impresión general es que se trata de una interpretación antojadiza de la obra de Leonardo.

Pero, ¿qué pasaría si otro de los íconos del Renacimiento, como Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564), sí hubiese escondido deliberadamente mensajes de un conocimiento secreto en varias de sus obras?

En esta serie de entregas, vamos a emprender un viaje iniciático que nos llevará por un laberinto de sectas milenarias, de símbolos mágicos, de personajes misteriosos, de textos perdidos y de claves esotéricas ocultas en el mismo seno de la Iglesia Católica.




Se trata de revelar una verdad que desde tiempos inmemoriales ha sido preservada y es conocida por los iniciados de las escuelas mistéricas : la mente precedió a la materia en la creación del universo.
Los cuernos del Moisés

Entre dos columnas de mármol de la Basílica de San Pietro in Vincoli, ubicada en Roma, se encuentra una imponente escultura de Moisés, el patriarca bíblico que abrió las aguas del Mar Rojo, realizada por el genio renacentista Miguel Ángel Buonarroti.

Quienes se acercan a la escultura quedan sorprendidos por la hiperreal expresión de furia que Miguel Ángel le supo imprimir a la obra, dándole a la piedra insospechados límites expresivos.



A la izquierda, detalle de la nave central de la Basílica de San Pietro in Vincoli en Roma. A la derecha, el Moisés de Miguel Angel que se encuentra a uno de los lados del altar.

El Moisés de Miguel Ángel tiene una expresión facial y corpórea tan natural que quienes lo observan sostienen que el personaje atrapado en la piedra llega a comunicarles sus emociones y pensamientos. Quizás, esto fue lo que cautivó al padre del psicoanálisis Sigmund Freud (1856-1939) que, en el año 1913, pasó tres semanas observando la estatua con la intención de dilucidar el estado emocional del personaje. Esto posiblemente inspiró su ensayo “El Moisés de Miguel Ángel” (1914):

“..Ninguna estatua ha tenido jamás una impresión más fuerte en mi que esta. Cuantas veces he subido los empinados escalones de la desagradable calle del Corso Cavour hacia la soltaria plaza dónde se encuentra la abandonada iglesia y he tratado de soportar el enfurecido desprecio de la mirada del héroe…como si yo mismo perteneciese a la turba que esta observando.” (“El Moisés de Miguel Ángel”. Sigmund Freud, 1914)

Sin embargo, el Moisés de Miguel Ángel tiene un elemento mucho más importante que ha sido menospreciado por la mayoría de historiadores del arte. La estatua tiene dos protuberancias, en forma de cuernos, que sobresalen a cada lado de la cabeza.

Para la historia tradicional, los cuernos del Moisés son producto de una mala traducción, del hebreo al latín, del pasaje de la Biblia conocida como la Vulgata Latina, que el artista utilizó como inspiración para su obra.

Existe, sin embargo, otra explicación que para Los Divulgadores es mucho más convincente. Los cuernos esconden un mensaje oculto sobre la evolución del hombre y su verdadero potencial espiritual.

Detalle de los controversiales cuernos que el artista esculpió en la cabeza del Moisés.

Una tumba colosal

La escultura tiene aproximadamente dos metros y medio de alto y se encuentra en la tumba del Papa Julio II al interior de la Basílica de San Pietro in Vincoli o San Pedro Encadenado en Roma, dónde, según la Iglesia Católica, se encuentran las cadenas que aprisionaron a San Pedro.

Moisés está sentado sobre una maciza estructura en forma de silla con una mirada que expresa, al mismo tiempo, ira, dolor y desprecio. Su mano derecha protege las tablas de los diez mandamientos y, al mismo tiempo, juega con su larga barba dándole un aire reflexivo al personaje. La mano izquierda, un poco más abajo, descansa sobre su vientre. El torso está orientado hacia la derecha del personaje y su rostro mira hacia el lado opuesto, generando una sensación de dinamismo en la obra.

Originalmente, el rostro del Moisés, pieza fundamental de la obra, miraba hacia el frente. Pero, en 1540, cuando la escultura fue llevada al lugar en el que se encuentra actualmente, Miguel Ángel decidió cambiar la orientación del rostro para que recibiera la luz que ilumina ese rincón de la basílica.

Miguel Ángel, con menos de treinta años de edad, terminó de esculpir alrededor del año 1504 el “David”, que fue entonces considerada la escultura más hermosa jamás realizada. Es así como la fama de Miguel Ángel llegó a oídos del Papa Julio II (1443-1513), quien le encargó que construyera y decorara para él, la tumba más imponente de la historia.

Según los planes trazados por Buonarroti, la tumba del Papa Julio II tendría una estructura de tres pisos adornada con más de treinta estatuas, entre ellas la del Moises, la mayoría de dos a tres metros de alto, y estaría coronada por la imponente figura central del Papa.


Detalle de la reconstrucción frontal y lateral del proyecto arquitectónico original, de 1505, para el mausoleo de Julio II diseñada por Miguel Angel. Nótese, la presencia de Moises en el segundo nivel.




Tomando en cuenta el perfeccionismo de Miguel Ángel, el trabajo necesario para terminar el ambicioso proyecto podría haberle tomado lo que le restaba de vida. Sin embargo, nunca sabremos si el artista realmente pudo haber terminado la monumental tumba puesto que el mismo Papa Julio II le pidió que detuviera los trabajos y se dedicase a pintar el techo de la Capilla Sixtina.

Luego de la muerte del Papa Julio II en 1513, sus herederos presionaron a Miguel Ángel para que acabase la tumba. Ante el apremio, el escultor tuvo que reducir de manera considerable su proyecto original y logró terminar la obra alrededor del año 1515.
Un extraño Moisés

La historia nos cuenta que Miguel Ángel le puso cuernos a la cabeza del Moisés porque el artista estaba tratando de retratar el momento en el que Moisés baja “resplandeciente” de la montaña con las tablas de los diez mandamientos. Según esta versión, los cuernos son un error de traducción del hebreo al latín pues el pasaje bíblico, en hebreo, cuenta que cuando Moisés descendió de la montaña tenía el rostro “resplandeciente” o “con cuernos”. La palabra hebrea aceptaba ambas acepciones pero se tradujo como “con cuernos”.

Para que esta explicación tenga sentido, al margen del supuesto error de traducción del hebreo al latín, la escultura de Miguel Ángel debería representar un momento preciso en la historia de Moisés y las tablas de la ley.

Veamos si es así.

A la izquierda, la mirada de furia contenida. A la izquierda abajo, las tablas de la ley vacías; arriba, los polémicos cuernos.

Según el libro del Éxodo, Moisés subió dos veces al Monte Sinaí. En la primera, recibió las tablas de la ley creadas y escritas por Dios. Antes de bajar del monte, Dios le reveló que su pueblo estaba adorando a dioses paganos. Moisés, entonces, bajó enfurecido y ante semejante afrenta a su Dios, estrelló las tablas de piedra contra el monte.

Días después, Dios le pidió a Moisés que subiera al monte una vez más llevando consigo dos piedras lisas en las que iba a escribir de nuevo sus mandamientos. Es en ese momento, después de que Dios escribió por segunda vez las tablas de la ley, cuando Moisés baja del monte “resplandeciente” o “con cuernos” en la cabeza, siempre según la Biblia conocida como la Vulgata Latina que Miguel Ángel utilizó como fuente de información.

Si analizamos con detenimiento los detalles de la narración del Éxodo, nos daremos cuenta que el Moisés de Miguel Ángel no está representado en un momento exacto del relato sino que es una mezcla de tres momentos diferentes:

El primer momento se denota en la expresión de furia de su mirada al observar que su pueblo está adorando a dioses paganos. Esto corresponde a la primera vez que Moisés bajó del Monte Sinaí con las primeras tablas escritas por Dios.

Un segundo momento nos lo indican las piedras lisas, aún sin la escritura de Dios, que lleva en su mano derecha. Esto solo coincide con el tiempo en el que Moisés tiene las piedras lisas, sin escribir, antes de subir por segunda vez al Monte Sinaí.

El tercer momento está expresado en los “cuernos” que tiene el Moisés en la cabeza y que le atribuye la narración, cuando éste baja por segunda vez del Monte Sinaí con las tablas ya escritas.

Vista frontal y lateral del Moisés.

Lo anterior descarta la posibilidad de que Miguel Ángel haya puesto los cuernos como consecuencia de un simple error de traducción ya que el artista no estaba representando un momento exacto en la vida del patriarca sino que quiso plasmar la dimensión espiritual del personaje.

Pero, aún así, tratemos de entender el supuesto error de traducción.
Los cuernos de la Vulgata Latina

En los tiempos en los que Miguel Ángel esculpió el Moisés, a inicio del siglo XVI, laBiblia era de estricto uso eclesiástico. Es decir, solo los miembros del clero tenían una copia que utilizaban para las misas y otros rituales católicos. Esta copia estaba escrita en latín, era conocida como la Vulgata Latina y fue la que utilizó Miguel Ángel.

¿De dónde provenía esta versión de la Biblia conocida como la Vulgata Latina?




A finales del siglo IV, es decir, mil años antes de que Miguel Ángel diera vida al Moisés de mármol, las Biblias que utilizaban las parroquias de las diferentes comunidades católicas para sus misas eran una simple colección de manuscritos que, en la mayoría de los casos, no habían sido revisados para determinar si respondían a la versión correcta del texto.

Por ejemplo, el manuscrito en el que se encontraba el libro del Apocalipsis que poseía la comunidad de Tesalónica tenía un texto diferente al manuscrito que contenía el Apocalipsis que poseía la comunidad de Corinto.

San Jerónimo de Estridón (347-420 d.C.), compilador y traductor de la Vulgata Latina.

El Papa Dámaso I (305-384 d.C.) se percató de esta caótica situación y le encargó a uno de los intelectuales romanos más renombrados de la época, Jerónimo de Estridón (347-420 d.C.), que compilase una versión de la Biblia valiéndose de los mejores y más antiguos manuscritos griegos y hebreos. Esta sería la versión “oficial” que debía ser copiada y distribuida a los obispos y presbíteros de las diferentes iglesias.

Los pasajes en los que se inspiró Miguel Ángel para esculpir el Moisés pertenecen al libro del Éxodo del Antiguo Testamento de la Vulgata Latina. El texto que hace referencia a los “cuernos” de Moisés se encuentra en los versículos 29, 30 y 35 del capítulo 34 del libro del Éxodo. En estos tres versículos, Jerónimo encontró la palabra hebrea “karan”, que puede traducirse como “resplandeciente” o como “con cuernos” y decidió traducirla como “con cuernos” utilizando el latín “cornuta” y “cornutam”.

En nuestras biblias actuales estos tres versículos han sido traducidos de otra manera. Dependiendo de la versión de la Biblia que tengamos, estos tres versículos narran que la piel del rostro de Moisés resplandecía o estaba iluminada.

Para Los Divulgadores, que Jerónimo se haya equivocado o no en la traducción es irrelevante ya que, como acabamos de explicar, Miguel Ángel no estaba representando un momento exacto en la vida de Moisés. Además, el artista tenía acceso a la magnífica Biblioteca de los Medicis donde encontraría muchas versiones diferentes del Antiguo Testamento, era amigo personal del Papa y, como veremos en la siguiente entrega, conocía los secretos de las antigua escuelas mistéricas.


Miguel Angel habría tratado de expresar la dimensión espiritual de Moisés.

Por último, si la Vulgata Latina se había compilado a finales del siglo IV, es decir, más de mil años antes de que Miguel Ángel esculpiera el Moisés, no les parece que es pertinente preguntarse: ¿Por qué nadie le dijo a Miguel Ángel que el tema de los cuernos de Moisés era un asunto controversial? o ¿Miguel Ángel sí estaba al corriente de la controversia y decidió ponérselos por otra razón?

¿Cuál sería entonces esa razón?

“Pero aquí se objetará que, después de todo, este no es el Moisés de la Biblia. Por que Moisés realmente cayó en un ataque de furia y tiró las Tablas y las rompió.

Este Moisés es un hombre muy diferente, un nuevo Moisés de la concepción del artista, por lo que Miguel Ángel debe haber tenido la osadía de enmendar el texto sagrado y de falsificar la naturaleza de este hombre santo.

 ¿Podemos pensar que Miguel Angel fue capaz de una audacia que casi podría decirse que se acerca a un acto de blasfemia?”

 (“El Moisés de Miguel Ángel”. Sigmund Freud, 1914)

Un dato muy importante es que casi 100 años antes que Miguel Angel esculpiese el Moisés, otro extraordinario escultor pre renacentista llamado Donatello ya había esculpido un Moisés, también sentado, pero este no tenía ningún tipo de cuernos en la cabeza. Como hemos visto, la Vulgata Latina se compiló a finales del siglo IV. Es decir, no cabe duda que Donatello la conocía bien. Así que si en realidad Miguel Ángel puso los cuernos al Moisés por culpa del error de traducción de la Vulgata, Donatello habría hecho lo mismo, pero no lo hizo.

El Moisés de Donatello está sentado, como el de Miguel Angel, pero no tiene cuernos.

sábado, 30 de junio de 2018

¿En que momento volverán los “Dioses” de Sumer?

 Mientras los Profetas hebreos estaban prediciendo una época de tinieblas, los otros pueblos esperaban una época marcada por la resolución de los conflictos divinos y por unos tiempos más favorables para la humanidad. Pero tuvieron una terrible sorpresa. 

Anticipándose al gran evento de la nueva llegada de Nibiru, el planeta de los dioses, los sacerdotes de Nínive y Babilonia, que observaban los cielos, empezaron a tomar nota de los fenómenos celestes y a interpretar sus augurios. 

Los fenómenos eran documentados con meticulosidad y los reyes eran debidamente informados. Los arqueólogos han encontrado tablillas con aquellos documentos y reportes en los restos de bibliotecas reales y templos, con textos relativos al tema o al planeta que estaban observando.

Hay una colección de setenta tablillas, titulada “Enuma Anu Enlil”, que informa de observaciones de planetas, estrellas y constelaciones, clasificadas de acuerdo a los caminos celestiales de Anu y de Enlil, y que abarcan los cielos en el hemisferio Norte, desde el paralelo 30º. Inicialmente los arqueólogos interpretaron estas observaciones comparando los fenómenos relatados con datos astronómicos de los tiempos sumerios.




Aunque escritos en acadio, el lenguaje de Babilonia y Asiria, los textos empleaban terminología y matemáticas sumerias y a veces incluían alguna nota del escriba diciendo que habían sido traducidos de tablillas sumerias anteriores.

Estas tablillas sirvieron como manuales de astronomía, explicando, en base a experiencias pasadas, cuál era el augurio basado en un fenómeno, tal como por ejemplo: “cuando la Luna no es vista según lo calculado, habrá una invasión de una poderosa ciudad”; ”cuando un cometa alcanza el recorrido del Sol, disminuirán los flujos del campo y por dos veces habrá tumulto”; “cuando Júpiter y Venus van juntos, las oraciones de la tierra alcanzarán a los dioses”.

Con el transcurso del tiempo se incrementaron los informes de observaciones, acompañados por los propios augurios de los sacerdotes: ‘Por la noche Saturno se acerca a la Luna. Saturno es un planeta del Sol. Este es el significado:

Es favorable al rey’. Un cambio notable era la especial atención que se prestaba a los eclipses. Por ejemplo, una tablilla, que se encuentra en el Museo Británico, y que lista columnas numéricas similares a las de un computador, servía para predecir eclipses lunares con cincuenta años de anticipación.

Estudios actuales han concluido que el cambio a una nueva astronomía tuvo lugar en el siglo VIII a.C. cuando, después de un período de caos y desórdenes en Babilonia y Asiria, los destinos de ambos reinos se entregaron a Tiglath-Pileser III (745–727 a.C.), en Asiria, y Nabunassar (747-734 a.C.) en Babilonia.

Nabunassar, protegido del dios Nabu, fue aclamado como un innovador, incluida el área de la astronomía. Una de sus primeras acciones fue reparar y restaurar el templo de Shamash en Sippar, el centro de culto del dios Sol en la antigua Sumer. Además construyó un nuevo observatorio en Babilonia, actualizó el calendario, heredado de Nippur, e instituyó el registro diario de los fenómenos celestes y sus significados.

Gracias a estas medidas tenemos información de una gran riqueza de datos astronómicos que explican los eventos que siguieron. Tiglath-Pileser III fue también activo y sus anales describen constantes campañas militares y la ocupación de ciudades, ejecuciones brutales de los reyes y la nobleza de los territorios ocupados, y exilios masivos de su población. Su papel, y el de sus sucesores Shalmaneser V y Sargón II, en la ocupación de Israel y el exilio de las diez Tribus Perdidas, así como los intentos de Sennacherib por conquistar Jerusalén, son suficientemente conocidos.

El siguiente rey asirio, Esarhaddon (680–669 a.C.), anunció que ‘tanto Ashur como Marduk me dieron sabiduría’, actuaba en nombre de Marduk y Nabu, e inició la reconstrucción del templo Esagil, en Babilonia. En los libros de historia, Esarhaddon es recordado principalmente por su exitosa invasión de Egipto (675–669 a.C.). El objetivo de la invasión parece que era detener los intentos egipcios por ‘entrometerse en Canaán’ y dominar Jerusalén.

Digna de atención fue la ruta que escogió: en vez de ir por el camino más corto, hacia el sudoeste, hizo un rodeo considerable y fue hacia el norte, a Harán. Ahí, en el viejo templo del dios Sin, Esarhaddon buscó la bendición del dios para embarcarse en su conquista; y Sin, asesorado por su personal y acompañado de Nusku (el Mensajero Divino de los dioses), dio su aprobación. Entonces Esarhaddon se dirigió hacia el sur, pasando a través de las tierras del Mediterráneo oriental hasta alcanzar Egipto.

Aunque Esarhaddon estaba ocupado en asuntos de geopolítica, no descuidó los temas astronómicos de aquellos tiempos. Con la guía de los dioses Shamash y Adad, erigió en Ashur (la ciudad centro de culto de Asiria) una ‘Casa de Sabiduría, que era un observatorio, y representó en sus monumentos el sistema solar con doce planetas, incluido Nibiru.

Para entrar en el recinto sagrado había una puerta monumental, construida, de acuerdo a los dibujos de un sello cilíndrico, para emular lagran puerta de Anu, en Nibiru. Todos estos movimientos político-religiosos sugieren que los asirios se aseguraron de ganarse el favor de los dioses. Y así, por el siglo VII a.C. Asiria estuvo preparada para el anticipado retorno del planeta de los dioses.

Textos descubiertos revelan los augurios de un tiempo idílico: “Cuando Nibiru culmine… Las tierras serán habitadas de forma segura; los reyes hostiles estarán en paz; los dioses recibirán oraciones y escucharán súplicas. Cuando el Planeta del Trono del Cielo crezca en su brillo, habrá lluvias e inundaciones. Cuando Nibiru alcance su perigeo, los dioses darán paz. Los problemas serán resueltos, las complicaciones serán desenredadas”.

La previsión era que un planeta reaparecería, se elevaría en los cielos, crecería en brillantez, y en su perigeo, al cruce entre Marte y Júpiter, sería NIBIRU, el “Planeta del Cruce”. Y como indicaban los textos, con el retorno del planeta se esperaba una repetición de las previas visitas de Anu a la Tierra. Estaba ahora en manos de los astrónomos observar los cielos en espera de esta aparición planetaria. Pero, ¿cómo reconocerían el planeta mientras aún estuviera a considerable distancia en los cielos?

El siguiente rey asirio, Asurbanipal (668-639 a.C.), encontró la solución. Los historiadores consideran que Asurbanipal fue el más erudito de los reyes asirios, porque había aprendido otros idiomas además del acadio, incluyendo el sumerio, e incluso pudo leer ‘textos de antes del Diluvio’. También afirmaba que ‘aprendió los signos secretos del Cielo y la Tierra… y estudió los cielos con los maestros de la adivinación’. Algunos arqueólogos lo consideran como el primer arqueólogo, porque coleccionó de manera sistemática las tablillas de sitios como Nippur, Uruk y Sippar, en lo que fue Sumer.

También envió equipos especializados a buscar y ordenar tablillas de las capitales asirias conquistadas. Las tablillas terminaron en una famosa biblioteca donde equipos de escribas las estudiaron, tradujeron, y copiaron. Un visitante del Museo del Antiguo Próximo Oriente, en Estambul, puede observar una muestra de tales tablillas, cuidadosamente ordenadas en sus estantes originales, con cada estante encabezado por una ‘tablilla catálogo’ que lista todos los textos en cada estante.

Aunque las tablillas cubrían un amplio rango de temas, queda claro que se prestó especial atención a la información celestial. Entre los textos puramente astronómicos había tablillas que pertenecían a una serie titulada ‘El Día de Bel’, que significa “el Día del Señor”. Además, relatos épicos e historias sobre las idas y venidas de los dioses fueron señaladas como importantes, en especial si arrojaban luz sobre los pasos del planeta Nibiru por las cercanías de la Tierra.

El “Enuma Elish”, o “la Epopeya de la Creación”, que relata cómo un planeta invasor se unió al sistema solar para convertirse en Nibiru, fue copiado y traducido varias veces. Y también había escritos que trataban del Diluvio, tales como la Epopeya Atra-Hasis y laEpopeya de Gilgamesh. Aunque todas ellas forman parte del conocimiento acumulado en una biblioteca real, también tratan de las apariciones de Nibiru en el pasado y de su próxima aproximación.

Entre los textos astronómicos traducidos y estudiados, había directrices para observar la llegada de Nibiru y para reconocerlo en su aparición. Un texto babilónico que retuvo la terminología sumeria original señala: “Planeta del dios Marduk, sobre su aparición SHUL.PA.E; elevándose treinta grados, SAG.ME.NIG; cuando se detiene en el medio del cielo: NIBIRU”.

Aunque el primer planeta mencionado (SHUL.PA.E) se considera que es Júpiter, aunque también podría ser Saturno, el siguiente nombre (SAG.ME.NIG) podría ser una variante para Júpiter, pero es considerado por algunos investigadores como Mercurio. Los datos astronómicos que han sido encontrados atrajeron, ya en el siglo XIX y comienzos del XX, la atención de los investigadores, que combinaron la asiriología con los conocimientos astronómicos.

Su trabajo era complicado por el hecho de que cualquier cuerpo celeste, incluyendo planetas, estrellas fijas y constelaciones, podían tener más de un nombre. Todos asumieron que los sumerios y otros pueblos antiguos no tenían modo de saber, a simple vista, sobre los planetas más allá de Saturno. El resultado fue que siempre que un planeta era mencionado de forma diferente a los nombres aceptados para los siete planetas conocidos; Sol, Luna, Mercurio, Venus. Marte, Júpiter, Saturno, se pensó que se trataba sólo de otro nombre para alguno de éstos.

 La víctima principal de esta errónea interpretación fue Nibiru, por lo que se asumió que se trataba de otro nombre para Júpiter, Marte o Mercurio. Increíblemente, la moderna astronomía siguen basando su trabajo en esos siete planetas conocidos, a pesar de la extensa evidencia en el Enuma Elish de que los sumerios conocían la verdadera forma y composición de nuestro sistema solar, partiendo de los planetas exteriores, o de la representación en el sello cilíndrico VA243, en el Museo de Berlín, hace más de 4500 años, del completo sistema solar de doce miembros, con el Sol al centro, o el dibujo de doce símbolos planetarios sobre monumentos asirios y babilónicos, etc.

Un texto similar de Nippur, que tradujo los nombres planetarios sumerios como UMUN.PA.UD.DU y SAG.ME.GAR, sugiere que la llegada de Nibiru será anunciada por el planeta Saturno y, después de elevarse 30 grados, estará cerca de Júpiter. Otros textos, como una tablilla conocida como K.3124, señala que después de pasar SHUL.PA.E y SAG.ME.GAR, que parece se trata de Saturno y Júpiter, el ‘Planeta Marduk entrará al Sol (alcanzará el perigeo, lo más cercano al Sol) y se convertirá en Nibiru’.

Otros textos ofrecen claves más claras en relación a la ruta de Nibiru, así como a su reaparición: “Desde la estación de Júpiter, el planeta pasa hacia el oeste. Desde la estación de Júpiter el planeta aumenta su brillo, y en el zodíaco de Cancer se convierte en Nibiru. El gran planeta: en su aparición: rojo oscuro. El cielo él divide en mitades mientras permanece en el Cruce (entre Marte y Júpiter)”.


Tomados en su conjunto, los textos astronómicos del tiempo de Asurbanipal describieron una aparición planetaria desde los límites del sistema solar, elevándose y llegando a ser visible cuando alcanzase Júpiter (o incluso Saturno), y después girando hacia abajo en la eclíptica. En su perigeo, cuando esté más cerca del Sol (y por tanto a la Tierra), el planeta, en el Cruce (entre Marte y Júpiter), se convierte en Nibiru ‘en el zodíaco de Cáncer.’

Esto pudo suceder sólo cuando la salida del Sol del Equinoccio de Primavera tuvo lugar en la Era del Carnero, durante la era zodiacal de Aries. Tales claves en relación a la ruta orbital del Señor Celestial y su reaparición, empleando las constelaciones como un mapa celeste, se hallan también en pasajes bíblicos, revelando de ese modo un conocimiento que debió haber sido general. Tal como predijo el Profeta Habacuc:




‘En Júpiter será vista su faz, … El Señor vendrá desde el sur… su esplendoroso brillo será como un haz de luz’. Y según “el Libro de Job”: ‘Él solo se extiende por los cielos y pisotea la mayor profundidad; llega a la Osa Mayor, Sirio y Orión, y las constelaciones del sur’. También el profeta Amós previó la llegada del Señor Celestial ‘sonriendo su faz sobre Tauro y Aries, desde Tauro a Sagitario irá’.

Estos textos describen un planeta que dibuja un arco en la parte más elevada del cielo y, orbitando en el sentido de las agujas del reloj, llega desde las constelaciones del sur. Es una trayectoria con cierta similitud a la del cometa Halley. Una información clave, durante el reinado de Asurbanipal, fue la meticulosa traducción al acadio de descripciones sumerias de las ceremonias realizadas durante la anterior visita de Anu y Antu, se supone que alrededor del 4000 a.C.

 Los textos que tratan de su estancia en Uruk describen cómo, al atardecer, se situaba en la parte más elevada de una torre para observar y anunciar la aparición sucesiva de los planetas, hasta que el ‘Planeta del Gran Anu del Cielo’ se dejaba ver y todos los dioses reunidos para dar la bienvenida a la pareja divina recitaban ‘a aquel cuyo brillo crece, el planeta celestial del dios Anu’y cantaban el himno ‘La imagen del Creador se ha levantado’. Luego los textos describen los alimentos ceremoniales, el retiro a las cámaras nocturnas, las procesiones del día siguiente, etc.

De ello puede deducirse que Asurbanipal estaba comprometido en coleccionar, recopilar, traducir y estudiar todos los textos antiguos que pudiera obtener. Los objetivos eran: aportar guía a los sacerdotes-astrónomos para detectar, lo antes posible, el retorno de Nibiru, e informar a rey sobre los procedimientos a seguir. El hecho de que al planeta lo llamasen ‘Planeta del Trono Celestial’ constituye una clave importante para conocer las intenciones reales.

También lo eran las representaciones en los muros de palacio, en magníficos relieves, de reyes asirios saludando al dios en el Disco Alado, mientras se mantenía sobre el Árbol de la Vida. Era importante estar informado de la aparición del planeta tan pronto como fuera posible para ser capaces de preparar una recepción apropiada para la legada del gran dios Anu, y ser bendecidos con la inmortalidad. Pero esto no iba a suceder.

Después de la muerte de Asurbanipal surgieron rebeliones por todo el imperio asirio. Los reinos de sus hijos en Egipto, Babilonia y Elam se desintegraron. Desde los límites del imperio asirio aparecieron ‘hordas’ desde el norte y los Medos desde el este. Por todas partes los reyes locales tomaron el control y declararon su independencia. De particular importancia, para los hechos futuros, fue la escisión de Babilonia de su unión con Asiria.

Como parte del festival de Año Nuevo, en 626 a.C., un general babilonio cuyo nombre, Nabupolassar (‘Nabu protege sus hijos’), implicaba que fuese hijo del dios Nabu, fue entronizado como rey de una Babilonia independiente. Una tablilla describió así el comienzo de su investidura: ‘Los príncipes de la tierra fueron congregados; bendijeron a Nabupolassar; abriendo sus puños, lo declararon soberano; Marduk en la asamblea de los dioses otorgó el Estandarte de Poder a Nabupolassar.’

El resentimiento por el comportamiento brutal del regente en Asiria fue tan grande, que Nabupolassar de Babilonia encontró enseguida aliados para una acción militar contra Asiria. Un importante aliado fueron los Medos, precursores de los Persas, que habían sufrido las brutales incursiones asirias. Mientras las tropas babilonias avanzaban sobre Asiria desde el sur, los Medos atacaron desde el oriente.

Y en 614 a.C., tal como había sido profetizado por los profetas hebreos, capturaron e incendiaron Asur, la capital religiosa Asiria. Luego le tocó el turno a Nínive, la capital real. Alrededor del 612 a.C. la gran Asiria estaba sumida en el caos y la destrucción. Asiria se convirtió en un lugar de ruinas arqueológicas. ¿Cómo pudo suceder aquello en un país cuyo nombre significaba “Tierra del dios Asur”? La única explicación es que los dioses retiraron su protección a esa tierra.

De hecho, la situación aún iba a ir más allá: los mismos dioses se retiraron de esta región y de la Tierra. Y entonces comenzó a desarrollarse el más asombroso capítulo de la saga del retorno, en el cual Harán jugó un papel clave. Harán, o Aram,es el nombre de tres personajes y de una ciudad, mencionados en la Biblia. En el Génesis se explica que un hombre llamado Harán nació y murió en Ur de los caldeos.

Fue hijo de Taré y hermano de Nacor y Abram (conocido como Abraham). Según la Biblia, Harán fue el padre de Lot, Milcah e Iscah. De acuerdo al Génesis, después de la muerte de Harán, Taré junto a Abram, Lot y sus respectivas familias comenzaron su viaje a Canaán y en el camino se establecieron por un tiempo en un lugar llamado también “Harán”. 

Después de la muerte de Taré en Harán (pasaje también narrado en libro de Hechos), Abram y Lot continuaron su viaje hacia Canaán. Las ruinas de la antigua Harán están ubicadas cerca de Harrán, en la actual Turquía. La Biblia menciona a otro Harán, que era hijo de Caleb y tataranieto de Judá, hijo de Jacob. También menciona a un tercer personaje con el nombre de Harán, quien era hijo de Simei y que fue un levita que vivió en los tiempos del rey David y tuvo alguna clase de rol político y religioso.

La asombrosa cadena de sucesos después de la desaparición de Asiria comenzó con el escape a Harán de miembros de la familia real. Buscando allí la protección del dios Sin, los fugados concentraron los remanentes del ejército asirio y proclamaron a uno de los refugiados reales como ‘Rey de Asiria’. Pero el dios Sin, cuya ciudad, Harán, había tenido desde entonces días de llanto, no respondió. En 610 a.C. tropas babilonias lo capturaron y pusieron fin a las esperanzas asirias. La lucha por la sucesión en Sumer y Acadia se había acabado.

Ahora, por gracia divina, era el momento del rey de Babilonia. Una vez más, Babilonia gobernaba las tierras que alguna vez fueron ‘Sumer y Acadia’, hasta el punto queen muchos textos de la época, Nabupolassar recibe el título de ‘Rey de Acadia’. Nabupolassar empleó su autoridad para extender las observaciones celestiales a las antiguas ciudades sumerias de Nippur y Uruk. Y algunos de los textos claves de los años subsecuentes vinieron de allá.

Fue también en este fatídico año de 610 a.C, que un revigorizado Egipto puso en su trono a un faraón llamado Necho. Apenas un año más tarde tuvo lugar uno de los menos comprendidos movimientos geopolíticos. Los egipcios, que acostumbraban a ser aliados de los babilonios en su oposición a la regencia asiria, salieron de Egipto y, moviéndose con rapidez hacia el norte, tomaron territorios y sitios sagrados que los babilonios consideraban propios.

El avance egipcio hacia el norte los llevó hasta las cercanías de Harán. Y también puso en manos egipcias los dos puertos espaciales, en Líbano y en Judá. Los sorprendidos babilonios no podían aceptar esta situación, por lo que el anciano Nabupolassar confió la tarea de recuperar los territorios perdidos a su hijo Nabucodonosor, que ya se había distinguido en el campo de batalla.

En Junio del 605 a.C. los babilonios aplastaron al ejército egipcio, liberaron ‘el sagrado bosque de cedros en Líbano”, siguiendo las instrucciones de los dioses Marduk y Nabu. Y persiguieron a los egipcios, en su huída, hasta la Península de Sinaí.

Pero Nabucodonosor detuvo su persecución debido a las noticias del fallecimiento de su padre que le llegaron desde Babilonia. Volvió rápidamente y fue proclamado Rey de Babilonia ese mismo año. Los historiadores no encuentran explicación para la sorprendente ofensiva egipcia y la ferocidad de la reacción babilónica. 

Pero es evidente que la clave de los sucesos se encuentra en la expectativa del Retorno, que en el año 605 a.C. se consideraba como inminente, porque fue en ese mismo año que el profeta Habacuc comenzó a profetizar en el nombre de Yahveh, en Jerusalén. Prediciendo el futuro de Babilonia y otras naciones, el profeta preguntó a Yahveh cuando llegaría el Día del Señor, el día del juicio sobre todas las naciones, Babilonia incluida. Y Yahweh respondió, diciendo: “Escribe la profecía, explícala claro en las tabillas, de modo que pueda ser leída con rapidez: para la visión hay un tiempo establecido; ¡al final vendrá, sin falta!

 Aunque parezca tardar, espera por ese día; porque ha de llegar con seguridad, porque la fecha de su cita no será atrasada”. La fecha de esta cita llegó justamente quince años después. Los cuarenta y tres años del reinado de Nabucodonosor (605-562 a.C.) son considerados un período de un imperio Neo-Babilonio dominante, un tiempo marcado por acciones decisivas y movimientos rápidos, porque no había tiempo que perder: el previsto Retorno sería ahora un premio para Babilonia.

Para preparar Babilonia para el esperado Retorno, se iniciaron rápidamente trabajos de renovación y de construcción. Sobre todo se concentraron en el recinto sagrado, donde el templo Esagil de Marduk (entonces llamado Bel/Ba’al, ‘El Señor’) fue renovado y reconstruido, y preparado su zigurat de siete pisos para observar los cielos estrellados desde allí, tal como se había hecho en Uruk durante la anterior visita de Anu, alrededor del 4000 a.C.

También se construyó un nuevo Camino Procesional que conducía al sagrado recinto a través de una nueva y gran puerta; sus muros estaban decorados con ladrillos vidriados que aún causan asombro actualmente. Babilonia, la Ciudad Eterna de Marduk, estaba lista para dar la bienvenida al Retorno. Nabucodonosor escribió: ‘He hecho que la ciudad de Babilonia sea la más importante entre todos los países y lugares habitados; su nombre elevé hasta ser la más elogiada de todas las ciudades sagradas’.




Se esperaba que la llegada del Disco Alado de Anu se produciría en el puerto espacial del Líbano (Baalbek). Luego, el sequito divino entraría en Babilonia a través del Camino Procesional y su imponente Puerta de entrada, llamada ‘Ishtar’, en representación de la diosa IN.ANNA, que había sido la ‘amada de Anu’ en Uruk. Junto a estas expectativas estaba el papel de Babilonia como el nuevo “Ombligo de la Tierra”, ya que había heredando el estatus prediluviano de Nippur como laDUR.AN.KI o el ‘Puente Cielo-Tierra’.

 Esta función de Babilonia fue evidente cuando a la plataforma base del zigurat se le dio el nombre de E.TE.MEN.AN.KI (‘Templo de la Fundación para Cielo-Tierra’), demostrando el papel de Babilonia como el nuevo ‘Ombligo de la Tierra’, una función claramente representada en el ‘Mapa del Mundo’ babilónico. Esta era una terminología que se hacía eco de la descripción de Jerusalén, con su Piedra de la Fundación, sirviendo como vínculo entre la Tierra y el Cielo.

Pero si esto era lo que Nabucodonosor preveía, entonces Babilonia tenía que reemplazar el enlace espacial postdiluviano. Habiendo asumido, después del Diluvio, la función que tenía Nippur antes del Diluvio, servir como Centro de Control de Misión, Jerusalén fue ubicada en el centro de los círculos concéntricos que unían los otros puertos espaciales, por lo que fue llamada ‘Ombligo de la Tierra’. El profeta Ezequiel anunció que Jerusalén había sido escogida por el mismo Dios:

“Esto ha dicho el Señor Yahveh; Esta es Jerusalén; al medio de las naciones la he puesto, y todas las tierras están en círculo a su alrededor”. Determinado a pasar esta función a Babilonia, Nabucodonosor condujo sus tropas y en el año 598 a.C. capturó Jerusalén. Esta vez, como había advertido el profeta Jeremías, Nabucodonosor llevaba la ira de Dios al pueblo de Jerusalén, por haber aceptado la veneración de otros dioses celestiales, como “Ba’al, el Sol y la Luna, y las constelaciones’, una lista que incluuía a Marduk como una entidad celeste.

Después de someter al pueblo de Jerusalén a una fuerte hambruna, mediante un sitio que duró tres años, Nabucodonosor finalmente consiguió someter la ciudad y se llevó cautivo a Babilonia a Jehoyachin, rey de Judá. Además fueron exiliados la nobleza de Judá y la elite instruida, entre los que se hallaba el profeta Ezequiel, así como miles de sus soldados y artesanos, alos que se les hizo residir en los bancos del río Khabur, cerca de Harán, su hogar ancestral.

La ciudad y el Templo fueron dejados intactos esta vez, pero once años más tarde, en 587 a.C., los babilonios volvieron e incendiaron el Templo que Salomón había construido. En sus inscripciones Nabucodonosor no da más explicación que la usual, agradar a “mis dioses Nabu y Marduk”. Pero la verdadera razón era la creencia de que el dios de los hebreos, Yahveh, se había ido.

La destrucción del Templo fue un hecho sorprendente por el cual Babilonia y su rey, que habían sido considerados anteriormente por los Profetas el ‘camino de la ira’ de Yahveh, iban a ser castigados con severidad: ‘La venganza de Yahveh nuestro Dios, venganza por Su Templo, irá contra Babilonia”, anunció el Profeta Jeremías, prediciendo la caída de la poderosa Babilonia y su destrucción por invasores del norte, sucesos que tuvieron lugar apenas unas décadas más tarde. Jeremías además proclamó el destino de los dioses que Nabucodonosor había invocado:

 “Anunciadlo y hacedlo oír entre las gentes; levantad bandera; hacedlo oír; no lo calléis; decid: Ha sido tomada Babilonia, está confuso Bel, desmayó Marduk, están confusos sus ídolos, desmayaron sus inmundicias”. El castigo divino sobre Nabucodonosor fue proporcional al sacrilegio. Enloquecido, de acuerdo a fuentes tradicionales, por un insecto que penetró en su cerebro a través de las fosas nasales, Nabucodonosor murió en lenta agonía en el 561 a.C.

Ni Nabucodonosor ni sus tres sucesores vivieron lo suficiente para ver una nueva llegada de Anu a las puertas de Babilonia.Pero, sorprendentemente, esta nueva llegada jamás tuvo lugar, aunque Nibiru retornó. Es un hecho que las tablillas astronómicas de ese mismo tiempo documentan observaciones reales de Nibiru, también llamado ‘Planeta de Marduk’ Algunos fueron documentados como augurio, por ejemplo, una tablilla catalogada K.8688, que informaba al rey que si Venus fuera visto saliendo delante de Nibiru, fracasarían las cosechas, pero si Venus saliese ‘detrás’ de Nibiru, la cosecha de la tierra sería un éxito. De mayor interés es un grupo de tablillas halladas en Uruk; en ellas se tradujeron los datos en doce columnas de meses zodiacales y se combinaron los textos con descripciones gráficas.


En una de esas tablillas, el Planeta de Marduk, mostrado entre el símbolo del carnero “Aries” y los siete símbolos de la Tierra, representa a Marduk como dentro del planeta. Otro ejemplo es la tablilla VAT 7847, que explica una observación real, en la constelación de Aries, como el ‘día en que fue abierta la puerta del gran señor Marduk’, en que Nibiru puede observarse. Y después de indica ‘el día del Señor Marduk’, cuando el planeta fue visto en la constelación de Acuario.

Aun más revelador de la llegada del planeta ‘Marduk’ desde los cielos australes y su rapidez en convertirse en ‘Nibiru’, es lo que se explica en otra clase de tablillas circulares. Las tablillas dividen la esfera celeste en tres senderos: el sendero de Enlil, para los cielos del norte, de Ea para los del sur, y de Anu para el centro. Las doce áreas zodiacales fueron después sobrepuestas en los tres senderos. Unos textos explicativos fueron escritos en la parte posterior de las tabillas circulares.

Theophilius G. Pinches, experto en estudios sobre Asiria, mostró en estas tablillas lo que era un disco circular dividido en tres secciones concéntricas y en doce segmentos, dando como resultado un campo de treinta y seis porciones. Cada una de las treinta y seis porciones contiene un nombre con un pequeño círculo bajo él, indicando que se trata de un cuerpo celestel, y un número.

Además cada porción lleva el nombre de un mes, de modo que Pinches los enumeró del I al XII, comenzando con Nissan. Y esto representaba un mapa celeste babilonio, dividido en los tres senderos de Enlil, Anu, y Ea/Enki, mostrando los planetas, estrellas y constelaciones que eran visibles durante los distintos meses del año. Aún continúa el debate acerca de la identidad de los cuerpos celestes y el significado de los números. También sin resolver permanece el asunto de la fecha de este mapa celeste, aunque la mayoría de las opiniones inciden en que el astrolabio perteneció a la era de Nabucodonosor o su sucesor Nabuna’id.

Podemos estar seguros que las observaciones en todas estas tablillas del período tardío de Babilonia no pudieron haber tenido lugar antes del 610 a.C., ni realizadas después del 555 a.C., porque esa fue la fecha en que Nabuna’id se convirtió en el último rey de Babilonia; y su alegato para ser legitimado era que su reinado fue confirmado celestialmente porque ‘el planeta de Marduk, alto en el cielo, me ha llamado por mi nombre’. Mediante esta afirmación, también señalaba que durante una visión nocturna había visto ‘la Gran Estrella y la Luna’.

 Basado en las fórmulas de Kepler para las órbitas planetarias alrededor del Sol, el completo período de visibilidad de Marduk/Nibiru desde Mesopotamia duraba justo unos pocos años. Por lo tanto, la visibilidad alegada por Nabuna’id coloca el retorno del planeta en los años inmediatamente precedentes a 555 a.C. En este caso, ¿cuándo se produjo realmente el retorno?

Hay otro aspecto a tener en cuenta: la profecía de ‘la oscuridad al mediodía’, en el Día del Señor, o sea, un eclipse solar, se produjo el 556 a.C. Los eclipses solares, aunque menos frecuentes que los lunares, no son tan raros; ocurren cuando la Luna, pasando entre la Tierra y el Sol, oscurece temporalmente al Sol. Sólo una pequeña porción de los eclipses solares son totales. El alcance y duración de la oscuridad total varía debido a las siempre cambiantes órbitas del Sol, la Luna y la Tierra, además de la rotación de la Tierra y su inclinación del eje.

Aunque los eclipses solares no son habituales, el legado astronómico de Mesopotamia incluye conocimientos del fenómeno, llamándolo atalu shamshi. Referencias textuales sugieren que no sólo ese fenómeno sino también la participación lunar eran parte del antiguo conocimiento acumulado. . De hecho, un eclipse solar cuyo recorrido pasó sobre Asiria habría ocurrido en 762 a.C.

Fue seguido por otro en 584 a.C., que fue visto en todas las tierras del Mediterráneo, y totalmente sobre Grecia. Pero después, en 556 a.C., hubo un eclipse solar extraordinario ‘en una fecha inesperada.’ Si no fue debido a los predecibles movimientos de la Luna, ¿pudo haber sido causado por el paso del gran planeta Nibiru? Entre las tablillas astronómicas hay una que trata de un eclipse solar, documentando así el fenómeno observado:

 “En el comienzo el disco solar, no en fecha esperada, se hizo oscuro, y permaneció en el resplandor del Gran Planeta. El día 30 [del mes] fue el eclipse del Sol”. ¿Qué significan las enigmáticas palabras de que el oscurecido Sol “permaneció en el resplandor del Gran Planeta”? Aunque la tablilla no aporta una fecha para tal eclipse, creemos que se señala claramente que el inesperado y extraordinario eclipse solar fue generado por el retorno de Nibiru, el gran planeta radiante. Pero si la causa directa fue el planeta mismo, o los efectos de su ‘resplandor’ (tal vez su atracción gravitacional o sus efectos magnéticos) sobre la Luna, el texto no lo explica.

Es un hecho astronómicamente histórico que un 19 de mayo del 556 a.C. ocurrió un eclipse solar total. Como se muestra en un mapa del Centro de Vuelo Espacial Goddard de NASA, el eclipse fue grande e importante, visto en amplias zonas, y un aspecto único acerca de él fue que ¡la banda de oscuridad total pasó exactamente sobre la zona de Harán!

Este último hecho es de tremenda importancia, más aún en aquellos fatídicos años en el mundo antiguo, porque inmediatamente después, en 555 a.C. Nabuna’id fue proclamado rey de Babilonia, no en Babilonia, sino sorprendentemente en Harán. Fue el último rey de Babilonia. 

Y después de él, como había profetizado Jeremías, Babilonia siguió el destino de Asiria. Fue en 556 a.C. que ocurrió la profetizada oscuridad al mediodía. Fue justo cuando volvió Nibiru; fue el profetizado DÍA DE SEÑOR. Y cuando ocurrió el retorno del planeta, ni Anu ni los demás dioses esperados se mostraron. De hecho ocurrió lo contrario: los dioses Anunnaki abandonaron la Tierra.

La partida de los dioses Anunnaki de la Tierra fue un verdadero drama para la Humanidad. Y su partida no es simple especulación; está ampliamente documentada. La evidencia nos llega tanto del Próximo Oriente como de América, y algunos de los más directos y dramáticos documentos de la partida de los antiguos dioses de la Tierra nos llegan desde Harán. El testimonio se basa en documentos serios, entre ellos los del profeta Ezequiel.

Estos informes están registrados en la Biblia y fueron inscritos en columnas de piedra con textos que tratan de los sucesos milagrosos que conducen a la ascensión al trono del último rey de Babilonia. Hoy día Harán es una ciudad en Turquía oriental, a poca distancia de la frontera Siria. Está rodeada por muros de los tiempos Islámicos, que se están desmoronando, y sus habitantes viven en modestas chozas de barro.

El pozo donde Jacob conoció a Raquel se halla aún ahí, entre los prados de ovejas, fuera de la ciudad, con el agua más pura que uno pueda imaginarse. Pero en los días antiguos Harán fue un floreciente centro comercial, cultural, religioso y político, tanto que aun el profeta Ezequiel, que vivía en el área con otros exiliados de Jerusalén, la nombró como un reputado centro comercial de “ropas azules y trabajos de bordado, de ricos aparejos al pecho hechos con cordones y madera de cedro”.

Fue una ciudad que había sido en tiempos sumerios un centro del culto del ‘dios Luna’ Nannar/Sin. La familia de Abraham terminó residiendo allí porque su padre Terah era un Tirhu, un sacerdote y augur, primero en Nippur, después en Ur, y finalmente en el templo de Nannar/Sin en Harán.




Después de la desaparición de Sumer a causa del mortal viento nuclear, Nannar y su esposa, Ningal, convirtieron a Harán en su hogar y cuartel general. Aunque Nannar (Sin en acadio) no era el heredero primogénito legal, ya que este rango pertenecía a Ninurta, era un primogénito terrestre de Enlil y su esposa Ninlil,. Dioses y hombres adoraron a Nannar/Sin y su esposa; los himnos en su honor en los tiempos gloriosos de Sumer, y las lamentaciones acerca de la desolación de Sumer en general y de Ur en particular, revelen el gran amor y admiración de la gente por esta pareja divina. Que muchos siglos después Esarhaddon fuera a consultar a un anciano Sin en relación a la invasión de Egipto, y que la familia real asiria se trasladase a Harán, sirve para indicar el continuo e importante papel jugado por Nannar/Sin y Harán hasta el final.

Fue en las ruinas del templo de la ciudad de Nannar/Sin, el E.HUL.HUL (‘Casa de la Doble Alegría’), que los arqueólogos descubrieron cuatro estelas, que alguna vez estuvieron de pie en el templo, una en cada rincón del principal salón de oraciones. Las inscripciones en las estelas revelan que dos de ellas fueron erigidas por la sumo sacerdotisa del templo,Adda-Guppi, y dos por su hijo Nabuna’id, el último rey de Babilonia.

Con un evidente sentido histórico Adda-Guppi aportó en sus inscripciones datos precisos de los asombrosos eventos de los que ella fue testigo. Los datos, vinculados como era costumbre a los años reinantes de reyes conocidos, pudieron ser verificados por expertos. Se sabe que nació en 649 a.C. y vivió durante los reinados de varios reyes asirios y babilónicos, alcanzando la edad de 104 años.

He aquí lo que escribió en una estela en relación al primero de una serie de sucesos increíbles: “Fue en el dieciseisavo año de Nabupolassar, rey de Babilonia, cuando Sin, señor de los dioses, se enojó con su ciudad y su templo y subió al cielo; y la ciudad y la gente se fueron a la ruina”.

El año dieciséis de Nabupolassar fue el 610 a.C., cuando las fuerzas de Babilonia capturaron Harán a los sobrevivientes del ejército y la familia real asiria, y cuando un poderosos Egipto decidió tomar lospuertos espaciales. Fue entonces, escribió Adda-Guppi, que un enojado Sin, quitando su protección a la ciudad, “¡subió al cielo!’. Lo que siguió en la ciudad capturada está descrito suficientemente:

‘Y la ciudad y su gente fueron a la ruina’. Mientras otros sobrevivientes huyeron, Adda-Guppi se quedó. ‘A diario, sin cesar, de día y de noche, por meses, por años ella guardó vigilia en el arruinado templo. De luto, abandonó los vestidos de fina lana, se quitó las joyas, no usó ni oro ni plata, renunció a los perfumes y al aceite de dulce aroma’. Como un fantasma errando por el abandonado santuario, ‘me vestía con ropas rotas; iba y venía silenciosa’.

Entonces, en el desolado recinto sagrado, encontró un atuendo que alguna vez perteneció a Sin. Para la abatida sacerdotisa, el hallazgo fue un augurio del dios. Como si el mismo dios estuviera allí para escucharla, se postró y ‘en oración y humildad’ pronunció un voto: ‘Si quieres volver a tu ciudad, toda la gente cabeza-negra veneraría tu divinidad”’. Los “cabeza-negra’ era un término que los sumerios empleaban para referirse a si mismos, y el empleo del término por la sumo sacerdotisa 1300 años después de la desaparición de Sumer fue algo lleno de significado: ella le decía al dios que si volvía, sería restaurada su Señoría como en los Días Antiguos, volviendo a ser el señor dios de una restaurada Sumer-Acadia.

Para lograr esto, Adda-Guppi ofreció a su dios un trato: Si retornara y empleara sus poderes para hacer de su hijo Nabuna’id el siguiente rey imperial, reinando sobre los dominios de Babilonia y Asiria, Nabuna’id restauraría el templo de Sin no sólo en Harán sino también en Ur, y proclamaría el culto a Sin como religión estatal en todas las tierras de la gente cabeza-negra.


Tocando la ropa del dios, oró día tras día; entonces una noche el dios se apareció ante ella en un sueño y aceptó su proposición. El dios Luna, escribió Adda-Guppi, gustó de la idea: ‘Sin, señor de los dioses del Cielo y la Tierra, por mis buenas acciones me miró con una sonrisa; escuchó mis plegarias; aceptó mi voto. Se calmó el enojo en su corazón.

Para con Ehulhul, su templo en Harán, la residencia divina en la que regocijaba su corazón, él se reconcilió; y tuvo un cambio de corazón’.

 El dios, escribió Adda-Guppi, aceptó el trato: “Sin, señor de los dioses, miró favorablemente mis palabras, Nabuna’id, mi único hijo, fruto de mi vientre, al reinado llamó el reinado de Súmer y Acadia.

Todas las tierras desde la frontera de Egipto, desde el Mar Superior hasta el Mar Inferior, en sus manos confió”. Ambas partes mantuvieron su trato. ‘Yo me vi a mi misma realizada’, señaló Adda-Guppi, añadiendo: “Sin honró la palabra con que me habló’, promocionando el ascenso de Nabuna’id al trono de Babilonia en 555 a.C.

Y Nabuna’id mantuvo el voto de su madre de restaurar el templo Ehulhul en Harán, ‘perfeccionando su estructura.’Renovó el culto de Sin y Ningal (Nikkal en acadio) … todos los ritos olvidados los hizo de nuevo’. Y después un gran milagro, un suceso no visto por generaciones, sucedió. El hecho es descrito en las dos estelas de Nabuna’id, donde es reprsentado sosteniendo un inusual báculo y encarando los símbolos celestiales de Nibiru, la Tierra, y la Luna:

 “Este es el gran milagro de Sin, que por dioses y diosas no ha ocurrido en la tierra, desde días antiguos desconocidos; que la gente en la Tierra ni han visto ni encontrado escrito en tablillas desde los días de antaño: que Sin, señor de dioses y diosas, residiendo en los cielos, ha bajado desde los cielos a plena vista de Nabuna’id, rey de Babilonia”. Sin, reportan las inscripciones, no volvió solo. De acuerdo a los textos entró al restaurado templo Ehulhul en una procesión ceremonial, en compañía de su esposa Ningal/Nikkal y su asesor, el Mensajero Divino Nusku.

El milagroso retorno de Sin ‘desde los cielos’ suscita muchas preguntas, siendo la primera: ¿dónde, ‘en los cielos,’ había estado durante casi seis décadas? Respuestas a tales preguntas pueden ser dadas al combinar las evidencias antiguas con los logros de la ciencia y tecnología modernas. Pero antes es importante examinar todos los aspectos de la partida, porque no fue solo Sin quién ‘se enojó’ y, dejando la Tierra, ‘subió a los cielos’.

Las extraordinarias idas y venidas celestialesdescritas por Adda-Guppi y Nabuna’id tuvieron lugar mientras estaban en Harán, un lugar significativo porque otro testigo estaba presente en esta área al mismo tiempo: el profeta Ezequiel. Y él también tenía mucho que decir al respecto. Ezequiel, un sacerdote de Yahweh en Jerusalén, estaba entre la aristocracia y los artesanos exiliados, junto con el rey Jehoiachin, después del primer ataque de Nabucodonosor a Jerusalén en 598ª.C.

 Fuero llevados por la fuerza al norte de Mesopotamia y ubicados en el distrito del rio Khabur, a escasa distancia de su hogar ancestral en Harán. Y fui ahí que ocurrió la famosa visión de Ezequiel de un carro celestial. Como sacerdote entrenado, además documentó el sitio y la fecha: “fue en el quinto día del cuarto mes en el quinto año del exilio, o sea alrededor del 594 a.C., cuando estaba entre los exiliados en los bancos del Khabur, que los cielos se abrieron y tuve visiones de Elohim’, señaló Ezequiel al inicio de sus profecías; y lo que vio, apareciendo en un remolino, fueron luces centelleantes y rodeadas por un resplandor, fue un carruaje divino que podía bajar y subir e ir hacia los lados, y dentro de él, ‘sobre algo como un trono, el semblante de un hombre’; y escuchó una voz que se dirigía a él como ‘Hijo de Hombre’ anunciándole su tarea profética.

La declaración del Profeta es usualmente transcrita como ‘visiones de Dios’. El término Elohim, que es plural, ha sido traducido como ‘Dios’ en singular, incluso cuando en la misma Biblia utiliza el plural, como en el Génesis:

‘Y Elohim dijo hagamos al Adán a nuestra imagen y nuestra semejanza’. En realidad el relato del Adán bíblico es una traducción de los mucho más detallados textos sumerios de la creación, donde hubo un grupo de Anunnaki, liderado por Enki, que empleó ingeniería genética para ‘fabricar’ al Adán. El término Elohim se refería a los Anunnaki; y lo que Ezequiel explicó fue que había encontrado una nave celestial Anunnaki cerca de Harán.

La nave celestial vista por Ezequiel fue descrita como elKavod de Dios (‘Ese el cual es fuerte’), el mismo término usado en el Éxodo para describir el vehículo divino que había aterrizado en el Monte Sinaí. La descripción de la nave presentada por Ezequiel ha inspirado a generaciones de artistas y eruditos; y los dibujos resultantes han cambiado con el transcurso del tiempo, según la tecnología existente.

Los textos antiguos se refieren tanto a naves voladoras como a vehículos espaciales, y describen a los dioses Enlil, Enki, Ninurta, Marduk, Toth, Sin, Shamash e Ishtar, para nombrar los más prominentes, como dioses que poseían vehículos voladores y podían deambular por los cielos de la Tierra o involucrarse en batallas aéreas, como entre Horus y Seth o Ninurta y Anzu, para no mencionar a los dioses indoeuropeos.

De todas las variadas descripciones y representaciones pictóricas de las ‘barcas celestiales’ de los dioses, la más apropiada a la visión de Ezequiel de un torbellino parece ser el ‘carruaje remolino’ dibujado en el lugar en Jordania donde el Profeta Elías fue subido al cielo. Como un tipo de helicóptero, tenía que servir como un transbordador espacial hasta donde una nave espacial de gran alcance estuviera estacionada.

La misión de Ezequiel fue profetizar y advertir a sus compatriotas exiliados del venidero Día del Juicio por las injusticias y abominaciones de todas las naciones. Luego, un año más tarde, la misma ‘semblanza de hombre’ se le apareció de nuevo, lo tomó y se lo llevó hasta Jerusalén, para que profetice allí. Como hemos dicho la ciudad estaba pasando por un terrible sitio, que provocó hambruna, una humillante derrota, un saqueo, una ocupación babilónica y el exilio del rey y toda la nobleza. Al llegar allí Ezequiel vio una escena de incumplimiento de la ley y de la observancia religiosa.

Al preguntar que estaba sucediendo, escuchó a los reunidos, en luto, quejándose: “Yahveh no nos observa más, ¡Yahveh ha abandonado la Tierra!”. Esta fue, creemos, la razón por la cual Nabucodonosor se atrevió a atacar Jerusalén de nuevo y destruir el templo de Yahveh. Era una situación idéntica a la que Adda-Guppi había reportado de Harán: ‘Sin, el señor de los dioses, se enojó con su ciudad y su gente, y subió al cielo; y la ciudad y su gente se arruinaron’

No se puede tener certeza de cómo o por qué los sucesos ocurridos en el norte de Mesopotamia despertaron la idea en la distante Judá de que también Yahveh había abandonado la Tierra, pero es evidente que la palabra que Dios y los dioses partieron se había esparcido por todas partes.

Ciertamente, la tablilla VAT 7847, que fue mencionada anteriormente en conexión con el eclipse solar, señala lo siguiente en una sección profética en relación a calamidades que duraron 200 años:

“Crepitantes los dioses, volando, de las tierras se irán, de los pueblos serán separados. La gente dejará que las moradas de los dioses se arruinen. La compasión y la bondad cesarán. Enlil, en furia, se irá”.

Tenemos un documento que expande de forma considerable el éxodo divino: los enojados dioses, liderados por Enlil, volaron lejos de sus tierras. No fue sólo Sin quién estaba molesto y se fue. Hay además otro documento. Está clasificado por los académicos como perteneciente a ‘fuentes proféticas neo-asirias’, aunque sus primeras palabras sugieren la autoría de un devoto de Marduk: “Marduk, el Enlil de los dioses, se enojó.




Su mente se puso furiosa. Diseñó un plan malvado para dispersar la tierra y sus pueblos. Su enojado corazón estaba torcido en arrasar la tierra y su gente. Una dolorosa maldición se formó en su boca. Portentos malvados indicando la rotura de la armonía celestial comenzaron a aparecer en abundancia en el cielo y la Tierra.


Los planetas en los senderos de Enlil, Anu y Ea erraron sus posiciones y repetidamente revelaron augurios anómalos. Arahtu, el río de la abundancia, se convirtió en un torrente embravecido. Una feroz oleada de agua, una avalancha violenta como el Diluvio arrasó la ciudad, sus casas y santuarios, tornándolos en ruinas. Los dioses y diosas tuvieron miedo, abandonaron sus santuarios, volaron lejos como pájaros y subieron al cielo”.

Lo que es común a todos estos textos son las afirmaciones de que los dioses se enojaron con la gente, los dioses ‘volaron lejos como pájaros y ascendieron al cielo. Estamos bastante informados que la partida fue acompañada por inusuales fenómenos celestes y algunos disturbios terrestres. Hay aspectos del Día del Señor como lo profetizado por los Profetas bíblicos: La partida estuvo relacionada al Retorno de Nibiru y los dioses dejaron la Tierra cuando vino Nibiru. El texto VAT 7847 incluye una intrigante referencia a un período calamitoso de dos siglos.

El texto no aclara si esa era una predicción de lo que siguió a la partida de los dioses o si fue durante este momento que creció su enojo y decepción para con la Humanidad, que los empujó a la partida. Parece que esto último es lo más probable, porque probablemente no es coincidencia que la era de la profecía bíblica en relación al pecado de las naciones y el juicio que viene con el Día del Señor comenzase con Amós y Oseas alrededor de 760/750 a.C., dos siglos antes que el retorno de Nibiru.

Durante dos siglos, desde Jerusalén, los profetas clamaron por la justicia y honestidad de la gente y la paz entre las naciones, desdeñando las ofrendas sin sentido y el culto a ídolos sin vida, denunciando las conquistas y la destrucción sin piedad, y advirtiendo a una nación tras otra, incluida Israel, de los inevitables castigos. Pero todo fue en vano. Por esta razón se produjo un gradual incremento del enojo divino y la decepción.

Y la conclusión de los Anunnaki fue que era tiempo de irse. Todo ello trae a la mente la pasada decisión de los dioses, liderados por el decepcionado Enlil, de guardar el secreto del venidero Diluvio a la Humanidad y la huida de los dioses en sus naves aéreas. Ahora, de nuevo, mientras Nibiru estaba acercándose de nuevo, fueron los dioses partidarios de Enlil los que prepararon la partida. ¿Quiénes fueron los dioses que se fueron, cómo lo hicieron, y adónde fueron si Sin pudo volver al cabo de pocas décadas?

Para las respuestas retrocedamos hasta el inicio. Cuando los Anunnaki, liderados por Ea/Enki, vinieron a la Tierra para obtener el oro con el cual proteger su atmósfera planetaria en peligro y se planearon extraer el oro de las aguas del Golfo Pérsico.

Cuando eso no funcionó, cambiaron las operaciones mineras al sudeste de África y luego fundían y refinaban el oro extraído en el E.DIN, la futura Sumer. Su cantidad aumentó a 600 anunnaki en la Tierra más 300 Igigi que operaban las naves aéreas en una estación en Marte, desde la cual las grandes naves espaciales hacia Nibiru podían ser lanzadas con mayor facilidad. Enlil, el hermanastro de Enki y rival por la sucesión, vino y fue puesto como comandante general.

Cuando se amotinaron los Anunnaki por el duro trabajo en las minas, Enki sugirió crear un ‘Trabajador Primitivo’. Y esto fue hecho mediante la mejora genética de un existente homínido. Y entonces los Anunnaki comenzaron a ‘tomar las hijas del Adán como esposas y tuvieron hijos con ellas’. Cuando vino el Diluvio, el enfurecido Enlil dijo “dejemos perecer a la humanidad”’ porque ‘la maldad del Hombre era grande en la Tierra’.

 Pero Enki, a través de un ‘Noé’ frustró el plan. La Humanidad sobrevivió, proliferó, y con el tiempo se le concedió la civilización. El Diluvio que cayó sobre la Tierra inundó las minas en África, pero expuso una veta de oro en las montañas de Los Andes en Sudamérica, permitiendo a los Anunnaki obtener más oro, con mayor rapidez y facilidad, y sin la necesidad de fundirlo y refinarlo, porque las pepitas de oro puro de las montañas sólo necesitaban ser limpiadas. También hizo posible reducir la cantidad de Anunnaki necesarios en la Tierra.

En su visita de estado a la Tierra, alrededor del 4000 a.C., Anu y Antu estuvieron en la tierra aurífera situada en las costas del Lago Titicaca. La visita sirvió como una oportunidad para comenzar a reducir el número de Anunnaki en Tierra. Además se aprobaron tratados de paz para reconducir la rivalidad de los hermanastros y sus seguidores. Pero mientras Enki y Enlil aceparon la división territorial, el hijo de Enki, Marduk, jamás desistió de la disputa por la supremacía que incluía el control de los antiguos puertos espaciales.

 Fue entonces que los partidarios de Enlil comenzaron a preparar instalaciones espaciales alternativas en Sudamérica. Cuando el puerto espacial postdiluviano en el Sinaí fue destruído por las bombas nucleares en el 2024 a.C., las instalaciones en Sudamérica fueron las únicas que permanecieronen manos de los partidarios de Enlil.

Y así, cuando los enojados líderes Anunnaki decidieron que era tiempo de irse, algunos pudieron usar la estación de aterrizaje; otros, quizá con un último botín de oro, tuvieron que utilizar las instalaciones sudamericanas, cerca del lugar donde Anu y Antu estuvieron durante su visita al área. El lugar, ahora llamado PumaPunku, se halla a corta distancia del lago Titicaca.

Pero cuando en el pasado el lago era más grande, PumaPunku estaba ubicado en la orilla sur del lago, con instalaciones portuarias. Todavía puede verse una fila de cuatro estructuras derruidas, cada una formada por un gigantesco monolito vaciado. Cada uno de estos monolitos estaba completamente cubierto con placas de oro, sujetas con clavos de oro, un increíble tesoro que fue saqueado por los españoles.

Todavía constituye un misterio cómo fueron vaciadas con tanta precisión y cómo cuatro enormes rocas fueron llevadas hasta aquel lugar. Los hallazgos arqueológicos del lugar incluyen un gran número de grandes bloques de piedra que fueron cortados y colocados con precisión. No es necesario saber mucho de ingeniería para comprender que esas piedras fueron cortadas, taladradas y conformadas con una increíble capacidad tecnológica y un sofisticado equipamiento. Incluso actualmente es dudoso que una obra de este tipo pudiera hacerse. La confusión aumenta por el misterio del propósito de tales prodigios tecnológicos; obviamente, se trata de algo aún sin develar pero altamente sofisticado. Si era para servir como fundición de instrumentos complejos, ¿de qué tipo de instrumentos se trata?

Sólo los Anunnaki poseían la tecnología para hacer aquellos moldes y emplearlos en su producción. El principal centro de los Anunnaki estaba situado a poca distancia tierra adentro, en un lugar hoy conocido como Tiwanaku (anteriormente conocido como Tiahuanacu), en Bolivia. George Squier, uno de los primeros exploradores europeos en llegar allí en los tiempos actuales, en su libro ‘Perú Ilustrado’ describió el lugar como la ‘Baalbek del Nuevo Mundo’, una comparación más real de lo que él imaginó.

El siguiente explorador importante de Tiwanaku, Arthur Posnansky, en su libro “Tiwanaco – la Cuna del Hombre Americano”, llegó a asombrosas conclusiones en relación a la antigüedad del lugar. Las principales estructuras de superficie en Tiwanaco, aparte de las numerosas estructuras subterráneas, incluyen el Akapana, una colina artificial plagada de canales y compuertas, que parece servían para el proceso de obtención de oro.

La Puerta del Sol es una conocida estructura que también fue cortada a partir de un monolito, con la precisión exhibida en Puma-Punku. 

Probablemente sirvió algún propósito astronómico y como calendario, tal como sugieren las imágenes que se han grabado en este monumento. Estas imágenes son dominadas por una gran imagen del dios Viracocha sosteniendo un arma de rayos, que claramente se parece al dios Adad/Teshub en el Próximo Oriente.

La Puerta del Sol está ubicada de manera que forma una unidad de observación astronómica con otra estructura en Tiwanaco, llamada la Kalasasaya, que es una gran estructura rectangular con un patio hundido y rodeado de cuatro pilares de piedra.

La sugerencia de Posnansky de que el Kalasasaya servía como un observatorio ha sido confirmada por otros exploradores. Su conclusión es que los alineamientos astronómicos de la Kalasasaya muestran que fue construida miles de años antes que los Incas. Esta afirmación era tan increíble que las instituciones astronómicas alemanas enviaron equipos de científicos para investigarlo. Sus informes afirman que la orientación de Kalasasaya sin duda encaja con la inclinación terrestre que había el 10000 a.C., o el 4000 a.C.

Cualquiera de estas fechas es válida: la primera es una fecha que podemos situar un poco después de Diluvio, cuando comenzaron en América las operaciones para obtener oro; y la última fecha es la de la última visita del dios Anu. Ambas fechas encajan con las actividades anunnakis en aquella región, ya que la evidencia de la presencia de los dioses partidarios de Enlil se encuentra por todas partes.

Las investigaciones arqueológicas, geológicas y mineralógicas del área confirmaron que Tiwanaku sirvió también como centro metalúrgico. Varios hallazgos y su similitud con representaciones en antiguos centros hititas, en Turquía, sugieren que las operaciones para obtener oro y estaño (necesario para producir bronce) fueron supervisadas por Ishkur/Adad, el hijo más joven de Enlil. Su dominio en el Viejo Mundo fue Anatolia, donde fue venerado por los hititas como Teshub, el ‘dios del clima’, cuyo símbolo era una vara con rayos.

Este símbolo, enigmáticamente tallado en una empinada ladera de un acantilado, puede ser vista desde el aire o desde el mar en la bahía de Paracas, Perú, un puerto natural alineado con Tiwanaku. Llamado el candelabro, este símbolo tiene unos 140 metros de largo por 80 de ancho, y sus líneas han sido grabadas con una profundidad de medio metro en rocas duras. Y al norte de esta bahía, tierra adentro, en el desierto entre los ríos Ingenio y Nazca, los exploradores han encontrado uno de los más misteriosos enigmas de la antigüedad: las llamadas Líneas de Nazca.

Una vasta área, de unos 300 kilómetros cuadrados, fue empleado por alguien para dibujar en ella imágenes delineadas, con dibujos tan grandes que no tienen sentido a ras de suelo. Pero cuando se ven desde el aire, representan con claridad distintos tipos de animales, algunos conocidos y otros imaginarios.

Estos dibujos fueron hechos removiendo la superficie del terreno hasta una profundidad de varios centímetros. Cualquiera que vuele sobre el área concluye que alguien desde el aire orientó sobre como horadar el terreno. Sin embargo, directamente relacionado con el tema de la partida de los anunnaki, hay algo aún más misterioso en lasLíneas de Nazca: lo que parecen ser anchas pistas de despegue y aterrizaje. Rectas continuas que corren a lo largo de colinas y valles, sin importar la textura del terreno.

Hay unas 740 líneas rectas, combinadas en ocasiones con trapezoides. Con frecuencia se entrecruzan unas a otras sin ton ni son, a veces corriendo sobre los dibujos de animales, revelando que las líneas fueron hechas en diferentes fechas.

Varios intentos para resolver el misterio de las líneas fracasaron cada vez que se explicó como hechas por los nativos peruanos, por gente de la cultura Nazca o por una civilización Paraca. Tampoco han encontrado una explicación los estudios que apuntan a orientaciones astronómicas encubiertas en las líneas, tales como alineamientos con solsticios, equinoccios, algunas estrellas, etc. Para todos los que omiten una solución basada en ‘Antiguos Astronautas’, el enigma sigue sin resolver.

Más que haber estado ahí para posibilitar un despegue, parecen que estas líneas son el resultado del despegue de las naves, que han dejado una huella al deslizarse sobre la superficie. Que las ‘cámaras celestiales’ de los Anunnaki producían tales marcas queda indicado en la pictografía sumeria en relación a las naves espaciales de los dioses. Parece ser que Nazca fue el último puerto espacial de los Anunnaki. Les sirvió cuando el otro puerto espacial en el Sinaí fue destruido, y posteriormente les sirvió para la partida final de nuestro planeta.

Desgraciadamente no hay informes de testigos de vuelos en Nazca. Pero si que hay textos de Harán y Babilonia referentes a los vuelos que empleaban la estación de aterrizaje en Baalbek, Líbano. Los informes de testigos relacionados con esos vuelos y las naves Anunnaki incluyen el testimonio del profeta Ezequiel y las inscripciones de Adda-Guppi y Nabuna’id. La conclusión inevitable debe ser que desde el 610 a.C. hasta el 560 a.C. los dioses Anunnaki fueron abandonando la Tierra de manera sistemática.

Pero, ¿a dónde iban cuando abandonaban la Tierra? Tuvo que ser a un lugar desde donde el dios Sin pudiese retornar relativamente pronto a la Tierra, tal como hemos visto anteriormente. Ese lugar se supone que era la antigua Estación en Marte, desde donde las naves de larga distancia volaban para dirigirse a Nibiru.

El conocimiento sumerio de nuestro sistema solar incluía referencias al empleo de Marte como una estación de paso para los Anunnaki. Esto queda claramente representado en un sello cilíndrico de más de 4500 años de antigüedad, que puede verse en el Museo Hermitage de San Petersburgo, en Rusia.

Este sello muestra un astronauta en Marte, indicado como el sexto planeta, contando desde el exterior del sistema solar, comunicándose con uno en la Tierra, representado como el séptimo planeta, con una nave aérea en los cielos entre ellos. Debido a la menor gravedad marciana comparada con la terrestre, los Anunnaki habían encontrado más fácil y lógico utilizar pequeños transportes espaciales desde la Tierra a Marte, y desde allí, utilizando grandes naves, dirigirse a Nibiru.

Hace un cierto tiempo Marte era considerado un planeta sin oxigeno, sin agua, sin vida y con un ambiente hostil. Pero actualmente hay evidencias de que en Marte hay agua y asimismo se tienen fotografías de estructuras piramidales y de un enigmático rostro humano. Parece que Marte tuvo una atmósfera considerable, de la que aún conserva una delgada capa de oxígeno.

También alguna vez tuvo ríos, lagos, océanos y todavía conserva agua, bajo la superficie o en pequeños lagos congelados. En 2005 naves de la NASAenviaron evidencias químicas y fotográficas que llevaron a esas conclusiones. Todo ello es suficiente para mostrar que Marte pudo servir como una estación espacial para los Anunnaki.

Fue el primer destino de los dioses que se iban de la Tierra, como confirma el rápido retorno del dios Sin. ¿Quiénes se fueron, quiénes se quedaron, quiénes pueden regresar a la Tierra? Creemos que algunas de las respuestas vendrán de Marte.
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