jueves, 21 de diciembre de 2017

¿ Pero quien es ese enigmatico personaje conocido como el Rey del Mundo? (IV)

El Marqués Saint-Yves D’Alveydre, en su obra El Arqueometro, compone El Alfabeto Solar de las 22 letras tomando los siete caracteres del Vattan, más las tres letras extraídas (A, S, Th) y el carácter sagrado AUM.

Todas ellas se rigen por le regla Aritmetológica y poseen además un valor numérico y musical configurándose en matrices o tablas Cosmológicas, según lo define Saint-Yves. El Alfabeto Solar de las 22 letras puede dividirse a su vez en dos grupos de once letras (los siete caracteres del Vattan, más las tres letras extraídas) que a su vez poseen otras veintidós letras reflejadas formando un total de cuarenta y cuatro caracteres precisos. 

Pero dejemos que sea el propio Saint-Yves D’Alveydre quién nos hable del Vattan: “Los Brahmines llaman a este alfabeto Vattan; y parece remontarse a la primera raza humana, pues, por sus cinco formas madres rigurosamente geométricas, se firma él mismo, Adam, Eva, y Adamah. Moisés parece designarlo en el versículo 19 del capítulo II de su Sepher Barashith.



Más aún, este alfabeto se escribe de abajo arriba, y sus letras se agrupan de manera que forman imágenes morfológicas o parlantes. Los pandits borran estos caracteres sobre la pizarra, cuando la lección de los gurús ha terminado. Lo escriben también de izquierda a derecha, como el sánscrito, y por tanto a la europea”. [Saint-Yves D’Alveydre; El Arqueometro]

Al Brahâtmâ pertenece la plenitud de los dos poderes sacerdotal y real. Estos dos poderes se distinguen después para manifestarse, y el Mahâtma representa más especialmente el poder sacerdotal, mientras que el Mahânga representa el poder real. Esta distinción corresponde a la de los Brâhmanes y de los Kshatriyas. Pero, por lo demás, al estar «más allá de las castas», elMahâtmâ y el Mahânga tienen en sí mismos, tanto como el Brahmâtmâ, un carácter a la vez sacerdotal y real.

Hemos hecho alusión precedentemente a los «Reyes Magos» del Evangelio, como uniendo en ellos los dos poderes. Estos personajes misteriosos representan en realidad a los tres jefes del Agarttha. Saint-Yves dice bien que los tres «Reyes Magos» habían venido delAgarttha, pero sin aportar ninguna precisión a este respeto. Los nombres que les son atribuidos ordinariamente son sin duda fantasiosos, salvo, no obstante, el de Melki-Or, en hebreo «Rey de la Luz», que es bastante significativo.

El Mahânga ofrece a Cristo el oro y le saluda como «Rey»; el Mahâtma le ofrece el incienso y le saluda como «Sacerdote»; y finalmente, el Brahmâtmâ le ofrece la mirra (el bálsamo de incorruptibilidad, imagen del Amritâ) y le saluda como «Profeta» o Maestro espiritual por excelencia. El Amritâ de los Hindúes o laAmbrosía de los Griegos (dos palabras etimológicamente idénticas), brebaje o alimento de inmortalidad, era figurado también concretamente por el Soma védico o el Haoma mazdeísta.

Los árboles de resinas incorruptibles desempeñan un papel importante en el simbolismo. En particular, han sido tomados a veces como emblemas de Cristo.

El homenaje rendido así a Cristo naciente, en los tres mundos que son sus dominios respectivos, por los representantes auténticos de la tradición primordial, es al mismo tiempo la prenda de la perfecta ortodoxia del Cristianismo al respecto de ésta.

Naturalmente, Ossendowski no podía contemplar consideraciones de este orden; pero si hubiera comprendido algunas cosas más profundamente de lo que las ha comprendido, habría podido observar la rigurosa analogía que existe entre el ternario supremo del Agarttha y el del Lamaísmo tal como lo indica: el Dalaï-Lama, «que realiza la santidad (o la pura espiritualidad) de Buddha», el Tashi-Lama, «que realiza su ciencia» (no «mágica» como el autor parece creerlo, sino más bien «teúrgica»), y el Bogdo-Khan, «que representa su fuerza material y guerrera»; es exactamente la misma repartición según los «tres mundos». 

Y habría podido incluso hacer esta observación tanto más fácilmente cuanto que él mismo había indicado que «la capital de Agharti recuerda a Lhassa donde el palacio del Dalaï-Lama, el Potala, se encuentra en la cima de una montaña recubierta de templos y de monasterios». Por lo demás, esta manera de expresar las cosas es errónea puesto que invierte las relaciones, ya que, en realidad, es de la imagen de la que se puede decir que recuerda al prototipo, y no lo contrario.

Ahora bien, el centro del Lamaísmo no puede ser más que una imagen del verdadero «Centro del Mundo». Pero todos los centros de este género presentan, en cuanto a los lugares donde están establecidos, ciertas particularidades topográficas comunes, ya que estas particularidades, muy lejos de ser indiferentes, tienen un valor simbólico incontestable y, además, deben estar en relación con las leyes según las cuales actúan las «influencias espirituales».

Esa es una cuestión que depende propiamente de la ciencia tradicional a la que se puede dar el nombre de «geografía sagrada». Hay todavía otra concordancia no menos destacable: Saint-Yves, al describir los diversos grados o círculos de la jerarquía iniciática, que están en relación con algunos números simbólicos, que se refieren concretamente a las divisiones del tiempo, termina diciendo que «el círculo más elevado y más cercano al centro misterioso se compone de doce miembros, que representan la iniciación suprema y que corresponden, entre otras cosas, a la «zona zodiacal».

 Ahora bien, esta constitución se encuentra reproducida en lo que se llama el «consejo circular» del Dalaï-Lama, formado de los doce grandes Namshans (o Nomekhans); y se la encuentra también, por lo demás, hasta en algunas tradiciones occidentales, concretamente en las que conciernen a los «Caballeros de la Tabla Redonda».

Agregaremos también que los doce miembros del círculo interior del Agarttha, desde el punto de vista del orden cósmico, no representan simplemente a los doce signos del Zodiaco, sino también a los doce Adityas, que son otras tantas formas del sol, en relación con esos mismos signos zodiacales. El nombre deAditya significa “Los desendientes de Aditi” En el Rig-Veda se cita el nombre de seis de ellos: Mitra, Aryaman, Bhaga, Varuna, Daksha y Amsa.



Y naturalmente, lo mismo que Manu Vaivaswata es llamado «hijo del Sol», el «Rey del Mundo» tiene también el Sol entre sus emblemas. Se dice que los Adityas (salidos de Aditi o lo «Indivisible») fueron primero siete antes de ser doce, y que su jefe era entonces Varuna. Los doce Adityas son: Dhâtri, Mitra, Aryaman, Rudra, Varuna, Sûrya, Bhaga, Vivaswat, Pûshan, Savitri, Twashtri y Vishnu.

Son otras tantas manifestaciones de una esencia única e indivisible; y se dice también que estos doce soles aparecerán todos simultáneamente en el fin del ciclo, reentrando entonces en la unidad esencial y primordial de su naturaleza común. 

En Gracia, los doce grandes Dioses del Olimpo están también en correspondencia con los doce signos del Zodiaco. El símbolo al que hacíamos alusión es exactamente el que la liturgia católica atribuye a Cristo cuando le aplica el título de Sol Justitiae. El Verbo es efectivamente el «Sol espiritual», es decir, el verdadero «Centro del Mundo». Y, además, esta expresión de Sol Justitiae se refiere directamente a los atributos de Melki-Tsedeq. Hay que observar también que el león, animal solar, es, en la antigüedad y en la Edad Media, un emblema de la justicia al mismo tiempo que del poder.

El signo del león (Leo) es, en el Zodiaco, el domicilio propio del Sol. El Sol de doce rayos puede ser considerado como representando a los doce Adityas. Desde otro punto de vista, si el Sol representa a Cristo, los doce rayos son los doce Apóstoles (la palabra apostolossignifica «enviado», y los doce rayos son también «enviados» por el Sol). Por lo demás, se puede ver en el número de los doce Apóstoles una marca, entre muchas otras, de la perfecta conformidad del Cristianismo con la tradición primordial.

La primera conclusión que se desprende de todo esto, es que hay verdaderamente lazos bien estrechos entre las descripciones que se refieren a centros espirituales más o menos ocultos, o al menos difícilmente accesibles. La única explicación plausible que pueda darse de ello, es que, si esas descripciones se refieren a centros diferentes, estos centros no son por así decir más que emanaciones de un centro único y supremo.

Ya que hacíamos alusión a los «Caballeros de la Tabla Redonda», debemos indicar aquí lo que significa la «gesta del Grial», que, en las leyendas de origen céltico se presenta como su función principal. En todas las tradiciones, se hace alusión a algo que, a partir de una cierta época, se habría perdido o estaría oculto: es, por ejemplo, el Soma de los Hindúes o el Haoma de los Persas, el «brebaje de la inmortalidad», que, precisamente, tiene una relación muy directa con el «Grial», puesto que éste es, se dice, el vaso sagrado que contuvo la sangre de Cristo, la cual es también el «brebaje de la inmortalidad».

Por lo demás, el simbolismo es diferente: así, entre los judíos, es la pronunciación del gran Nombre divino. Pero la idea fundamental es siempre la misma. Recordaremos también, a este respecto, la «Palabra perdida» de la Masonería, que simboliza igualmente los secretos de la iniciación verdadera. Así pues, la «búsqueda de la Palabra perdida» no es más que otra forma de la «gesta del Grial». Esto justifica la relación señalada por el historiador Henri Martin entre la «Massenie du Saint-Grial»y la Masonería. Y existe una conexión muy estrecha entre el simbolismo mismo del «Grial» y el «centro común» de todas las organizaciones iniciáticas.

El Santo Grial se dice que es la copa que se utilizó en la Santa Cena, y donde José De Arimatea recogió después la sangre y el agua que se escapaban de la herida abierta en el costado de Cristo por la lanza del centurión Longino.

Este nombre de Longino está emparentado al nombre mismo de la lanza, en griego logké (que se pronuncia lonké); el latín lancea tiene por lo demás la misma raíz. Según la leyenda, esta copa habría sido transportada a Gran Bretaña por José de Arimatea y Nicodemo. Estos dos personajes representan aquí respectivamente el poder real y el poder sacerdotal.

Ocurre lo mismo con Arturo y Merlín en la institución de la «Tabla Redonda». Y es menester ver en eso la indicación de un lazo establecido entre la tradición céltica y el Cristianismo. La copa, en efecto, desempeña un papel muy importante en la mayoría de las tradiciones antiguas, y sin duda ello era así concretamente con los celtas. Hay que destacar que frecuentemente está asociada a la lanza, y que estos dos símbolos son entonces, en cierto modo, complementarios el uno del otro.



El simbolismo de la lanza está frecuentemente en relación con el «Eje del Mundo». A este respecto, la sangre que gotea de la lanza tiene la misma significación que el rocío que emana del «Árbol de la Vida». Por lo demás, se sabe que todas las tradiciones son unánimes en afirmar que el principio vital está íntimamente ligado a la sangre. Lo que muestra quizás más claramente la significación esencial del «Grial» es lo que se dice de su origen: “esta copa habría sido tallada por los Ángeles en una esmeralda caída de la frente de Lucifer en el momento de su caída”.

Algunos dicen una esmeralda caída de la corona de Lucifer. Pero en eso hay una confusión que proviene de que Lucifer, antes de su caída, era el «Ángel de la Corona» (es decir, de Kether, la primera Sephirah), en hebreo Hakathriel, nombre que tiene por lo demás como número el famoso 666 del Apocalipsis. Esta esmeralda recuerda de una manera muy llamativa a la urnâ, la perla frontal que, en el simbolismo hindú (de donde ha pasado al Budismo), ocupa frecuentemente el lugar del tercer ojo de Shiva, que representa lo que se puede llamar el «sentido de la eternidad». Por lo demás, se dice que el «Grial» fue confiado a Adam en el paraíso terrestre, pero que, en su caída, Adam lo perdió a su vez, ya que no pudo llevarle con él cuando fue arrojado del Edén.

 El hombre, apartado de su centro original, se encontraba desde entonces encerrado en la esfera temporal y ya no podía encontrar el punto único desde donde todas las cosas se contemplan bajo el aspecto de la eternidad. En otros términos, la posesión del «sentido de la eternidad» está ligada a lo que todas las tradiciones llaman el «estado primordial», cuya restauración constituye la primera etapa de la verdadera iniciación, puesto que es la condición previa de la conquista efectiva de los estados «suprahumanos». Por lo demás, el Paraíso terrestre representa propiamente el «Centro del Mundo», representado por el sentido original de la palabra Paraíso.

Lo que sigue puede parecer más enigmático: Seth pudo entrar en el Paraíso terrestre y recobrar el precioso vaso. Seth, o Set, deidad de la fuerza bruta, de lo tumultuoso, lo incontenible. Señor de lo que no es bueno y las tinieblas, dios de la sequía y del desierto en la mitología egipcia. Seth fue la divinidad patrona de las tormentas, la guerra y la violencia, también fue patrón de la producción de los oasis (dinastía XIX).

Ahora bien, el nombre de Seth expresa las ideas de fundamento y de estabilidad, y, por consiguiente, indica en cierto modo la restauración del orden primordial destruido por la caída del hombre. Se dice que Seth permaneció cuarenta años en el Paraíso terrestre. Este número 40 tiene también un sentido de «reconciliación» o de «retorno al principio». 

Los periodos medidos por este número se encuentran muy frecuentemente en la tradición judeocristiana. Recordemos los cuarenta días del diluvio, los cuarenta años durante los cuales los Israelitas erraron en el desierto, los cuarenta días que Moisés pasó en el Sinaí, los cuarenta días de ayuno de Cristo. La Cuaresma tiene naturalmente la misma significación.

Así pues, se debe comprender que Seth, y aquellos que después de él poseyeron el Grial, pudieron establecer un centro espiritual destinado a reemplazar el Paraíso perdido, que era como una imagen de éste. Y entonces, esta posesión del Grial representa la conservación integral de la tradición primordial en un centro espiritual. Por lo demás, la leyenda no dice dónde ni por quién fue conservado el Grial hasta la época de Cristo. Pero el origen céltico que se le reconoce debe dar a entender sin duda que los Druidas tuvieron una parte en ello y que deben ser contados entre los conservadores regulares de la tradición primordial.

La pérdida del Grial, o de alguno de sus equivalentes simbólicos, es la pérdida de la tradición con todo lo que ésta conlleva. Por lo demás, esta tradición no puede estar perdida más que para algunos centros secundarios, cuando éstos cesan de estar en relación directa con el centro supremo. En cuanto a este último, guarda siempre intacto el depósito de la tradición, y no es afectado por los cambios que sobrevienen en el mundo exterior.

Tanto es así que, según diversos Padres de la Iglesia, y concretamente San Agustín, el diluvio no ha podido alcanzar el Paraíso terrestre, que es «La habitación de Henoch y la Tierra de los Santos», y cuya cima «toca la esfera lunar». Es decir, se encuentra en el punto de comunicación de la Tierra y de los Cielos. Según el Génesis: «Y Henoch marchó con Dios, y ya no apareció más (en el mundo visible o exterior), porque se lo llevo Dios». Habría sido transportado entonces al Paraíso terrestre. Esto es conforme al simbolismo empleado por Dante, que sitúa el Paraíso terrestre en la cima de la montaña del Purgatorio, que se identifica como la «montaña polar» de todas las tradiciones.

 Pero, del mismo modo que el Paraíso terrestre ha devenido inaccesible, el centro supremo, puede no estar manifestado exteriormente. Y entonces se puede decir que la tradición está perdida para el conjunto de la humanidad, ya que no es conservada más que en algunos centros rigurosamente cerrados. Y la masa de los hombres no participa ya en ella de una manera consciente y efectiva, contrariamente a lo que había tenido lugar en el estado original.

La tradición hindú enseña que no había en el origen más que una sola casta, que era denominada Hamsa. Eso significa que todos los hombres poseían entonces el grado espiritual que es designado por este nombre, y que queda más allá de la distinción de las cuatro castas actuales. Tal es precisamente la condición de la época actual, cuyo comienzo, por lo demás, se remonta mucho más allá de lo que es accesible a la historia ordinaria.

Así pues, la pérdida de la tradición, según los casos, puede ser entendida en este sentido general, o bien puede referirse al oscurecimiento del centro espiritual que regía más o menos invisiblemente los destinos de un pueblo particular o de una civilización determinada.

Al «estado primordial» y «tradición primordial», se refiere el doble sentido que es inherente a la palabra Grial misma, ya que el Grial es a la vez un vaso (grasale) y un libro (gradale o graduale). Y este último aspecto designa manifiestamente a la tradición, mientras que el otro concierne más directamente al estado mismo. En algunas versiones de la leyenda del Santo Grial, los dos sentidos se encuentran estrechamente unidos, ya que el libro deviene entonces una inscripción trazada por Cristo o por un Ángel sobre la copa misma. Habría en eso aproximaciones con el «Libro de la Vida» y con algunos elementos del simbolismo apocalíptico.

No es objetivo de este artículo entrar en los detalles secundarios de la leyenda del Santo Grial, aunque todos tengan también un valor simbólico, ni de seguir la historia de los Caballeros de la «Tabla Redonda»y de sus hazañas. Mencionaremos solo que la «Tabla Redonda», construida por el rey Arturo en base a los planos de Merlín, estaba destinada a recibir el Grial cuando alguno de sus caballeros hubiera llegado a conquistarle y le hubiera llevado de Gran Bretaña a Armorica. El nombre de Arturo tiene un sentido muy destacable, que se vincula al simbolismo «polar». Esta tabla es también un símbolo verdaderamente muy antiguo, uno de aquellos que fueron siempre asociados a la idea de los centros espirituales, conservadores de la tradición. Por lo demás, la forma circular de la tabla está ligada formalmente al ciclo zodiacal por la presencia alrededor de ella de doce personajes principales, particularidad que se encuentra en la constitución de todos los centros de que se trata. Los «Caballeros de la Tabla Redonda» son a veces en número de cincuenta, que era, para los hebreos, el número del Jubileo, y que se refiere también al «reino del Espíritu Santo». Pero, incluso entonces, había siempre doce que desempeñaban un papel preponderante. Recordamos también, a este propósito, los doce pares de Carlomagno en otros relatos legendarios de la Edad Media o los doce dioses principales de distintas mitologías, como la sumeria.


miércoles, 20 de diciembre de 2017

¿ Pero quien es ese enigmatico personaje conocido como el Rey del Mundo? (III)

El escritor francés Paul Vulliaud habla de un «misterio relativo al Jubileo», lo que se vincula en un sentido a la idea de «Paz», y, a este propósito, cita este texto del Zohar: «El río que sale del Eden lleva el nombre de Iobel», así como el texto de Jeremías: «Él extenderá sus raíces hacía el río», de donde resulta que «la idea central del Jubileo es la reposición de todas las cosas en su estado primitivo». 

Y está claro que se trata de ese retorno al «estado primordial» que consideran todas las tradiciones. Y, cuando se agrega que «el retorno de todas las cosas a su primer estado marcará la era mesiánica», podrán establecerse relaciones entre el «Paraíso terrestre» y la «Jerusalem celeste». 

Por lo demás, aquello de lo que se trata en todo esto, es siempre, en fases diversas de la manifestación cíclica, el Pardes, o centro de este mundo, que el simbolismo tradicional de todos los pueblos compara al corazón, centro del ser y «residencia Divina» (Brahma-pura en la doctrina hindú), así como al Tabernáculo, que es su imagen y que, por esta razón, es llamado en hebreo mishkan o «habitáculo de Dios», palabra cuya raíz es la misma que la de Shekinah. 

Desde otro punto de vista, la Shekinah es la síntesis de losSephiroth. Ahora bien, en el árbol sephirótico, la «columna de la derecha» es el lado de la Misericordia, y la «columna de la izquierda» es el lado del Rigor. Un simbolismo enteramente comparable es expresado por la figura medieval del «árbol de los vivos y de los muertos», que tiene además una relación muy clara con la idea de «posteridad espiritual».



Es menester destacar que el árbol sephirótico es considerado también como identificándose al «Árbol de la Vida». Así pues, debemos reencontrar también estos dos aspectos en la Shekinah, y podemos precisar ya, para vincular esto a lo que precede, que, bajo una cierta relación al menos, el Rigor se identifica a la Justicia y la Misericordia a la Paz.

Según el Talmud, conjunto de discusiones rabínicas sobre leyes judías, tradiciones, costumbres, leyendas e historias, Dios tiene dos sedes, la de la Justicia y la de la Misericordia. Estas dos sedes corresponden también al «Trono» y a la «Silla» de la tradición islámica. Por otra parte, esta misma tradición divide los hombres divinos çifâtiyah, es decir, aquellos que expresan atributos deAllah propiamente dichos, en «nombres de majestad» (jalâliyah) y «nombres de belleza» (jamâliyah), lo que responde también a una distinción del mismo orden. «Si el hombre peca y se aleja de la Shekinah, cae bajo el poder de las potencias (Sârim) que dependen del Rigor», y entonces la Shekinah es llamada«mano de rigor», lo que recuerda inmediatamente el símbolo bien conocido de la «mano de la justicia»; pero, al contrario, «si el hombre se acerca a la Shekinah, se libera», y la Shekinah es la «la mano derecha» de Dios, es decir, que la mano de «justicia» deviene entonces la «mano que bendice». 

Según San Agustín y diversos otros Padres de la Iglesia, la mano derecha representa de igual modo la Misericordia o la Bondad, mientras que la mano izquierda, en Dios sobre todo, es el símbolo de la Justicia. La «mano de justicia» es uno de los atributos ordinarios de la realeza; la «mano que bendice» es un signo de la autoridad sacerdotal, y ha sido tomada a veces como símbolo de Cristo. Esta figura de la «mano que bendice» se encuentra en algunas monedas celtas, lo mismo que la swastika, a veces de brazos curvados. Éstos son los misterios de la «Casa de la Justicia» (Beith-Din), lo que es también otra designación del centro espiritual supremo.

Este centro, o uno cualquiera de los que están constituidos a su imagen, puede ser descrito simbólicamente a la vez como un templo, aspecto sacerdotal, que corresponde a la Paz, y como un palacio o un tribunal, aspecto real, que corresponde a la Justicia. Y los dos símbolos que acabamos de explicar son aquellos en los que se reparten los elegidos y los condenados en las representaciones cristianas del «Juicio final». 

Se podría establecer igualmente una aproximación con las dos vías que los Pitagóricos indicaban con la letra Y, y que representaba, bajo una forma exotérica, el mito de Hércules entre la Virtud y el Vicio. Con las dos puertas, celeste e infernal, que estaban asociadas al simbolismo de Janus; con las dos fases cíclicas ascendente y descendente que, entre los hindúes, se vinculan igualmente al simbolismo de Ganêsha, una de las deidades más conocidas y adoradas del panteón hindú. Se trata de las dos mitades del ciclo zodiacal, que se encuentra representado frecuentemente en el pórtico de las iglesias de la Edad Media con una disposición que le da manifiestamente la misma significación. 

En fin, es fácil comprender por todo esto lo que quieren decir verdaderamente expresiones como las de «intención recta» y de «buena voluntad» («Pax hominibus bonae voluntatis»). Y aquellos que tienen algún conocimiento de los diversos símbolos a los que acabamos de hacer alusión verán que no carece de fundamento que la fiesta de Navidad coincida con la época del solsticio de invierno, cuando se tiene cuidado de dejar a un lado todas las interpretaciones exteriores, filosóficas y morales, a las que han dado lugar desde los Estoicos, representantes del estoicismo, escuela filosófica fundada hacia el 300 a. C. por Zenón de Citio, hasta el importante filósofo prusiano del siglo XVIII, Immanuel Kant.

Metatron es elnombre que es numéricamente equivalente al de Shaddaï, el «Todopoderoso», que se dice que es el nombre del Dios de Abraham. El número de cada uno de estos nombres, obtenido por la adición de los valores de las letras hebraicas de que están formados, es 314. La etimología de la palabra Metatron es muy incierta. Entre las diversas hipótesis que se han emitido sobre este tema, una de las más interesantes es la que la hace derivar del caldeo Mitra, que significa «lluvia», y que tiene también, por su raíz, una cierta relación con la «luz». Por lo demás, la similitud con el Mitra hindú y el Mitra zoroastriano persa constituye una razón suficiente para admitir una apropiación por el Judaísmo de doctrinas extranjeras. Y diremos otro tanto en lo que concierne al papel atribuido a la lluvia en casi todas las tradiciones, en tanto que símbolo del descenso de las «influencias espirituales» del Cielo sobre la Tierra. 



A este propósito, señalamos que la doctrina hebraica habla de un «rocío de luz» que emana del «Árbol de la Vida» y por el cual debe operarse la resurrección de los muertos, así como de una «efusión del rocío» que representa la influencia celeste comunicándose a todos los mundos, lo que recuerda singularmente el simbolismo alquímico y rosacruz. 

«El término Metatron conlleva todas las acepciones de guardián, de Señor, de enviado, de mediador»; es «el autor de las teofanías en el mundo sensible»; es «Ángel de la Faz», y también «el Príncipe del Mundo» (Sâr ha-ôlam). Para emplear el simbolismo tradicional, diremos que, como el jefe de la jerarquía iniciática es el «Polo terrestre», Metatron es el «Polo celeste»; y éste tiene su reflejo en aquél, con el que está en relación directa siguiendo el «Eje del Mundo». «Su nombre es Mikaël, el Sumo Sacerdote que es holocausto y oblación ante Dios».

Y todo lo que hacen los Israelitas sobre la tierra se cumple según lo que pasa en el mundo celeste. El Sumo Pontífice aquí abajo simboliza a Mikaël, príncipe de la Clemencia. En todos los pasajes en los que la Escritura habla de la aparición de Mikaël, se trata de la gloria de laShekinah. 

Lo que se dice aquí de los Israelitas puede decirse igualmente de todos los pueblos poseedores de una tradición verdaderamente ortodoxa, tales como los representantes de la tradición primordial, de la que todas las otras derivan y a la que todas están subordinadas. Y esto está en relación con el simbolismo de la «Tierra Santa», imagen del mundo celeste. 

Por otra parte, Metatron no tiene solo el aspecto de la Clemencia, tiene también el de la Justicia; no es solo el «Sumo Sacerdote» (Kohen ha-gâdol), sino también el «Gran Príncipe» (Sâr ha-gadol) y el «jefe de las milicias celestes». Es decir, que en él está el principio del poder real, así como el del poder sacerdotal o pontifical al que corresponde propiamente la función de «mediador». Por lo demás, es menester destacar que Melek, «rey», y Maleak, «ángel» o «enviado», no son en realidad más que dos formas de una sola y misma palabra. 

Además, Malaki, «mi enviado» (es decir, el enviado de Dios, o «el ángel en el que está Dios», Maleak ha-Elohim), es el anagrama de Mikaël. Esta última precisión recuerda naturalmente estas palabras: «Benedictus qui venit in nomine Domini». Estas palabras se aplican a Cristo, que se asimila precisamente a Mikaël de una manera que puede parecer bastante extraña, pero que no debe sorprender a aquellos que comprenden la relación que existe entre el Mesías y la Shekinah. Cristo es llamado también «Príncipe de la Paz», y es al mismo tiempo el «Juez de los vivos y de los muertos».

Conviene agregar que, si Mikaël se identifica a Metatron, no obstante no representa más que uno de sus aspectos. Al lado de la faz luminosa hay una faz obscura. Y ésta es representada porSamaël, que es igualmente llamado Sâr haôlam. 

En efecto, es este último aspecto, y solo éste, el que es «el genio de este mundo» en un sentido inferior, el Princeps hujus mundi de que habla el Evangelio; y sus relaciones con Metatron, de quien es como la sombra, justifican el empleo de una misma designación en un doble sentido, al mismo tiempo que hacen comprender por qué el número apocalíptico 666, el «número de la Bestia», es también un número solar. Este número está formado concretamente por el nombre de Sorath, demonio del Sol, y opuesto como tal al ángel Mikaël. 

Por lo demás, según San Hipólito, «el Mesías y el Anticristo tienen los dos como emblema el León», que es también un símbolo solar. Y podría hacerse la misma precisión para la serpiente y para muchos otros símbolos. Los dos aspectos opuestos son expresados concretamente por las dos serpientes del caduceo. 

En la iconografía cristiana, están reunidos en el «anfisbeno», la serpiente de dos cabezas, de las que una representa a Cristo y la otra a Satán. Desde el punto de vista kabbalístico, representa también las dos caras opuestas de Metatron. De una manera general, se podrían hablar de este doble sentido de los símbolos. 

Y solo diremos que la confusión entre el aspecto luminoso y el aspecto tenebroso, constituye propiamente el «satanismo»; y es precisamente esta confusión la que cometen aquellos que creen descubrir una significación infernal en la designación del «Rey del Mundo». Señalaremos también que el «Globo del Mundo», insignia del poder imperial o de la monarquía universal, se encuentra colocado frecuentemente en la mano de Cristo, lo que muestra por lo demás que es tanto el emblema de la autoridad espiritual como del poder temporal.



Según Saint-Yves, el jefe supremo del Agarttha lleva el título de Brahâtmâ, o sería más correcto escribir Brahmâtmâ, «soporte de las almas en el Espíritu de Dios». Sus dos asesores son el Mahâtmâ, «que representa al Alma universal», y el Mahânga «símbolo de toda la organización material del Cosmos». 

Es la división jerárquica que las doctrinas occidentales representan por el ternario «espíritu, alma, cuerpo», y que se aplica aquí según la analogía constitutiva del Macrocosmo y del Microcosmo. Importa precisar que estos términos, en sánscrito, designan propiamente principios, y que no pueden ser aplicados a seres humanos, sino en tanto que éstos representan esos mismos principios. 

Según Ossendowski, el Mahâtmâ «conoce los acontecimientos del porvenir», y el Mahânga, «dirige las causas de esos acontecimientos»; en cuanto al Brahmâtmâ, puede «hablar a Dios cara a cara». Y es fácil comprender lo que eso quiere decir, si se recuerda que ocupa el punto central donde se establece la comunicación directa del mundo terrestre con los estados superiores y, a través de éstos, con el Principio supremo. Según la tradición extremo oriental, el «Invariable Medio» es el punto donde se manifiesta la «Actividad del Cielo».

Se ha visto que Metatron es el «Ángel de la Faz». Por lo demás, la expresión de «Rey del Mundo», si se quisiera entenderla únicamente en relación al mundo terrestre, sería muy inadecuada. Sería más exacto aplicar al Brahmâtmâ la de «Señor de los tres mundos», ya que, en toda jerarquía verdadera, el que posee el grado superior posee al mismo tiempo todos los grados subordinados. Y estos «tres mundos» (que constituyen elTribhuvana de la tradición hindú) son los dominios que corresponden respectivamente a las tres funciones que enumerábamos antes.

A aquellos que se sorprendan de una tal expresión, podríamos preguntarles si han reflexionado alguna vez en lo qué significa el triregnum, la tiara con tres coronas que es, con las llaves, una de las principales insignias del Papado.«Cuando sale del templo, dice Ossendowski, el Rey del Mundo irradia Luz divina». La Biblia hebraica dice exactamente lo mismo de Moisés cuando descendía del Sinaí. Y hay que precisar, al respecto de esta aproximación, que la tradición islámica considera a Moisés como habiendo sido el «Polo» (El-Qutb) de su época; ¿no sería por esta razón por lo que la Kabbala dice que Moisés fue instituido por Metatron mismo? 

Todavía convendría distinguir aquí entre el centro espiritual principal de nuestro mundo y los centros secundarios que pueden estarle subordinados, y que le representan solo en relación a tradiciones particulares, adaptadas más especialmente a pueblos determinados. 

Haremos observar no obstante que la función de «legislador» (en árabe rasûl), que es la de Moisés, supone necesariamente una delegación del poder que designa el nombre de Manu; y, por otra parte, una de las significaciones contenidas en este nombre de Manu indica precisamente la reflexión de la Luz divina. «El Rey del Mundo, dijo un lama a Ossendowski, está en relación con los pensamientos de todos aquellos que dirigen el destino de la humanidad… Conoce sus intenciones y sus ideas. 

Si complacen a Dios, el Rey del Mundo les favorecerá con su ayuda invisible; si desagradan a Dios, el Rey provocará su fracaso. Este poder se ha dado a Agharti por la ciencia misteriosa de Om, palabra por la que comenzamos todas nuestras plegarias».

Inmediatamente después viene esta frase, que, para todos aquellos que tienen solo una vaga idea de la significación del monosílabo sagrado Om, debe ser una causa de estupefacción: «Om es el nombre de un antiguo santo, el primero de los Goros (Ossendowski escribe goro por guru), que vivió hace trescientos mil años». En efecto, esta frase es absolutamente ininteligible si no se piensa que la época de que se trata es muy anterior a la era del presente Manu. Por otra parte, el Adi-Manu o primer Manu de nuestro kalpa, palabra en sánscrito que significa Eón o largo período, en que Vaivaswata es el séptimo Manu, antecesor de la raza postdiluviana, o sea nuestra propia humanidad (la quinta). 

También es llamado Swâyambhuva, es decir, salido deSwayambhû, «El que subsiste por sí mismo», o el Logos eterno. Ahora bien, el Logos, o aquél que le representa directamente, puede ser designado verdaderamente como el primero de losGurus o «Maestros espirituales»; y, efectivamente, Om es en realidad un nombre del Logos. Se dice también que Moisés debió cubrir entonces su rostro con un velo para hablar al pueblo que no podía soportar su resplandor (Exodo). En el sentido simbólico, esto indica la necesidad de una adaptación exotérica. Recordamos a este propósito la doble significación de la palabra «revelar», que puede querer decir «apartar el velo», pero también «recubrir de un velo». Y es así como la palabra manifiesta y vela a la vez el pensamiento que expresa.



Este nombre se encuentra también, de una manera bastante sorprendente, en el antiguo simbolismo cristiano, donde, entre los signos que sirvieron para representar a Cristo, se ha encontrado uno que ha sido considerado más tarde como una abreviación de Ave Maria, pero que fue primitivamente un equivalente de aquél que reunía las dos letras extremas del alfabeto griego, alfa y omega, para significar que el Verbo es el principio y el fin de todas las cosas.

En realidad, el símbolo en cuestión es incluso más completo, ya que significa el principio, el medio y el fin. Este signo se descompone en efecto en AVM, es decir, en las tres letras latinas que corresponden exactamente a los tres elementos constitutivos del monosílabo Om (puesto que la vocal o, en sánscrito, está formada por la unión de a y de u). La aproximación de este signo Aum y de la swastika, tomados el uno y el otro como símbolos de Cristo, nos parece particularmente significativa. Por otra parte, todavía es menester precisar que la forma de este mismo signo presenta dos ternarios dispuestos en sentido inverso el uno del otro, lo que es de hecho, a ciertos respectos, un equivalente del «sello de Salomón». 

Por otra parte, la palabraOm da inmediatamente la clave de la repartición jerárquica de las funciones entre el Brahmâtmây sus dos asesores. En efecto, según la tradición hindú, los tres elementos de este monosílabo sagrado simbolizan respectivamente los «tres mundos» o los tres términos del Tribhuvana: la Tierra (Bhû), la Atmósfera (Bhuvas) y el Cielo (Swar), es decir, el mundo de la manifestación corporal, el mundo de la manifestación sutil o psíquica, y el mundo en modo no manifestado. 

Estos son los dominios propios del Mahânga, del Mahâtmâ y del Brahmâtmâ, como se puede ver remitiéndose a la interpretación de sus títulos. Y son las relaciones de subordinación que existen entre estos diferentes dominios las que justifican, para el Brahmâtmâ, la denominación de «Señor de los tres mundos»: «Éste es el Señor de todas las cosas, el omnisciente (que ve en modo inmediato todos los efectos en su causa), el ordenador interno (que reside en el centro del mundo y le rige desde dentro, dirigiendo su movimiento sin participar en él), la fuente (de todo poder legítimo), el origen y el fin de todos los seres (de la manifestación cíclica cuya Ley representa)».

En el orden de los principios universales, la función del Brahmâtmâ se refiere a Ishwara, la delMahâtmâ a Hiranyagarbha, y la del Mahânga a Virâj. Sus atribuciones respectivas podrían deducirse de esta correspondencia. Para servirnos también de otro simbolismo, diremos que elMahânga representa la base del triángulo iniciático, y el Brahmâtmâ su cima; entre los dos, elMahâtmâ encarna en cierto modo un principio mediador (la vitalidad cósmica, el Anima Mundi de los hermetistas), cuya actuación se despliega en el «espacio intermediario». 

Y todo esto es figurado muy claramente por los caracteres correspondientes del alfabeto sagrado que Saint-Yves denomina vattan y Ossendowski vatannan, o, lo que equivale a lo mismo, por las formas geométricas (línea recta, espiral y punto) a las cuales se reducen esencialmente los tres mâtrâso elementos constitutivos del monosílabo Om. Vattan es el Lenguaje Universal Hierográfico, aquél que en la India ancestral denominaban Vattan y los Hermanos del Cosmos llamaban Irdin. El propio Lenguaje Sagrado de los Dioses. El Vattan, reúne en sí mismo todos los componentes cósmicos de la estructura primordial de la Vida. Pues es el Leguaje Creador por su Verbo. Y su estructura está compuesta por siete caracteres diferentes que pueden adoptar cuatro posturas o posiciones cada uno, lo que hace un total de veintiocho caracteres distintos.

Existen siete altas escuelas y cuatro sagrados colegios, al igual que existen siete rayos de energía y cuatro elementos distintos. Los caracteres se agrupan también de modo que puedan tomarse como notas musicales, y éstas a su vez se combinan formando acordes fonéticos, lo que permite que los Hierogramas, puedan ser interpretados como notaciones musicales y ser entonados en solfeo, al mismo tiempo que ellos pueden ser también declamados fonéticamente. La complejidad del solfeo de los signos teúrgicos que comprende la gran ciencia del Aum, es indescriptible y el adepto que la domina puede alcanzar el Samâdhi, el éxtasis supremo, que permite la Visión Divina por medio de la Teúrgia, la unión mágica con el propio Dios interno. En ella, el Yo superior revela al ‘arhat’ las verdades del plano en el que actúa, pasando la Mónada a controlar directamente los cuerpos materiales. Los siete caracteres del Vattan están compuestos por las cinco formas madres de la morfología.

martes, 19 de diciembre de 2017

¿ Pero quien es ese enigmatico personaje conocido como el Rey del Mundo? (II)

Ossendowski asegura que él mismo ha asistido a uno de esos momentos de recogimiento general. Hay sobre todo, como coincidencia extraña, la historia de una isla, hoy en día desaparecida, donde vivían hombres y animales extraordinarios.

Saint-Yves cita el resumen delperiplo de Jámbulo, por Diodoro de Sículo o de Sicilia, mientras que Ossendowski habla del viaje de un antiguo budista del Nepal, y no obstante, sus descripciones se diferencian muy poco. 

Si verdaderamente existen de esta historia dos versiones que provienen de fuentes tan alejadas la una de la otra, podría ser interesante recuperarlas y compararlas. Independientemente de los testimonios que Ossendowski nos ha indicado, se sabe, por fuentes muy diferentes, que los relatos de este género son algo corriente en Mongolia y en toda el Asia central; y existe algo parecido en las tradiciones de casi todos los pueblos.



Por otra parte, si Ossendowski hubiera copiado en parte la Mission de l´Inde, no vemos muy bien por qué habría omitido adrede algunos pasajes, ni por qué habría cambiado la forma de algunas palabras, escribiendo por ejemplo Agharti en lugar de Agarttha, lo que se explica al contrario muy bien si ha recibido de fuente mongola las informaciones que Saint-Yves había obtenido de fuente hindú, ya que éste estuvo en relaciones con dos hindúes al menos. Los adversarios de Ossendowski han querido explicar el mismo hecho pretendiendo que había tenido en sus manos una traducción rusa de laMission de l´Inde, traducción cuya existencia es más que problemática, puesto que los herederos mismos de Saint-Yves la ignoran enteramente. 

Se ha reprochado también a Ossendowski escribir Om mientras que Saint-Yves escribe Aum. Ahora bien, si Aum es la representación del monosílabo sagrado descompuesto en sus elementos constitutivos, no obstante es Om el que es la transcripción correcta y el que corresponde a la pronunciación real, tal como existe tanto en la India como en el Tíbet y en Mongolia. Tampoco comprendemos por qué habría empleado, para designar al jefe de la jerarquía iniciática, el título de «Rey del Mundo», título que no figura en ninguna parte en Saint-Yves. Aunque se debieran admitir algunos plagios, por eso no sería menos cierto que Ossendowski dice a veces cosas que no tienen su equivalente en la Mission de l´Inde, y que son las que no ha podido inventar de ninguna manera.

Tal es, por ejemplo, la historia de una «piedra negra» enviada antaño por el «Rey del Mundo» alDaläi-Lama, 

transportada después a Ourga, en Mongolia, y que desapareció unos cien años antes de que René Guénon escribiese el Rey del Mundo. Ossendowski, que no sabía que se trataba de un aerolito, buscaba explicar ciertos fenómenos, como la aparición de caracteres en su superficie, suponiendo que era una suerte de pizarra. Ahora bien, en numerosas tradiciones, las «piedras negras» desempeñan un papel importante, desde la que era el símbolo de Cybeles hasta la que está engastada en la Kaabah de la Meca. 

Habría que hacer también una aproximación curiosa con el lapsit exillis, piedra caída del cielo y sobre la cual aparecían inscripciones igualmente en ciertas circunstancias, y que es identificada con el Grial en la versión de Wolfram d’Eschenbach. Lo que lo hace todavía más singular, es que, según esa misma versión, el Grial fue finalmente transportado al «Reino del Prestejuan», que algunos han querido asimilar precisamente a Mongolia, aunque, por lo demás, ninguna localización geográfica pueda ser aceptada literalmente. 

He aquí otro ejemplo: el Bogdo-Khan o «Buddha vivo», que reside en Ourga, conserva, entre otras cosas preciosas, el anillo de Gengis-Khan, sobre el cual hay grabado un swastika, y una placa de cobre que lleva el sello del «Rey del Mundo». Parece que Ossendowski no vio más que el primero de esos dos objetos, pero le habría sido bastante difícil imaginar la existencia del segundo. Si se cita a Ossendowski e incluso a Saint-Yves, es únicamente porque lo que han dicho puede servir de punto de partida a diversas consideraciones.

El título de «Rey del Mundo», tomado en su acepción más elevada, la más completa y al mismo tiempo la más rigurosa, se aplica propiamente a Manu, el Legislador primordial y universal, cuyo nombre se encuentra, bajo formas diversas, en un gran número de pueblos antiguos; a este respecto, recordaremos solo el Mina o Ménès de los egipcios, el Menw de los celtas y el Minosde los griegos. Minos era a la vez el Legislador de los vivos y el Juez de los muertos; en la tradición hindú.

Estas dos funciones pertenecen respectivamente a Manu y a Yama, pero éstos son representados como hermanos gemelos, lo que indica que se trata del desdoblamiento de un principio único, considerado bajo dos aspectos diferentes. Por lo demás, este nombre no designa de ningún modo a un personaje histórico o más o menos legendario; lo que designa en realidad, es un principio, la Inteligencia cósmica que refleja la Luz espiritual pura y formula la Ley (Dharma) propia a las condiciones de nuestro mundo o de nuestro ciclo de existencia; y es al mismo tiempo el arquetipo del hombre considerado especialmente en tanto que ser pensante (en sánscrito mânava).

Por otra parte, lo que importa esencialmente destacar aquí, es que este principio puede ser manifestado por un centro espiritual establecido en el mundo terrestre, por una organización encargada de conservar integralmente el depósito de la tradición sagrada, de origen «no-humano» (apaurushêya), por la que la Sabiduría primordial se comunica a través de las edades a aquellos que son capaces de recibirla. 

El jefe de una tal organización, que representa en cierto modo a Manu mismo, podrá legítimamente llevar su título y sus atributos. E incluso, por el grado de conocimiento que debe haber alcanzado para poder ejercer su función, se identifica realmente al principio del que es como la expresión humana, y ante el cual su individualidad desaparece. Tal es efectivamente el caso del Agarttha, si ese centro ha recogido, como lo indica Saint-Yves, la herencia de la antigua «dinastía solar» (Sûrya-vansha) que residía antaño enAyodhyâ, y que hacía remontar su origen a Vaivaswata, el Manu del ciclo actual. 

Esta sede de la «dinastía solar», si se la considera simbólicamente, puede ser aproximada a la «Ciudadela solar» de los Rosa-Cruz, y sin duda también a la «Ciudad del Sol» de Campanella. Tommaso Campanella (1568 – 1639) fue un filósofo y poeta italiano. Es también citado por su nombre castellanizado, Tomás Campanella. Su nombre antes de entrar en la Orden Dominica fue Giovanni Domenico Campanella. Escribió, entre otras muchas obras, una defensa de Galileo y el tratado utópico La ciudad del sol (compuesto durante su larga estancia en la cárcel por una conjura antiespañola, la misma causa que el economista Antonio Serra), donde describe un Estado teocrático universal basado en principios comunitarios de igualdad.

Saint-Yves no considera al jefe supremo del Agarttha como «Rey del Mundo», sino que le presenta como «Soberano Pontífice», y, además, le pone a la cabeza de una «Iglesia brâhmanica», designación que procede de una concepción occidentalizada. De hecho, esa denominación de «Iglesia brâhmanica» no ha sido empleada nunca en la India, más que por la secta heterodoxa y completamente moderna del Brahma-Samâj, nacida a comienzos del siglo XIX bajo influencias europeas y especialmente protestantes, dividida pronto en múltiples ramas rivales, y hoy día casi completamente extinguida. 



Es curioso notar que uno de los fundadores de esa secta fue el abuelo del poeta Rabindranath Tagore. Lo que dice Saint-Yves completa, a este respecto, lo que dice por su lado M. Ossendowski. Parece que cada uno de ellos no haya visto más que el aspecto que respondía más directamente a sus tendencias y a sus preocupaciones dominantes, ya que, en verdad, aquí se trata de un doble poder, a la vez sacerdotal y real. 

El carácter «pontifical», en el sentido verdadero de esta palabra, pertenece realmente, y por excelencia, al jefe de la jerarquía iniciática, y esto hace llamada a una explicación: literalmente, el Pontifex es un «constructor de puentes», y este título romano es en cierto modo, por su origen, un título «masónico». Pero, simbólicamente, es el que desempeña la función de mediador, estableciendo la comunicación entre este mundo y los mundos superiores.

San Bernardo dice que «el Pontífice, como lo indica la etimología de su nombre, es una suerte de puente entre Dios y el hombre». Hay en la India un término que es propio de los Jainas, y que es el estricto equivalente del Pontifex latino: es la palabra Tîrthankara, literalmente, «el que hace un vado o un paso»; el paso de que se trata, es el camino de la Liberación (Moksha). LosTîrthankaras son en número de veinticuatro, como los ancianos del Apocalipsis, que, por lo demás, constituyen también un Colegio pontifical. 

A este título, el arcoiris, el «puente celeste», es un símbolo natural del «pontificado»; y todas las tradiciones le dan significaciones perfectamente concordantes: así, en los Hebreos, es la prenda de la alianza de Dios con su pueblo; en China, es el signo de la unión del Cielo y de la Tierra; en Grecia, representaba a Iris, la «mensajera de los Dioses»; un poco por todas partes, en los Escandinavos tanto como en los Persas y los Árabes, en Africa central y hasta en algunos pueblos de América del Norte, es el puente que liga el mundo sensible al suprasensible. El jainismo es una religión de la India, fundada en el siglo VI a. C. por Majavirá. Se trata de una religión nastika, que no reconoce la autoridad de los textos Vedas ni de los brahmanes. En la actualidad, el jainismo está presente en la India oriental (Bengala), centro occidental (Rayastán, Majarastra y Guyarat) y meridional (Karnataka). Su filosofía y práctica enfatiza la necesidad de realizar esfuerzos para encaminar el alma hacia una conciencia divina y la liberación (Mokṣa). 

Aquella alma que venza a sus enemigos interiores y alcance el estado superior llamado jina pasa a ser denominada vencedora o conquistadora. El estado más elevado se conoce como siddha. El jainismo es conocido en los textos antiguos también como Śramaṇa dharma (que confía en sí mismo) o el camino de los nirgranthas (aquellos sin apegos ni aversiones).

Por otra parte, la unión de los dos poderes sacerdotal y real estaba representada por un cierto aspecto del simbolismo de Janus, simbolismo extremadamente complejo y de significaciones múltiples; bajo la misma relación, las llaves de oro y plata figuraban las dos iniciaciones correspondientes. Desde otro punto de vista, estas llaves son respectivamente la de los «Misterios mayores» y la de los «Misterios menores» — En algunas representaciones de Janus, los dos poderes son simbolizados también por una llave y un cetro. 

Para emplear la terminología hindú, se trata de la vía de los Brâhmanes y la de los Kshatriyas; pero en la cima de la jerarquía, uno está en el principio común de donde los unos y los otros sacan sus atribuciones respectivas, y por consiguiente más allá de su distinción, puesto que ahí está la fuente de toda autoridad legítima, en cualquier dominio en que se ejerza; y los iniciados del Agarttha son ativarna, es decir, «más allá de las castas». Haremos observar a este propósito que la organización social de la Edad Media occidental parece haber estado calcada, en principio, sobre la institución de las castas: el clero correspondía a los Brâhmanes, la nobleza a los Kshatriyas, el tercer estado a losVaishyas, y los siervos a los Shûdras.

En la Edad Media había una expresión en la que los dos aspectos complementarios de la autoridad se encontraban reunidos de una manera que es muy digna de observación: en aquella época, se hablaba frecuentemente de una región misteriosa a la que se llamaba el «Reino del Prestejuan». Concretamente, se trata del «Prestejuan», hacia la época de San Luis, en los viajes de Carpin y de Rubruquis. Lo que complica las cosas, es que, según algunos, habría habido hasta cuatro personajes llevando este título: en el Tíbet (o en el Pamir), en Mongolia, en la India, y en Etiopía. Pero es probable que en eso no se trate más que de diferentes representantes de un mismo poder. Se dice también que Gengis-Khan quiso atacar al reino del Prestejuan, pero que éste le repelió lanzando un rayo contra sus ejércitos. 

En fin, después de la época de las invasiones musulmanas, el Prestejuan habría dejado de manifestarse, y sería representado exteriormente por el Dalaï-Lama. Era el tiempo donde lo que se podría designar como la «cobertura exterior» del centro en cuestión se encontraba formada, en una buena parte, por los Nestorianos y los Sabeos. Se han encontrado en el Asia central, y particularmente en la región del Turkestan, cruces nestorianas que son exactamente semejantes como forma a las cruces de caballería, y de las que, algunas, además, llevan en su centro la figura de laswastika.

Por otra parte, hay que indicar que los Nestorianos, cuyas relaciones con el Lamaísmo parecen incontestables, tuvieron una acción importante, aunque bastante enigmática, en los comienzos del Islam. Los Sabeos, por su lado, ejercieron una gran influencia sobre el mundo árabe en tiempos de los Khalifas de Baghdad. Se pretende también que es entre ellos donde se habrían refugiado, después de una estancia en Persia, los últimos neoplatónicos. 

Y, precisamente, estos últimos se daban a sí mismos el nombre de Mendayyeh de Yahia, es decir, «discípulos de Juan». Es curioso que muchos grupos orientales de un carácter muy cerrado, desde los Ismaelitas o discípulos del «Viejo de la Montaña» hasta los Drusos del Líbano, hayan tomado uniformemente, lo mismo que las Órdenes de caballería occidentales, el título de «guardianes de la Tierra Santa». Parece que Saint-Yves había encontrado una palabra apropiada, quizás más todavía de lo que él mismo pensaba, cuando habla de los «Templarios del Agarttha». Para que nadie se sorprenda de la expresión de «cobertura exterior», agregaremos que es menester tener cuidado con el hecho de que la iniciación caballeresca era esencialmente una iniciación deKshatriya. 

Esto es lo que explica, entre otras cosas, el papel preponderante que desempeña en ella el simbolismo del Amor. En la sociedad védica los Kshatriya constituyen la segunda casta. Los movimientos entre las distintas castas en la antigüedad no eran infrecuentes, tanto hacia arriba como hacia abajo. El rango de un Kshatriya fue un premio reconocido por su relevante servicio a los gobernantes de la época. Fue convirtiéndose en hereditario a lo largo de los años. Ya en la Edad Moderna, esta casta incluía un gran número de subcastas, que se diferenciaban según la función o el estatuto, pero estaban unidas por los mismos pilares (la posesión de tierras, la búsqueda de guerras, un señor al cual rendir cuentas, etc.).




Cuenta la leyenda que los kshatriyas, que como dicen, eran tiranos, fueron castigados obligándoles a descender de casta, quedando así en segundo lugar después de los brahmanes. También se cuenta que hubo una lucha entre las dos castas, pero los sacerdotes salieron vencedores. En el pasado, los Kshatriyas eran considerados como protectores del pueblo para defenderlo de los peligros. Los Kshatriyas eran reyes y guerreros en el ejército, e incluso los soldados de más bajo rango sabían lo básico de las artes marciales para defenderse y defender. 

Supuestamente eran capaces de luchar con los ojos vendados, y los arqueros podrían golpear a su objetivo con tan sólo escuchar un sonido en la oscuridad. Los Kshatriyas tienen fama de un gran coraje y mucha valentía, y las historias sobre ellos circulan desde mucho tiempo atrás. En la actualidad, quedan algunas familias de Kshatriyas, pero el número ha reducido enormemente. 

Las artes marciales aún se conservan y están siendo reutilizadas. Las familias lo consideran un símbolo de estatus, y el aprender artes marciales, un símbolo de tradición. La situación también no ha cambiado en lo referente a la situación del ejército, éste un área donde el patrimonioKshatriya rige. La mayor parte del ejército indio se compone de Kshatriyas, y estos se sienten orgullosos de ello. Las mujeres Kshatriyas, en el pasado, se limitaban principalmente a sus casas y no jugaron un papel importante para la historia de esta casta. Una vez que una mujer se casa con un hombre de la casta, este se convierte en el marido de ella. A veces el hijo de la mujer más influyente se convertiría en el próximo rey o jefe de la familia (que es elegido por la madre). En el pasado, las mujeres Kshatriya también conocían las artes marciales y otras artes de la guerra.

La idea de un personaje que es sacerdote y rey al mismo tiempo no es muy corriente en Occidente, aunque se encuentra, en el origen mismo del Cristianismo, representada de una manera destacable por los «Reyes Magos». Incluso en la Edad Media, el poder supremo (según las apariencias exteriores al menos) estaba dividido entre el Papado y el Imperio. En la antigua Roma, por el contrario, el Imperator era al mismo tiempo Pontifex Maximus. La teoría musulmana del Khalifato une también los dos poderes, al menos en una cierta medida, así como la concepción extremo oriental del Wang. El emperador de China fue el jefe de gobierno y el jefe del estado de China desde la dinastía Qin, año 221 a. C., hasta la caída de la dinastía Qing en 1911. Los jefes de gobierno anteriores a la dinastía Qin eran denominados wang (“rey“).

Antes del primer emperador, Qin Shi Huang, los caracteres huang (“rey dios“) y di (“rey sabio“) se usaron separada y nunca consecutivamente. Después de la dinastía Han, huangdi se abrevió como huang o di, perdiendo cada uno de los caracteres por separado el significado que tenían antes de la dinastía Qin. Una tal separación puede ser considerada como la marca de una organización incompleta por arriba, si uno puede expresarse así, puesto que no se ve aparecer en ella el principio común del que proceden y dependen regularmente los dos poderes. Así pues, el verdadero poder supremo debía encontrarse en otra parte.

En Oriente, el mantenimiento de esta separación en la cima misma de la jerarquía es bastante excepcional, y no es apenas más que en algunas concepciones búdicas donde se encuentra algo de este tipo. Queremos hacer alusión a la incompatibilidad afirmada entre la función deBuddha y la de Chakravartî o «monarca universal», cuando se dice que Shâkya-Muni, en un cierto momento, tuvo que escoger entre la una y la otra. 

Existe una analogía entre la concepción del Chakravartî y la idea del Imperio en la obra de Dante, de quien conviene mencionar el tratado De Monarchia. 

El término Chakravartî, que no tiene nada de especialmente búdico, se aplica muy bien, según los datos de la tradición hindú, a la función del Manu o de sus representantes: literalmente, es «el que hace girar la rueda», es decir, el que, colocado en el centro de todas las cosas, dirige su movimiento sin participar él mismo en él, o que, según la expresión de Aristóteles, es su «motor inmóvil». En un sentido enteramente comparable, la tradición china emplea la expresión de «Invariable Medio». Hay que destacar que, según el simbolismo masónico, los Maestros se reúnen en la «Habitación del Medio». 

El centro de que se trata es el punto fijo que todas las tradiciones están de acuerdo en designar simbólicamente como el «Polo», puesto que es alrededor de él donde se efectúa la rotación del mundo, representado generalmente por la rueda, tanto por los Celtas como por los Caldeos y los Hindúes.

El símbolo céltico de la rueda se ha conservado en la Edad Media. Se pueden encontrar numerosos ejemplos de él en las iglesias románicas, y el rosetón gótico mismo parece ser un derivado suyo, ya que hay una relación cierta entre la rueda y las flores emblemáticas tales como la rosa en Occidente y el loto en Oriente.

Tal es la verdadera significación de la swastika, este signo que se encuentra difundido por todas partes, desde el Extremo Oriente hasta el Extremo Occidente, y que es esencialmente el «signo del Polo». Este mismo signo no ha sido extraño al hermetismo Cristiano. En el antiguo monasterio de los Carmelitas de Loudun, Francia, pueden verse símbolos muy curiosos, que datan verosímilmente de la segunda mitad del siglo XV y entre los cuales la swastika ocupa uno de los lugares más importantes. Hay que anotar que los Carmelitas, que han venido de Oriente, vinculan la fundación de su Orden a Elías y a Pitágoras, como la Masonería, por su lado, se vincula a la vez a Salomón y al mismo Pitágoras, lo que constituye una similitud bastante destacable. 



Y también algunos pretenden que en la Edad Media tenían una iniciación muy parecida a la de los Templarios, así como a los religiosos de la Merced. Se sabe que esta última Orden ha dado su nombre a un grado de la Masonería escocesa. En efecto, los sabios contemporáneos han buscado vanamente explicar este símbolo mediante las teorías más fantasiosas.

La mayoría de entre ellos, obsesionados por una suerte de idea fija, han querido ver en él, como casi por todas partes, un signo exclusivamente «solar». La misma precisión se aplica concretamente a la rueda. Otros han estado más cerca de la verdad al considerar la swastikacomo el símbolo del movimiento. Pero esta interpretación, sin ser falsa, es muy insuficiente, ya que no se trata de un movimiento cualquiera, sino de un movimiento de rotación que se cumple alrededor de un centro o de un eje inmutable. Y es el punto fijo el que es el elemento esencial al que se refiere directamente este símbolo.

Existe la opinión que hace de la swastika el esquema de un instrumento primitivo destinado a la producción del fuego. Ahora bien, si este símbolo tiene a veces una cierta relación con el fuego, puesto que es concretamente un emblema de Agni, es por razones completamente diferentes. 

En el marco del hinduismo, Agní (del vocablo sánscrito agní: ‘fuego’) es el dios védico del fuego. Junto con Indra y Surya conforman la “trinidad védica” (más antigua y más tarde olvidada y reemplazada por la trinidad puránica de Brahmā, Vishnú y Śiva). Agnídev es hijo de la diosa Pritiví (la Tierra) y del dios Diaus Pitar (que es una derivación del antiquísimo término indoeuropeo que se convertiría en el griego Zeus, el latín Deus y Júpiter) y el sánscrito Diaus Pitar [‘Dios padre’]). Una de las tareas de Agnídev es la de ser mensajero entre los dioses y los mortales. Protege a los hombres y a los hogares de los hombres. En su cabeza tiene un millón de ojos. 

En el arte hindú se lo representa con dos rostros —lo que sugiere sus efectos beneficiosos y destructivos—, ojos y cabello negro, tres piernas y siete pares de brazos. De su cuerpo emanan siete rayos de luz (otro de sus nombres es Sapta Jihwá, ‘siete lenguas’). Su vehículo es un macho cabrío, o una cuadriga tirada por cabras (o más raramente por loros). Actualmente en los templos hindúes todavía se utiliza el sagrado taladro agní manthana para generar fuego por fricción, que simboliza el milagroso nacimiento diario de Agní.

Por lo que acabamos de decir, ya se puede comprender que el «Rey del Mundo» debe tener una función esencialmente ordenadora y reguladora, con la misma raíz que rex y regere, función que puede resumirse en una palabra como la de «equilibrio» o de «armonía», lo que traduce precisamente en sánscrito el término Dharma. La raíz dhri expresa esencialmente la idea de estabilidad; la forma dhru, que tiene el mismo sentido, es la raíz de Dhruva, nombre sánscrito del Polo, y algunos le aproximan el nombre griego del roble, drus; en latín, por lo demás, la misma palabra robur significa a la vez roble y fuerza o firmeza. 

En los Druidas (cuyo nombre debe leerse quizás dru-vid, uniendo de este modo la fuerza y la sabiduría), así como en Dodona, donde se encontraba el famoso Oráculo de Dodona, el roble representaba el «Árbol del Mundo», símbolo del eje fijo que une los polos. Lo que entendemos por eso, es el reflejo, en el mundo manifestado, de la inmutabilidad del Principio supremo. 

Se puede comprender también, por las mismas consideraciones, por qué el «Rey del Mundo» tiene como atributos fundamentales la «Justicia» y la «Paz», que no son más que las formas revestidas por ese equilibrio y esa armonía en el «mundo del hombre» (mânava-loka). Es menester recordar aquí los textos bíblicos en los que la Justicia y la Paz se encuentran estrechamente vinculadas: «Justitia et Pax osculatae sunt», «Pax opus Justitiae», etc.

Algunos se asustan ante la designación de «Rey del Mundo», que han relacionado con la dePrinceps hujus mundi que se menciona en el Evangelio. No hay que decir que una tal relación es completamente errónea y desprovista de todo fundamento. Para descartarla, podríamos observar simplemente que este título de «Rey del Mundo», en hebreo y en árabe, se aplica corrientemente a Dios mismo. 

Por lo demás, hay una gran diferencia de sentido entre «el Mundo» y «este mundo», hasta tal punto que, en algunas lenguas, existen para designarlos dos términos enteramente distintos: así, en árabe, «el Mundo» es el-alâm, mientras que «este mundo» es ed-dunyâ. No obstante, como eso puede dar la ocasión a algunas observaciones interesantes, consideraremos a este propósito las teorías de la Kabbala hebraica concernientes a los «intermediarios celestes», teorías que, por lo demás, tienen una relación muy directa con el tema principal de este artículo. 

Los «intermediarios celestes» de que se trata son la Shekinah yMetatron. En un sentido más general, la Shekinah es la «presencia real» de la Divinidad. Es sobre todo donde se trata de la institución de un centro espiritual: la construcción del Tabernáculo, la edificación de los Templos de Salomón y de Zorobabel. Un tal centro, constituido en condiciones regularmente definidas, debía ser en efecto el lugar de la manifestación divina, siempre representada como «Luz». Y es curioso destacar que la expresión de «lugar muy iluminado y muy regular», que la Masonería ha conservado, parece ser efectivamente un recuerdo de la antigua ciencia sacerdotal que presidía la construcción de los templos, y que no era solo particular de los judíos.

La Shekinah se presenta bajo aspectos múltiples, entre los cuales hay dos principales, uno interno y el otro externo. Ahora bien, por otra parte, hay en la tradición cristiana, una frase que designa claramente estos dos aspectos: «Gloria in excelsis Deo, et in terra Pax hominibus bonae voluntatis». Las palabras Gloria y Pax se refieren respectivamente al aspecto interno, en relación al Principio, y al aspecto externo en relación al mundo manifestado. Y, si se consideran así estas palabras, se puede comprender inmediatamente por qué son pronunciadas por los Ángeles (Malakim) para anunciar el nacimiento de «Dios con nosotros» o «en nosotros» (Emmanuel). Se podría también, para el primer aspecto, recordar las teorías de los teólogos sobre la «luz de la gloria» en y por la cual se opera la visión beatífica (in excelsis). 

Y, en cuanto al segundo, volvemos a encontrar aquí la «Paz» que, en su sentido esotérico, está indicada por todas partes como uno de los atributos fundamentales de los centros espirituales establecidos en este mundo (in terra). Por lo demás, el término árabe Sakînah, que es evidentemente idéntico al hebreo Shekinah, se traduce por «Gran Paz», lo que es el exacto equivalente de la Pax Profunda de los Rosa-Cruz.

 Y, por eso, se podría explicar sin duda lo que éstos entendían por el «Templo del Espíritu Santo», así como también se podrían interpretar de una manera precisa los numerosos textos evangélicos en los que se habla de la «Paz», tanto más cuanto que la «tradición secreta concerniente a la Shekinah tendría alguna relación con la Luz del Mesías». Por lo demás, en el Evangelio mismo se declara muy explícitamente que aquello de lo que se trata no es la paz en el sentido en que la entiende el mundo profano.

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