sábado, 12 de mayo de 2018

Todo sobre el secreto de Rennes-le-Château


Sobre lo alto de una colina en el sudoeste de Francia, Rennes-le-Château es un lugar solitario, ardiente bajo el sol en verano y azotado por fríos vientos en invierno.

Su situación dominante sobre el resto de la comarca es la única razón posible de que haya sido habitado desde la más remota antigüedad.

Su castillo es mudo testigo de pasadas grandezas.

La visión de las cumbres nevadas de los Pirineos la única compensación a las dificultades de vivir en lugar tan inaccesible.

Incluso la moderna carretera se hace tediosa al ascender del valle a la cima. Vista de lejos, la población parece aislada del resto del mundo, un lugar olvidado por el tiempo. Impresión pronto disipada por los numerosos visitantes que remontan la cuesta animados por un único propósito:



Descubrir su enigma, adentrarse en su secreto, y es que Rennes-le-Château ostenta el prestigio de ser el lugar más misterioso de Europa, escenario de acontecimientos extraños y siniestros, cuna de fabulosos tesoros y guardián del secreto más bien guardado de la historia.

El enigma de Rennes-le-Château se inicia en la época romana. Después de que los soldados del Emperador Tito saqueasen y destruyesen el Templo de Jerusalén en el año 70 de nuestra era, el botín - el tesoro del Templo de Salomón - fue trasladado a Roma, donde permaneció durante más de tres siglos, hasta que el Imperio empezó a derrumbarse. En el año 410 los visigodos, acaudillados por Alarico, saquearon Roma, llevándose "El Tesoro del Templo".

Dos años después desembarcaron en las costas meridionales de las Galias. La región de Rennes-le-Château les agradó, estableciéndose y fundando un reino permanente que no tardaría en saltar los Pirineos y extenderse por el norte de España.

No sabemos si es cierto que el tesoro "El Arca de la alianza y las Tablas de la Ley de Moisés" llegó o no a las Galias, pero nunca más se supo de él. Y no se descarta que pudiera hallarse oculto en los alrededores de Rennes-le-Château. De hecho, no falta quien ha querido ver una relación entre el Arca y la población de Arques, no lejos de Rennes. 


Tras la llegada de los visigodos a Rennes hubo dos siglos de relativa estabilidad, hasta que en el siglo VI llegaron procedentes del norte los merovingios, que extendieron su dominio sobre el reino visigodo. Estos invasores eran portadores de una cultura sofisticada y enterraban a sus soberanos con joyas y tesoros.

Uno de estos reyes, Dagoberto II, se casó en Rennes-le-Château con la princesa visigoda Gizelle de Razas. Obvio es decir que la legendaria riqueza de los merovingios, bien documentada por la arqueología, ha dado pie a relatos de fabulosos tesoros aún por descubrir en la región de Rennes.

Considerando el magnetismo de dicha comarca para los tesoros de todas clases, no es sorprendente que en aquellos parajes se suponga oculta la joya más preciosa de la Cristiandad. Y por aventurado que parezca, es bastante posible que así sea, puesto que el Santo Grial pudo muy bien llegar a tales lugares en la forma que lo cuenta la leyenda:

"En algún momento del siglo I, José de Arimatea yMaría Magdalena desembarcaron en el sur de Francia, trayendo consigo el llamado Grial, donde José de Arimatea recogió la preciosa sangre de Jesús Crucificado". 

Esto es plausible ya que por aquel entonces la Galia meridional servía a los emperadores romanos como lugar conveniente donde enviar a los desterrados. Entre los indeseables ilustres que en un momento u otro recalaron allí por haber perdido la gracia imperial figuran, tanto Herodes Antipas como Poncio Pilatos. Históricamente es posible que María Magdalena y José, en cuanto fieles seguidores de Jesús, emprendiesen el forzado viaje hacia las Galias.

En el siglo I de nuestra era existían rutas permanentes de navegación mercante de lado a lado del Mediterráneo, que facilitaban los viajes al eludir las penosas rutas terrestres. Muchas familias judías se establecieron entonces en la comarca de Rennes-le-Château, y de acuerdo con una de las teorías, una más de las que integran el enigma de la región, cuando desembarcó María Magdalena lo hizo con un hijo de Jesús, estableciéndose así una dinastía mesiánica.

Bajo este punto de vista el Santo Grial dejaría de ser un cáliz que recoge la sangre de Cristo para pasar a ser sinónimo de Gri–al o sea Sangre Real, que se identificaría con la genealogía de los descendientes de Jesus hasta nuestros días.

Montségur. Considerado "el Castillo del Grial" debido a la misteriosa huída de 4 caballeros que se evadieron durante el asedio llevándose consigo el más valioso tesoro cátaro: El Santo Grial

Sin embargo, la verdadera naturaleza del Grial, es un tema tan misterioso como los orígenes mismos de la leyenda. En la versión más antigua, el Grial es un objeto dorado, una piedra mágica; en otras posteriores es el Santo Cáliz utilizado durante la última cena de Jesús, o es el cáliz que uso José de Arimatea para recoger su sangre.

Suponiendo que éstas hayan sido explicaciones derivadas, el Grial originario pudo ser casi cualquier cosa. Más adelante los aspectos caballerescos de la leyenda entraron a formar parte del ciclo Arturiano medieval que luego fueron ampliadas por el romanticismo. Estableciéndose una conexión caballeresca real que vincula el Santo Grial con los corrientemente llamados caballeros templarios.

Los Templarios formaban una orden monástica y militar, prestaban votos de castidad, pobreza y obediencia, y alcanzaron una gran popularidad e influencia después de la Primera Cruzada y la conquista de Jerusalén. Tenían su casa principal cerca del destruido Templo de Salomón en Jerusalén, emplazamiento que les fue concedido hacia 1120. 



Algunos indicios sugieren que el grupo fundacional de nueve caballeros ya se había formado incluso antes de aparecer públicamente como Orden. Pasaron los primeros años sin que se acrecentasen mucho sus filas hasta que en 1135 -1140 comenzó su ascenso meteórico convirtiéndose en una fuerza política y económica de primera magnitud. Llegaron incluso a tener más poder que algunos reyes, y ése fue factor principal de su súbita y espantosa caída, que culminó en la disolución de la Orden y la dispersión de su fortuna y posesiones. Por sus pasados esplendores y por las experiencias que acumularon en el Próximo Oriente, sin embargo, quedó alrededor de ellos un aura permanente de misterio.

Se decía que los Templarios habían dirigido excavaciones en el interior del monte del Templo, y todavía hoy se formulan conjeturas acerca de los motivos que tendrían para abrir túneles en tan sagrado lugar. Una de las teorías dice que encontraron un tesoro, el cual llevaron consigo cuando regresaron a Francia para ocultarlo en la región de Rennes-le-Château, y que tal tesoro no era otro sino el verdadero y santísimo Grial.

Rvdo. F.B. Saunière

Pero todo esto no hubiera pasado de ser simples leyendas o especulaciones, si no hubiese sido por un descubrimiento excepcional ocurrido hace algo más de un siglo en la iglesia de Rennes-le-Château en donde, un sacerdote católico llamado François Bérenger Saunière, elevó a nuevas y vertiginosas alturas la leyenda de Rennes-le-Château como lugar de misterio y de tesoros ocultos. 

Nacido el 11 de abril de 1852 en la cercana aldea de Montazels, en 1879 recibió las órdenes sacerdotales. En 1885 fue destinado a la parroquia de Rennes-le-Château. Era un cura pobre, que mejoraba su alimentación con lo que pescaba y cazaba durante sus largas excursiones por la comarca. Sus dietarios, que se han conservado hasta la fecha, atestiguan un nivel de vida exiguo y raciones de hambre.

La parroquia consagrada a María Magdalena y escenario de las supuestas bodas de Dagoberto II con Gizelle de Razès, se hallaba en avanzado estado de ruina hacia finales del XIX. La última restauración databa del siglo XV. Todo eso cambió cuando el nuevo presbítero emprendió gracias a algunas pequeñas donaciones la restauración del altar.

Al levantar el ara de las antiguas columnas que la sustentaban aparecieron varios documentos guardados en tubos de madera, de lo cual hubo testigos, porqueSaunière contaba con la ayuda de seis obreros para los trabajos de la restauración, y dos de ellos aún vivían en 1958 y corroboran el descubrimiento de los manuscritos.

Desde aquel momento, Saunière mudó de fortuna. El hallazgo de cuatro documentos supuestamente antiguos puso en marcha un encadenamiento de hechos cuyas consecuencias rebasaron con mucho el mero bienestar espiritual del párroco. Desde aquel momento manifestó una inmensa riqueza, un tren de vida lujoso, hizo frecuentes viajes, restauró la iglesia, se embarcó en nuevas construcciones y convirtió Rennes-le-Château en punto de reunión de nobles y destacados visitantes. 

Les Bergers de l’Arcadie II de Nicolas Poussin. Cuya copia encargó el Rvdo. Saunière en su visita al Louvre de Paris y que según los expertos contiene las claves del misterio

¿Cuál fue el descubrimiento del párroco? ¿Que pueden contener unos manuscritos para mudar de tal forma la vida de una persona y de un lugar? De hecho doscientos años antes podemos encontrar vestigios de secretos escondidos. Mucho se ha escrito sobre la presencia de una misteriosa tumba de piedra, en medio de la vegetación, en las cercanías de Rennes-le-Château, habiéndose sugerido que esa tumba es la misma que el famoso pintor francés Nicolas Poussin representó en una obra de 1647, Les Bergers d´Arcadie II, la más misteriosa de todas las suyas.

En ella vemos a un grupo de pastores observados por una enigmática mujer y reunidos alrededor de una tumba, en uno de cuyos laterales se muestra la leyenda «Et in Arcadia ego». La pintura se encuentra en el Louvre y Saunière encargo copia de ella. El cuadro, el cura y los pergaminos se combinan para aumentar el secreto de Rennes-le-Château.

La pericia de Saunière, con su no explicado acceso a una fabulosa fortuna y su repercusión en la tranquila vida aldeana de Rennes-le-Château, venían a confirmar las viejas historias sobre tesoros. De hecho los campesinos de la región tenían una explicación bien sencilla sobre la fortuna del párroco. Ningún enigma que descifrar: el nuevo cura se habría tropezado con una fuente de riqueza escondida por los antepasados.

Pero el caso fue que mientras vivió, Saunière guardó silencio absoluto sobre el origen de sus fondos y se negó obstinadamente a revelar el secreto. Las especulaciones interminables a que dio lugar tal actitud se multiplicaron después del súbito fallecimiento de aquél. ¿Cómo pudo llevarse a cabo el rápido enriquecimiento de Saunière? ¿De donde provenía el dinero? ¿Qué contenían los misteriosos pergaminos?. ¿Tenían algo que ver con el misterioso secreto de los Cátaros, por el cual prefirieron ser quemados, muchos siglos atrás, en esta misma región? ¿Descubrió Saunière el tesoro escondido de los Templarios? Nunca lo reveló, pero dejó muchas pistas a su alrededor. Especialmente en su iglesia.

Después del descubrimiento de los pergaminos y durante varios años Saunière se dedicó a restaurar la iglesia añadiéndole decoraciones y detalles, figuras estrafalarias y tallas estrambóticas. Cualquier católico que entre en el lugar y desee persignarse encontrará que la pila del agua bendita está sustentada por un personaje bien conocido, aunque desde luego el que menos esperaría encontrar en tal lugar, "el diablo en persona". Por otro lado las estaciones del vía crucis, muy llamativas y desproporcionadas de tamaño difieren de los grabados de los vía crucis normales. Y por si esto fuera poco hizo colocar en el dintel de la puerta la siguiente inscripción "Terribilis est locus iste" Este lugar es terrible.

Halló cuatro o cinco pergaminos en unos tubos de madera sellados. Dos de ellos contenían genealogías relacionadas con la dinastía merovingia, los otros hablan de pasajes evangélicos. Uno se refiere a como iba Jesús con sus discípulos en sábado por unos sembrados, y ellos cortaron algunas espigas y las comieron.

Dos de los pergaminos descubiertos en la Iglesia de Rennes-le-Château

El otro cuenta la cena en Betania con Lázaro resucitado de entre los muertos, durante la cual María Magdalena ungió los pies de Jesús. La versión oficial de los pergaminos está exhibida a la vista del público en las paredes del museo Saunière en Rennes-le-Château.

Desde que las copias de los pergaminos fueron publicados - los originales permanecen ocultos - se ha intentado descifrarlos a partir de variadas aproximaciones.

El Enigma Sagrado es posiblemente la obra mas leída sobre el tema y en ella, como en estudios posteriores, se enfatiza que el tesoro encontrado en el interior de la iglesia de María Magdalena, fue de naturaleza espiritual. Un secreto preservado a través de milenios, una herejía que atenta contra los fundamentos de la Iglesia y que perturba a todo cristiano comprometido: El cuerpo de Jesús permanece enterrado en un lugar cercano a Rennes-le-Château.

Una versión señala que se exilió después de sobrevivir a la crucifixión mientras otra se inclina a que su cuerpo fue traído momificado por los templarios, y ambas que tuvo descendencia de su unión con Maria Magdalena. Y que su línea genealógica llega hasta hoy día. Si esto fuese cierto las leyendas sobre el Santo Grial adquirirían nuevos significados. 

Mucho se ha escrito sobre el misterio de los Cátaros y Rennes-le-Château. Hoy sabemos que la fortuna de Saunière provenía de las donaciones de nobles y de sociedades secretas vinculadas al secreto. Un secreto que indiferentemente sea verdad o mentira, atrae a numerosos visitantes con ánimo de encontrar algo que quizás por su simplicidad permanece oculto a sus miradas pero abierto a sus corazones. Cierto o falso, verdad o mentira, forma parte de la historia de Rennes-le-Château. Algo que muy pronto todos podremos ver.



LAS CLAVES DEL MISTERIO

En la entrada de la iglesia, el Reverendo Saunière hizo colocar las siguientes inscripciones: "Mi casa se llamará casa de oración" y "Terribilis est locus iste" - Este lugar es terrible - La referencia bíblica completa es:

"Mi casa será llamada casa de oración, pero vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones" (Mateo 21,13). Este lugar es terrible, es la casa de Dios y la puerta de los cielos (Génesis, 28,17)

El trabajo de reconstrucción de la entrada terminó en 1897 y costó el equivalente de 3.500.000 francos actuales.

En el suelo de la iglesia está dibujado un tablero de ajedrez de 64 cuadrados orientado hacia los cuatro puntos cardinales.

Justo en la entrada se encuentra la estatua del diablo Asmoideo, sosteniendo la pila de agua bendita y sobre ella existe un grupo escultórico de cuatro ángeles donde puede leerse la frase que Constantino había visto en el cielo: "Con este signo le vencerás", que por supuesto está bajo la señal de la cruz.

Pero la frase real de Constantino era sólo: "Con este signo vencerás". Este añadido -le- al original ha alimentado muchas polémicas. 

Un dato significativo es que todas las estatuas en la iglesia miran hacia el suelo.

- En el lado derecho del altar la Virgen está sosteniendo un niño.

- En el izquierdo San José está sosteniendo otro niño.

Los dos niños a ambos lados del altar sugieren la idea de que Jesús tenía otro hermano o que uno es efectivamente Jesús y el otro su hijo y que, según la leyenda del Grial, su descendencia escapó de la masacre de Montsegur. ("click" en imágenes para agrandar)

En la iglesia de Rennes-le-Château algunas estaciones del Vía Crucis usan elementos e incluso escenas que difieren de las habituales, lo cual se interpreta como nuevas claves del misterio dejadas por Saunière. 

Son lápidas muy llamativas, de tamaño desproporcionado con relación a las dimensiones no demasiado grandes del templo, y tal como han señalado algunos autores, difieren de los vía crucis habituales en detalles tales - imposibles de ignorar por un sacerdote - que indican una voluntaria intención críptica. Incluso, todo el Vía crucis está orientado en dirección contraria a la habitual. 

Destacamos algunas de las estaciones:

Estación II.
Un joven se arrodilla sobre un casco dorado y recoge un trozo de lanza. 

Jesús viste una túnica roja. 

Se observa una escalera orientada hacia el cielo. 

Estación VII.

Un soldado franco aguanta la túnica roja de Jesús, mientras ante él hay una mujer con un velo de viuda y un niño envuelto en una tela escocesa de color azul. 

Los masones se hacen llamar: "el hijo de la viuda", del mismo modo que existen en la franco-masoneria el rito escocés y el grado azul. 

Estación XI.

Jesús está siendo clavado a la cruz. Un soldado le despoja de la túnica roja. 

El fondo es oscuro, como señalando la noche. 

Pero el evangelio señala que la oscuridad se produjo solo después de la muerte de Cristo. 

Estación XIV.

Esta no es precisamente la imagen de Jesús resucitado elevándose sobre el sepulcro. En cambio vemos a unos personajes que al amparo de la noche transportan el cuerpo sangrante de Jesús. -Obsérvese la herida en el lado izquierdo del cuerpo-

Esta imagen suele interpretarse como lo que pudo suceder después de un simulado entierro: Algunas personas se llevan el cuerpo aún vivo de Jesús.

«¡QUE TERRIBLE ES ESTE LUGAR!»

Rennes-le-Château es un lugar común del ocultismo, hoy casi del mismo género que el mismo Grial y no menos inaccesible. Pero también es un lugar real, y para allá fuimos en el decurso de nuestras pesquisas.

Podríamos compararlo con lo que significa Glastonbury en Gran Bretaña, ya que ambos tienen un corazón lleno de profundos misterios y han originado teorías y mitos alucinantes, pero muy extendidos.

Rennes-le-Château está en Aude, un departamento del Languedoc, y cerca de la ciudad de Limoux, cuyo nombre toma una prestigiosa blanquette que da un vino de aguja, en una comarca que se llamó el Razès durante los siglos VIII y IX.

Desde el pueblo de Couiza, unos paneles de considerable tamaño envían a la comarcal por donde se va al «Domaine d l’ Abbé Saunière». El viajero que haga caso de ellos se hallará en la curiosa espiral ascendente que conduce a la cima donde está la aldea de Rennes-le-Château.

Para nosotros, lo mismo que para otros muchos en estos tiempos, es una excursión emocionante. Gracias principalmente a The Holy Blood and the Holy Grail, pero también a la propaganda oral del mito, esta subida a un monte de Fracia cobra en sí misma cierto carácter de viaje iniciático. Sin embargo el lugar donde por lo general se tienen los visitantes resulta muy prosaico.

Al entrar en el pueblo recalamos inevitablemente en la explanada para los automóviles y una grande rue bastante estrecha que no tiene oficina de correos ni un supermercado, pero sí una librería esotérica, un bar-restaurante, el ruinoso castillo que presta su nombre a la población y varias calles por donde se accede a la famosa iglesuela y a la presbiterial. 



El lugar tiene una historia siniestra y una reputación todavía más lóbrega, aunque algo imprecisa. Resumiendo, la historia es que hará poco más de cien años, François Bérenger Saunière (1852-1917), un sencillo cura nacido y criado en el pueblo de Montazels, a sólo tres kilómetros de Rennes-le-Château, hizo un descubrimiento de algún tipo mientras intentaba reformar su ruinosa iglesia parroquial del siglo X.1 Como consecuencia de dicho descubrimiento, sea que éste tuviese un valor intrínseco, o porque condujese a otra cosa susceptible de explotación financiera, se hizo inmensamente rico.

Mucho se ha especulado durante esos años acerca de la verdadera naturaleza del hallazgo de Saunière: los más prosaicos sugieren que encontró el escondrijo de un tesoro, mientras otros creen que pudo ser algo más estupendo, como el Arca de la Alianza, el tesoro del Templo de Jerusalén, el Santo Grial... o incluso la tumba de Cristo, idea que ha tenido expresión reciente en The Tomb of God, deRichard Andrews y Paul Schellenberger (1996). (Véase el Apéndice II para una discusión de esta teoría.) 

Teníamos que ir a Rennes-le-Château porque, según los Dossiers secrets y The Holy Blood and the Holy Grail, era de especial significación para el Priorato de Sión, aunque por razones que nunca dejaron de ser oscuras. El Priorato asegura que Saunière descubrió unos pergaminos que contenían una información genealógica que demostraba la supervivencia de la dinastía merovingia, de donde resultaba que ciertas personas tenían derecho a pretender el trono de Francia... por ejemplo, Pierre Plantard de Saint-Clair. Sin embargo, no teníamos muchas razones para seguir esa línea, considerando que nadie ajeno al Priorato ha visto en realidad esos pergaminos, y que toda esa idea de la continuidad de los merovingios es bastante dudosa por no llamarla de otra manera.

Pero hay otro fallo importante, otra incongruencia garrafal en la narración del Priorato. Si realmente hubiese perseverado durante tantos siglos sólo para defender a los descendientes de los merovingios, era curioso que saludase con tanto entusiasmo una información que venía a decirles quiénes eran esos descendientes.

Seguramente debían de conocer a aquellos a quienes habían jurado proteger, ¡o de lo contrario les habría faltado el celo fanático necesario para preservar su propia organización durante tantísimo tiempo! Obviamente no se podía confiar mucho en lo que era, esencialmente, una justificación retrospectiva de su raison d’être, si queremos describir el caso con moderación.

No obstante nos intrigaba la importancia que atribuía el Priorato a esa aldea. Se nos ocurrían dos motivos posibles: primero, que la aldea fuese efectivamente importante para ellos, aunque no por los motivos pretendidos en los Dossiers; segundo, que la historia de Saunière no tuviese ninguna relación con el Priorato en realidad, y que éste hubiese decidido apropiarse el misterio para explotarlo en favor de sus propios fines. Íbamos a averiguar cuál de estas dos posibilidades se acercaba más a la verdad.

Llegados al estacionamiento reparamos en la espectacular vista que abarca desde el valle del Aude hasta las cumbres nevadas de los Pirineos. Así se comprende fácilmente que en el pasado, ese pueblo tan insignificante en apariencia hubiese sido una cota de gran valor estratégico, por su dominio inigualable sobre cualquier ruta que un posible invasor tuviese que seguir.

Por eso fue Rennes-le-Château un poderoso reducto de los visigodos; algunos incluso la identifican con la ciudad perdida de Rhedae, en otros tiempos comparable a Carcasonne y Narbonne, aunque resulta difícil imaginar dónde se oculta la agitada metrópoli de antaño bajo el caserío aislado que vemos hoy. Sin embargo, Rennes-le-Château conserva una atracción magnética; con menos de cien habitantes de derecho, recibe más de 25.000 visitantes al año.

La torre de las aguas, que se alza en la misma explanada, ostenta los siglos zodiacales, y la misma ornamentación se repite sobre las puertas de algunas casas. La decepción es grande cuando averiguamos que se trata de una costumbre de toda la comarca. Pero todas las miradas se vuelven hacia el extravagante edificio colgado como un nido de águilas sobre el despeñadero, al borde mismo de la cima.

Es donde tuvo Saunière su biblioteca privada y su estudio, conocido como la Tour Magdala, y parte de su domaine recientemente abierto al público. Como una atalaya medieval, la Torre Magdala se prolonga a un lado con la muralla que lleva a un mirador actualmente en estado ruinoso. En los sótanos hay un museo ahora, dedicado a la vida de Saunière y a los misterios que la rodean.

Un huerto separa la torre de la casona que hizo construir con su no explicada fortuna, la Villa Bethania, algunas habitaciones de la cual se han abierto asimismo a los visitantes. Debajo de ella se accede por un sendero de grava a una gruta construida por el sacerdote con piedras que él mismo sacó de un valle cercano, es de suponer que con no poco esfuerzo físico. De ahí se pasa al cementerio de la aldea y a la desvencijada iglesia, que está dedicada a santa Magdalena.

Sorprende verla tan pequeña habida cuenta de la fama que ha alcanzado, pero la posible decepción queda más que compensada por la extravagante ornamentación, justamente famosa, que dispuso el abbé Saunière. En esto al menos todavía logra suscitar asombro.

Sobre el atrio, que exhibe unos pájaros de escayola casi cómicamente triviales y baldosas amarillas quebradas, están esculpidas las palabras Terribilis est locus iste o «¡Qué terrible es este lugar!». Este latín es una cita del Génesis (28, 17), la cual queda completada en la bóveda del atrio: «Nada menos que la casa de Dios y la puerta del Cielo».

Una figura de María Magdalena preside la puerta, y el tímpano está ornamentado con un triángulo equilátero, y un bajorrelieve de rosas con una cruz. Pero lo que más sorprende es la presencia de un demonio de escayola horrorosamente contorsionado y puesto a manera de guardián dentro del atrio y antes de la entrada al templo. Cornudo y gesticulante, es obvio que quiere decirnos algo con su postura mientras soporta sobre sus hombros la pila del agua bendita.

Sobre ésta campean cuatro ángeles que representan los cuatro ademanes de que se compone la señal de la cruz; al pie una leyenda dice Par ce signe tu le vaincras, es decir «con este signo tú lo/le vencerás».

En la pared del fondo un grupo escultórico representa el bautismo de Jesús; la postura del bautizado refleja exactamente la del demonio del agua bendita. Ambos, el demonio y Jesús, miran a un punto determinado del suelo, cuyas baldosas forman escaques en blanco y negro. En el grupo el Bautista domina a Jesús con toda su estatura mientras le echa agua de una concha que repite la forma de la pila del agua bendita.

Evidentemente se nos está indicando algún tipo de paralelismo entre ambas imágenes, entre el demonio y el bautismo de Jesús. (En abril de 1996, en uno de los muchos actos de vandalismo a que está expuesta esa iglesia, unos desconocidos le cortaron la cabeza al demonio y se la llevaron.)

De pie sobre el ajedrez de las baldosas y mientras paseamos la vista en derredor observando esta pequeña iglesia parroquial de Santa María Magdalena, a primera vista parece un ejemplo bastante típico de los templos católicos de su época y ubicación geográfica. Excesivamente recargada de santos de escayola pintados en colores chillones, como san Antonio el ermitaño y san Roque, contiene los paramentos habituales.

Pero vale la pena contemplarlos con detenimiento, porque la mayoría presentan al menos un rasgo distintivo. Los pasos del vía crucis, por ejemplo, van en sentido contrario al de las agujas del reloj, lo que no es corriente, e incluyen aquí un adolescente con falda escocesa y un negrito. El tornavoz del púlpito tiene la figura del Templo de Salomón.

El frontis del altar ostenta un bajorrelieve que, según se cuenta, era el orgullo y la niña de los ojos de Saunière, quien aportó personalmente los últimos toques. Representa una Magdalena con manto de oro que tiene frente a sí un libro abierto, y una calavera junto a las rodillas. Entrecruza los dedos en la curiosa postura que se llama latté. Delante de ella hay una cruz hecha con un arbolillo vivo, como manifiesta la rama que retoña con algunas hojas hacia la mitad del tronco; a sus espaldas, más allá de la gruta rocosa donde está arrodillada, se entrevé la silueta de una construcción recortada contra el cielo. El cráneo y el libro abierto son elementos admitidos de la iconografía usual de la Magdalena, pero curiosamente falta la convencional ánfora o jarra de la esencia de nardos.

También la vemos a ella en el vitral que está sobre el altar, donde parece asomar por debajo de la mesa para ungir los pies de Jesús con la preciosa esencia. En total la iglesia tiene cuatro imágenes de la Magdalena; parecen muchas para un templo tan pequeño, aunque sea la santa patrona de los lugares. La devoción de Saunière queda corroborada en el nombre que dio a su biblioteca, la Torre Magdala, y en el de su casa, la Villa Bethania, que recuerda la población donde vivía, según los evangelios, la familia formada por Lázaro, Marta y María.



Hay una estancia secreta detrás de un armario de la sacristía, aunque ésta rara vez recibe visitas del público. La única ventana, que no se distingue bien desde el exterior, también representa en vidrios de colores la usual escena de la Crucifixión; pero como sucede con casi todo lo demás de este «lugar terrible», tampoco ésta es del todo lo que parece a primera vista. La atención se orienta hacia el paisaje del fondo que se entrevé bajo los brazos del crucificado; obviamente es el tema principal de la imagen, y ahí vemos una vez más el Templo de Salomón.

Incluso la verja del cementerio se sale de lo común, atendida la ornamentación consistente en una calavera con tibias cruzadas, emblema que fue de los templarios con el añadido original de la mueca que exhibe veintidós dientes. Entre las tumbas, decoradas con ofrendas de flores y fotografías de los finados como ocurre en tantos otros cementerios franceses, encontramos la de una familia Bon hommes.

En cualquier otro lugar quizá ni siquiera nos habríamos fijado, pero aquí nos parece un recordatorio lingüístico especialmente impresionante, ya que eran los cátaros quienes se llamaban les Bonhommes. La sepultura del mismo Saunière, con su perfil en bajorrelieve —también estropeado por el vandalismo en época reciente— está junto al muro de división entre el cementerio y su antiguo domaine. A su lado está enterrada Marie Dénarnaud, su fiel ama, si no fue algo más.

No es nuestro propósito volver aquí sobre los detalles de esta historia, muy trillada a estas alturas. Digamos sólo que no nos equivocábamos al sospechar que el misterio de Rennes podría aportar algunas claves sobre la continuidad de la tradición clandestina, y que no quedamos defraudados. Como hemos venido explicando, teníamos indicios de una complicada serie de encadenamientos que retrotraían a una tradición gnóstica existente en la región, que siempre ha sido notoria por sus «heréticos», llámense cátaros, templarios o supuestas «brujas».

Desde el trauma de la cruzada albigense, los habitantes de esa región nunca más han confiado del todo en Roma; de ahí que constituyese refugio ideal para ideas no ortodoxas. aparte las reivindicaciones propias de una minoría política. En este Languedoc de larga y amarga memoria, la herejía y la política siempre han ido de la mano... y van, a lo que parece.

En Saunière hallamos un personaje extravertido y sacerdote rebelde, muy diferente del típico cura rural; por ejemplo dominaba el latín y el griego, y estaba suscrito a un periódico alemán de la época. Descubriese o no un tesoro, o un secreto, es improbable que todo el «negocio de Rennes» sea pura ficción. Pero hay varias razones para pensar que la historia tal como se cuenta es, en su mayor parte, una interpretación equivocada.2

La sucesión exacta de los hechos es notoriamente difícil de reconstruir porque no se basa en pruebas documentales sino que ha de confiar en la memoria de los vecinos. Saunière asumió sus funciones de párroco a comienzos de junio de 1885. A los pocos meses tuvo las primeras dificultades por pronunciar desde el púlpito un sermón apasionadamente antirrepublicano (era año de elecciones) y fue temporalmente suspendido.

Restablecido en verano de 1886, recibió una donación de 3.000 francos de parte de la condesa de Chambord, viuda de un pretendiente al trono de Francia (éste era Henri de Bourbon, que pretendía el título de Enrique V), en agradecimiento por los servicios prestados a la causa monárquica. Según todos los indicios, él invirtió el dinero en la reparación de la vieja iglesia. Y con arreglo a la mayoría de las versiones, fue al quitar un antiguo pilar visigótico que sustentaba el altar cuando encontró, conforme a lo que se cuenta, unos pergaminos en clave.

Aunque esto parece poco verosímil, porque su comportamiento excéntrico y sus ambiciosos proyectos no se manifestaron hasta 1891. Debió de ser por entonces cuando el acólito Antoine Captierencontró algo importante, algunos dicen que un cilindro de madera, otros que una redoma de vidrio. En cualquier caso, se cree que contenía unos pergaminos enrollados u otros documentos parecidos, que entregó a Saunière. Y parece que fue éste el descubrimiento que desencadenó la peculiar actividad del cura.

Siempre según la versión usual, Saunière presentó los pergaminos a su obispo en Carcasona, Félix-Arsène Billard, lo cual precipitó un viaje a París. Por lo general se entiende que Saunière recibió el consejo de llevar los documentos a un experto para que los descifrase. El elegido fue un tal Émile Hoffet, que era entonces un seminarista todavía, pero había cobrado prestigio como gran conocedor del ocultismo y del mundillo de las sociedades secretas. (Más adelante enseñó en la iglesia de Notre-Dame de Lumière de Goult, santuario de una Virgen negra que tiene especial importancia para el Priorato de Sión.)3 El tío de Hoffet era director del seminario de Saint-Sulpice en París.

La iglesia de Saint-Sulpice tiene un rasgo notable, el suelo con la barra de cobre que marca la situación exacta del meridiano de París (el cual pasa también cerca de Rennes-le-Château). Construida sobre los fundamentos de un templo de Isis en 1645, su fundador fue Jean-Jacques Olier, quien mandó edificarla con arreglo a la Regla Áurea de la geometría sacra. El santo que le prestó su nombre fue un obispo de Bourges en tiempos del rey merovingio Dagoberto II. La festividad se conmemora el 17 de enero, fecha que se repite a menudo en los misterios de Rennes-le-Château y del Priorato de Sión.

Buena parte de la novela satanista de J. K. Huysmans Là-Bas tiene por escenario a Saint-Sulpice, y el seminario anexo fue sede de movimientos poco ortodoxos, por no decir otra cosa, durante el siglo XIX. También sirvió de cuartel general a la misteriosa sociedad secreta oriunda del siglo XVII llamada la Compagnie du Saint-Sacrement, que según algunos era un escaparate del Priorato de Sión.

Durante la estancia de Saunière en París, que debió de ser en el verano de 1891 o la primavera de 1892, Hoffet le introdujo en la floreciente sociedad oculta cuyo centro era Emma Calvé, y frecuentada por personajes tales corno Joséphin Péladan, Stanislas de Guaïta, Jules Bois y Papus (Gérard Encausse). Se rumorea con insistencia que Saunière gozó de los favores de Emma.

También se dice que Saunière visitó la iglesia de Saint-Sulpice y estudió allí ciertos cuadros además de adquirir, según la versión corriente, determinadas reproducciones en el Louvre (lo cual comentaremos más adelante). Cuando regresó a Rennes-le-Château emprendió la renovación de su iglesia y la construcción de su domaine.

Esta visita a París es parte crucial del misterio Saunière y ha sido intensamente analizada por todos los estudiosos desde que el caso llamó la atención. No hay ninguna prueba directa de que ocurriese en realidad. Un retrato de Saunière con el marchamo de un fotógrafo de París, tenido durante mucho tiempo como demostración de su estancia, resultó pertenecer a un hermano menor, Alfred, también sacerdote, según se ha demostrado recientemente.4

Se dice asimismo que Saunière firmó en el libro de misas de Saint-Sulpice, pero esto nunca se ha verificado. El escritor Gérard de Sède,5 que tiene algunos de los papeles de Émile Hoffet, asegura que hay entre éstos la nota de una reunión con Saunière en París (pero sin fecha, por desgracia). De manera que no existe la confirmación independiente, que sepamos. Como en otros muchos detalles de esta historia, todo depende de los recuerdos y los testimonios de vecinos y otras terceras personas.

Por ejemplo, Claire Captier, née Corbu, hija del hombre que le compró a Marie Dénarnaud el domaine de Saunière en 1946 (después de lo cual Marie siguió viviendo en casa de los Corbu hasta su fallecimiento en 1953), asegura formalmente que el viaje a París sí tuvo lugar.6

Lo que encontró Saunière no se sabe, pero por lo visto hizo de él un hombre muy rico de la noche a la mañana. Cuando asumió sus funciones cobraba unos estipendios de 75 francos al mes. Pero entre 1896 y su muerte en 1917 gastó una suma descomunal, tal vez no los 23 millones de francos que dicen algunos, pero ciertamente hasta 160.000 francos algunos meses. Tenía cuentas bancarias en París, Perpignan, Toulouse y Budapest, y fuertes inversiones en acciones, obligaciones y deuda pública, que no suele ser la situación financiera habitual de un cura de aldea.

Se dijo que había ganado dinero vendiendo misas (de las que sirven para indulgencias en favor de las ánimas del purgatorio), pero aunque sea cierto que lo hizo, como asegura el historiador francés René Descadeillas —tenido generalmente por el principal investigador del affaire Saunière—, esta actividad «difícilmente podía suponerle ingresos suficientes para emprender semejantes obras y vivir al mismo tiempo como un señor. Por tanto, es obvio que hubo algo más».7

En cualquier caso, podríamos preguntarnos qué razones tendría tanta gente adinerada para encargarle misas a un insignificante párroco de una remota aldea como aparentemente fue Saunière.

Él y Marie fueron criticados por su fastuoso estilo de vida; ella siempre vestía a la última moda de París (Por eso la llamaban «la Madonne», según cuentan las lenguas de doble filo), y daban recepciones de una categoría fuera de toda proporción con sus supuestos ingresos o categoría social. Todavía más llamativo, muchos famosos y ricos emprendían el viaje entonces increíblemente fatigoso a Rennes-le-Château para atender la invitación. (Por algún motivo extraño, la Villa Bethania estaba exclusivamente reservada a esas reuniones, y el mismo Saunière prefería vivir en la desvencijada casa rectoral.)

Entre estos visitantes figuraban un príncipe de los Habsburgo —que, por cierto, respondía al nombre curiosamente evocador de Johann Salvator von Habsburg—, un ministro del Gabinete, y Emma Calvé. La suntuosidad de sus recepciones no era el único motivo de la hostilidad local: Saunière y Marie eran aficionados a escarbar de noche en el cementerio. Lo que se diga de esa actividad no pasa de ser especulación, pero es cierto que borraron las inscripciones de la lápida y la losa de una aristócrata de la región, evocadoramente llamada Marie de Nègre d’Ables, fallecida el 17 de enero de 1781.



Se ha supuesto que pretendían destruir la información que suministraban esas piedras, pero no sabían que todo su esfuerzo había sido en vano. al haber sido copiadas las inscripciones por los miembros de una sociedad de arqueólogos aficionados de la comarca. Como veremos más adelante, el interés de Saunière por destruirlas es de gran significación para nuestras pesquisas.

Más o menos hacia la época del supuesto viaje a París, Saunière descubrió también la «piedra del Caballero» puesta del revés al lado del altar. Es una losa con una talla de los tiempos visigóticos que representa un hombre armado y un niño a caballo. Por lo visto encontró debajo de ella algo de gran importancia, tal vez otro escondrijo de documentos, o de artefactos, o la entrada de una cripta. Nadie lo sabe con seguridad, puesto que Saunière hizo reformar el suelo, pero su Diario contiene la siguiente y enigmática anotación para el 21 de septiembre de 1891:

«Carta de Granès. Descubrimiento de una tumba. Ha llovido».

Las excavaciones nocturnas de Saunière causaron cierto escándalo, pero fue la venta de misas lo que le valió la cólera de la jerarquía, a tal punto que fue suspendido e incluso quisieron trasladarlo a otra parroquia. Pero él se quedó tozudamente viviendo en Rennes-le-Château con Marie, en abierto desafío contra la autoridad, y cuando llegó el sustituto enviado por la Iglesia celebró misas extraoficiales enVilla Bethania, a las que asistían los vecinos de la aldea, quienes siguieron fieles a su antiguo párroco.

De todos los misterios que rodearon a Saunière tal vez el más espeso es el que se refiere a las circunstancias de su muerte. Cayó enfermo el 17 de enero de 1917 y murió cinco días después. Su cadáver fue sacado a la terraza de su domaine junto a la muralla, sentado en una silla, y los aldeanos —junto con otros que habían recorrido muchos kilómetros para poder estar presentes— desfilaron e iban arrancando las borlas púrpura del pañolón en que lo habían envuelto. Su última confesión la recibió el párroco de la vecina Espéraza, y lo que hablaron causó en éste tan profunda impresión que según se ha contado y reproduce René Descadeillas,

«[...] a partir de ese día el anciano sacerdote no volvió a ser el mismo; manifiestamente sufrió una fuerte conmoción».8

Después del fallecimiento de aquél, la fiel Marie Dénarnaud siguió viviendo en Villa Bethania. En tanto que sacerdote, Saunière no podía ser propietario, así que puso toda la finca a nombre de ella. La mujer fue volviéndose cada vez más huraña e irascible, según los lugareños, y rechazó con obstinación todas las ofertas que se le hicieron por su cada vez más ruinoso domaine. Pero finalmente lo vendió al empresario Noël Corbu, el día de la Magdalena de 1946,9 bajo la condición de seguir habitando en la propiedad hasta el fin de sus días.

Claire Captier, la hija de Corbu, recuerda haberla conocido cuando niña.

Según cuenta, Marie iba todos los días a ver la sepultura de Saunière... y también a medianoche. Luego le contaba a la niña Claire un fenómeno sobrenatural que ocurría durante algunas de aquellas visitas. Le decía por ejemplo:

«Esta noche me han perseguido los fuegos fatuos del cementerio».

Y cuando su interlocutora le preguntaba si había tenido miedo, ella contestaba:

«Estoy acostumbrada... Cuando camino despacio, me siguen... cuando me detengo, ellos se detienen también. pero siempre desaparecen en el instante de cerrar la verja del cementerio».10

También recuerda Claire Captier estas palabras de Marie:

«Con lo que ha dejado monsieur le Curé podríamos dar de comer a toda Rennes durante cien años, y aún sobraría».

Cuando le preguntaban por qué ella vivía tan pobremente, si había recibido mucho dinero en herencia, replicaba: «No puedo tocarlo».

En 1949, al enterarse de que los negocios de Corbu estaban atravesando una temporada difícil, comentó:

«No te preocupes, mi buen Noël... algún día te diré un secreto que te hará rico... ¡muy rico!».11

Por desgracia, durante los meses previos a su muerte de un ataque cerebral en enero de 1953 se volvió senil, y el secreto desapareció con ella.

¿Qué significado podemos atribuir a la historia de Saunière? Todo parece indicar que recibía dinero de alguna entidad remota, a condición de que permaneciese en la aldea (ya que decidió quedarse incluso cuando ya era rico y había dejado de ser el párroco), aunque quizá los pagos fueron irregulares. En efecto, su fortuna no consistió en una cantidad enorme adquirida de una sola vez, como han apuntado algunos, sino que su situación financiera sufría altibajos. De vez en cuando atravesaba una temporada baja y luego, apenas unos meses más tarde, reanudaba su estilo de vida lujoso.

En la época de su fallecimiento andaba ocupado en nuevos y ambiciosos proyectos que de haberse realizado, habrían costado ocho millones de francos por lo menos:12 mejorar la carretera de acceso al pueblo, porque pensaba comprarse un automóvil, llevar el agua corriente a todas las casas, establecer un baptisterio exterior y erigir una torre de setenta metros de altura desde la cual llamaría a sus parroquianos a la oración.

Parecieron firmes candidatos al papel de paganos los del partido monárquico, pero esta interpretación plantea otro misterio diferente. ¿Qué servicio pudo prestarles Saunière, que redundase en unos pagos de semejante cuantía? ¿Tal vez su devoción a la Magdalena encierra alguna pista sobre la razón subyacente de tan generosos estipendios? Es indudable que su fortuna no pudo obedecer sólo a la supuesta participación en un complot político. Los escasos testimonios personales que dejó revelan, según Gérard de Sède:

[...] una curiosa devoción a la Bona Dea, al eterno principio de lo femenino, que en boca de Bérenger [Saunière] parece trascender las creencias y las profesiones de fe.13

Una vez más hallamos secretos en torno al Principio Femenino encarnado en María Magdalena... y una nítida conexión con el Priorato de Sión, que asegura venerar a las Vírgenes negras y a Isis. Como veremos luego, la comarca de los alrededores de Rennes-le-Château contiene muchas más claves relativas a la continuidad de esa forma de culto a la diosa.

¿Y qué diremos de los famosos pergaminos supuestamente hallados por Saunière (según informaciones que provienen del Priorato de Sión)? Dicen que consistían en dos genealogías relativas a la supervivencia de la dinastía merovingia, y otros dos contenían pasajes de los Evangelios en los que ciertas letras, marcadas de determinada manera, daban mensajes en clave. Los pergaminos en sí jamás han salido a la luz del día, aunque las supuestas copias de estos textos en clave han sido ampliamente reproducidas, la primera vez en 1967 con la publicación de L’Or de Rennes, de Gérard de Sède y su esposa Sophie.

(Digamos de paso que, si bien no figura en el copyright, Pierre Plantard de Saint-Clair ha dicho que él era coautor de este libro.)14

Estos textos han hecho correr mucha tinta y no menos especulaciones.15 Del relato neotestamentario de cómo Jesús y sus discípulos recogieron grano en sábado, las letras marcadas leídas por orden dan el texto siguiente:

A DAGOBERT II ROI ET A SION EST CE TRESOR ET IL EST LA MORT (A/DE DAGOBERTO II Y DE/EN SIÓN ES ESTE TESORO Y ESTÁ AHÍ MUERTO/ES LA MUERTE)

El texto aparente del otro documento describe cómo María de Betania ungió a Jesús, y del texto oculto se da generalmente la decodificación:

BERGERE PAS DE TENTATION QUE POUSSIN TENIERS GARDENT LA CLEF PAX 681 PAR LA CROIX ET CE CHEVAL DE DIEU J’ACHEVE CE DAEMON DE GARDIEN A MIDI POMMES BLEUES

(PASTORA NO [HAYA] TENTACIÓN QUE POUSSIN TENIERS TIENEN LA LLAVE [LA CLAVE] PAZ 681 POR LA CRUZ Y ESTE CABALLO DE DIOS QUE VOY A ACABAR [O REMATAR] ESE DEMONIO GUARDIÁN A MEDIODÍA [O AL SUR] MANZANAS AZULES)

La operación necesaria para este resultado es más complicada que en el caso anterior. Cuando se leen aquí las letras marcadas, da «REX MUNDI», que es latín por «Rey del mundo» y además de corresponder a la terminología gnóstica también fue utilizado por los cátaros para referirse al dios creador del mundo material. Pero se han añadido 140 letras más ajenas a ese mensaje, que hacen de la decodificación un proceso inmensamente tortuoso hasta que aparece el texto «pastora no tentación».

Observemos de paso, porque es interesante, que el inventor del sistema utilizado en éste fue un alquimista francés, Blaise de Vignère, que fue secretario de Lorenzo de Médicis. El mensaje definitivo es un anagrama perfecto de la inscripción que figuraba en la lápida de Marie de Nègre (sobre lo cual volveremos en el capítulo siguiente).

Aunque no se puede dudar de que las decodificaciones son exactas, su interpretación o el sentido que quepa atribuir a esos textos ha dado lugar a muchas tentativas ingeniosas, y muchas veces altamente imaginativas (la más reciente de ellas en el momento de escribir estas líneas es la de Andrews y Schellenberger, que analizamos en el apéndice II).

El problema con estos pergaminos es que Philippe de Chérisey, un asociado de Pierre Plantard de Saint-Clair (y probable sucesor suyo como Gran Maestre del Priorato de Sión en 1984), admitió más adelante, en 1956, que los había fabricado él.16 (Interrogado al respecto por los autores de The Holy Blood and the Holy Grail en 1979, Pierre Plantard de Saint-Clair afirmó que Chérisey sencillamente los había copiado, pero esa explicación no es del todo convincente.)

Se miren como se miren los pergaminos es innegable que constituyen un gran éxito clásico para aficionados a crucigramas y pasatiempos, pero su génesis no inspira confianza en el sentido de orientar una investigación sobre el caso Saunière.



Pero si el cura no descubrió pergaminos, tal vez encontró un tesoro de alguna especie, como muchos siguen creyendo firmemente. Es verdad que descubrió en la iglesia un pequeño escondite de monedas y joyas antiguas, pero como toda la región abunda mucho en restos arqueológicos, tal descubrimiento difícilmente habría excitado el interés que suscito la historia de Saunière. Muchas personas creen que halló una verdadera cueva de Aladino repleta de tesoros tan abundantes, que ni siquiera él y sus distinguidas amistades consiguieron dilapidarlos por entero. Por lo cual debería sobrar algo para un buscador atrevido.

También se ha sugerido que el complicado simbolismo de la iglesia, junto con los diversos mensajes codificados como las «manzanas azules» del pergamino, obedecían al propósito de suministrar a ese buscador atrevido una pista sobre dónde podría encontrar el resto del tesoro.

Por más que esta versión resulte romántica, es absurda. En primer lugar deja sin explicación los ocasionales apuros económicos del descubridor; en segundo lugar, si trazó mapas del tesoro, aunque estuviesen envueltos en el simbolismo de su iglesia no era lo más inteligente que podía hacer, supuesto que preferiría guardarse el dinero para gastarlo él. A fin de cuentas, si toda la iglesia no es más que el mapa a gran tamaño de un tesoro, los símbolos utilizados son sumamente extraños y esotéricos.

Repetimos: si quería quedarse con el dinero, no se le habría ocurrido trazar un mapa expuesto a todo el mundo, por más arcano que resultase; y si quería que sólo determinadas personas supieran dónde estaba, ¿no habría bastado con decírselo? Por otra parte, el hecho de que él hubiese encontrado un tesoro no justifica por qué acudían a visitarle en su remota parroquia de la montaña tantos personajes ricos e influyentes.

Teniendo en cuenta todos los indicios se diría que Saunière estaba pagado por alguien que tendría sus motivos, y por algún servicio que implicaba su permanencia en Rennes-le-Château, donde se empeñó en seguir residiendo pese a haber recibido la orden de traslado. Y lo que desde luego revelan sus actividades es que buscaba algo: las excavaciones nocturnas en el cementerio, las numerosas excursiones por la comarca e incluso otros viajes más largos a localidades distantes, que muchas veces le llevaban varios días seguidos.

Tan importante era que se le creyese presente en Rennes-le-Château, que durante sus ausencias Marie Dénarnaud echaba regularmente al correo, en respuesta a la correspondencia recibida, unas cartas preparadas de antemano que contenían excusas convencionales, en las cuales decía que de momento se hallaba demasiado ocupado para atender el asunto (algunas de estas contestaciones prefabricadas se hallaron entre sus papeles después de su muerte).

En 1995 apareció una nueva aportación al caso Saunière, cuando el especialista en temas esotéricos André Douzet presento una maquette, o modelo en escayola que representaba un paisaje en relieve, supuestamente encargado por Saunière poco antes de su fallecimiento.18 Representa unas colinas y unos valles, y lo que parecen ríos que discurren por éstos. En una ladera hay un edificio cuadrado, la única construcción visible. A lo que se pretende, describe los alrededores de Jerusalén, con lugares bíblicos como el huerto de Getsemaní y el Gólgota. Pero sucede que el paisaje de la maquette no se parece en nada al de Jerusalén; quizá representa en realidad los alrededores de Rennes-le-Château.

¿Sería posible que Saunière hubiese proyectado convertir su tierra natal en la Nueva Jerusalén?19

Puede uno pasarse la vida entera estudiando las posibilidades del misterio de Rennes-le-Château. A lo mejor consiste en eso su verdadera función, servir de magnífica maniobra de diversión. Pues, aunque es indudable su importancia, distrae y desvía la atención de otras ocupaciones no menos sugestivas que la comarca ofrece.

En el asunto intervinieron otros sacerdotes de las parroquias vecinas y también Félix-Arsène Billard, el superior de Saunière y obispo de Carcassonne, que fue quien supuestamente lo envió a París e hizo luego la vista gorda ante el excéntrico y escandaloso comportamiento de aquél (Billard murió en 1902 y fue el sucesor en la diócesis quien suspendió a Saunière). Del mismo Billard se dice que estuvo implicado en algunos negocios financieros dudosos.20

El más conocido de este círculo de sacerdotes que tuvieron relación con Saunière es el abbé Henri Boudet (1837-1915), que fue cura de Rennes-les-Bains desde 1872. Hombre prudente, crudito y reservado —como temperamento, el polo opuesto de Saunière—, también intervino en extrañas actividades. En 1866 publicó un curioso libro, La vraie langue celtique et le cromleck de Rennes-les-Bains, que tiene perplejos a los investigadores desde entonces.21

En apariencia el libro trata dos temas principales:

una anómala teoría según la cual muchos idiomas antiguos, como el celta, el hebreo y otros, son derivaciones del anglosajón, y que documenta con muchos ejemplos, a veces hilarantes, de toponimias de los alrededores de Rennes-les-Bains que dice procedentes de raíces inglesas;

y una descripción de varios monumentos megalíticos de la comarca.

Boudet fue un respetado cronista local y entendido en antigüedades; las teorías que propone son tan improbables, que muchos han deducido la voluntad de ocultar un mensaje más profundo, y secreto, más o menos como una contrapartida literaria de la ornamentación puesta por Saunière en su iglesia.

Algunos llegan al punto de sugerir que ambas se complementan mutuamente, y que juntas proporcionan la clave completa para encontrar el «tesoro». Si es así, nadie ha conseguido todavía descifrarla satisfactoriamente, y el libro de Boudet sigue siendo hoy tan misterioso como el día que apareció. Tuvo además otras actividades similares a las de Saunière, pues se sabe que alteró inscripciones en el cementerio de su iglesia y cambió de lugar mojones de los alrededores.

Algunos creen que fue Boudet la verdadera eminencia gris que inspiró los trabajos de construcción de Saunière, y se sugiere, como lo hizo Pierre Plantard de Saint-Clair —sin que se sepa con qué justificación— que Boudet había sido el «pagador» de Saunière. Pero también existe una relación más directa entre Boudet y este actor del complicado misterio: el mismo Plantard de Saint-Clair prologó en 1978 una edición facsimilar de La vraie langue celtique... y además es propietario de fincas cerca de Rennes-les-Bains. Por otra parte, en el cementerio de la iglesia que fue de Boudet puede verse un testigo que indica la parcela reservada por Plantard de Saint-Clair para su propio enterramiento.

Otro clérigo contemporáneo de Saunière fue el abbé Antoine Gélis, párroco de la aldea de Coustassa, que se halla en la otra orilla del valle del Sals según se mira desde Rennes-le-Château. El 1 de noviembre de 1897 el anciano Gélis (pues contaba entonces setenta años) fue hallado salvajemente asesinado. Había recibido repetidos y fortísimos golpes en la cabeza, asestados según los indicios por una persona a quien había dejado entrar en su casa rectoral y con quien estaba conversando.


Es de notar que Gélis era amigo de Saunière: el 29 de septiembre de 1891 éste anotó en su Diario que había tenido una reunión con él y otros más, es decir sólo ocho días después del apunte que consigna el «descubrimiento de una tumba». En la época previa a su muerte Gélis vivió presa de gran temor, a lo que pareció, atendido que cerraba la puerta con llave y sólo abría a su sobrina, que estaba encargada de llevarle la comida. Y recientemente había realizado un negocio de mucho dinero, unos 14.000 francos, de cuya naturaleza nada se supo.

Los tenía escondidos en su casa y en la iglesia, y dejó papeles que revelaban los escondrijos. Sin embargo, casi todo el dinero quedó allí después del crimen. El asesino, que nunca fue descubierto, había registrado la casa pero descuidó 800 francos que estaban sobre la cómoda, así como un papel con las palabras escritas «viva Angelina». Así pues, de los móviles del crimen tampoco se llegó a saber nada.

En el asesinato de Gélis intervienen varios factores muy extraños. La lápida en el cementerio de Coustassa es la única que está orientada de cara a Rennes-le-Château, tanto así que resulta perfectamente visible desde la altura opuesta. En la tumba aparece el emblema de la rosa-cruz. Y aunque el brutal asesinato de un párroco anciano y frágil conmovió a la población de toda la comarca, la diócesis dio muestras de desear que se diese carpetazo al asunto cuanto antes. Cuando Gérard de Sède intentó investigarlo a comienzos de los años sesenta, no encontró ningún registro del crimen en los archivos diocesanos de Carcasona. No fue hasta 1975 cuando dos abogados reconstruyeron el suceso a partir de los archivos de la policía local y de los tribunales.22

Algunos llegan al extremo de sugerir que Saunière tuvo que ver con el asesinato de Gélis, pero esto es pura especulación. No obstante, parece cierto que estaba ocurriendo algo siniestro con los curas de la región de Rennes-le-Château.

Indudablemente la población de Rennes-le-Château tiene importancia en sí misma, pero quizás ha concitado demasiada atención si tenemos presente que toda la comarca se halla profundamente saturada de misterios.

No pocos investigadores admiten que hay en las cercanías otros sitios también interesantes y extraños, pero tienden a mirarlos como telón de fondo del caso Saunière. Pero si éste hizo un descubrimiento, son muchos los lugares donde pudo hacerlo. Aparte varias ausencias largas, que duraban días o semanas enteras, se sabe que realizaba muchas excursiones por los alrededores. (Y sus entusiastas expediciones de caza o de pesca tal vez le servían para encubrir otra actividad.)

Los Dossiers secrets dicen sin más ambages que Saunière trabajaba para el Priorato de Sión, pero ¿puede demostrarse que éste tuviese influencia por allí? Hemos visto que Pierre Plantard de Saint-Clair tiene cerca de Rennes-les-Bains propiedades y en ésta una sepultura reservada para él, pero ¿se reflejan de alguna manera en la comarca las preocupaciones que afectan a la organización? 

Lo extraño sería que no fuese así, vista la extraordinaria cultura de sociedades secretas entrecruzadas que impera en el Languedoc. En realidad un estudio de Rennes y la región circundante descubre muchas pistas y no sólo acerca del Priorato, sino también tocantes a una tradición clandestina más amplia, y cuya existencia ya veníamos sospechando. Y averiguamos que lo que podríamos llamar la Gran Herejía Europea —la extrema veneración o tal vez culto secreto a María Magdalena y Juan el Bautista— está bien representada aquí.

Existe una notable proliferación de iglesias consagradas al Bautista en esta comarca. A veces forman cúmulos, por ejemplo los tres San Juan de la pequeña zona de Belvèze-du-Razès (por cierto que una buena parte de esta región recibe el nombre de La Magdalène).

Conviene saber también que la Iglesia actual «de la Magdalena» en Rennes-le-Château era en otro tiempo, sencillamente, la capilla del castillo, y que el pueblo tenía otra iglesia... consagrada a Juan el Bautista.23 Quedó destruida en el siglo XIV cuando Rennes-le-Château fue tomada por las tropas de un noble español. Según se cuenta la desmontó piedra a piedra creyendo que había un tesoro escondido.24

Por el contrario, en la cercana población de Arques se produjo un volteface no explicado cuando la iglesia de San Juan Bautista pasó a nombre de Santa Ana, lo cual es tanto más raro por cuanto dicho templo posee todavía una reliquia del Bautista.

Arques y Couiza —donde hay otro San Juan— pertenecieron a la familia De Joyeuse hasta 1646, cuando Enriqueta-Catalina de Joyeuse vendió todas sus tierras del Languedoc a la Corona francesa. Anótese que era la viuda de Carlos duque de Guisa, a su vez discípulo de Robert Fludd... a quien fueron a buscar expresamente en Inglaterra para ofrecerle el empleo de preceptor.

O bien en Couiza, o bien en Arques, existió antiguamente una Virgen negra llamada Notre-Dame de la Paix, pero la familia De Joyeuse la trasladó en 1575 a París, donde puede contemplarse todavía en la iglesia de las Hermanas del Sagrado Corazón (en el Xll Arrondissement).

Es curioso que Saunière mantuviese correspondencia con la superiora de esta orden, y, es obvio que ésta le tenía en especial consideración. En una carta firmada por la hermana Augustine Marie, secretaria de la orden, el 5 de febrero de 1903,27 se le encargan expresamente a Saunière unas misas en homenaje a la Virgen negra, se le ofrece una figura del Niño Jesús de Praga (hoy expuesta en la Villa Bethania) y se le agradece, en términos algo misteriosos, «la devoción de que habéis dado muestras hacia nuestro querido Rey».

Esto puede referirse lo mismo a algún pretendiente al trono de Francia, como a Jesucristo, aunque como veremos luego era otro el «Rey» venerado por ciertos grupos heterodoxos. Sin embargo las palabras de la hermana Agustina María sugieren algún significado diferente, tal vez codificado, con la curiosa insinuación de algo especial en la parroquia (y los parroquianos) de Rennes-le-Château.

La familia De Joyeuse también construyó el templo de San Juan Bautista de Arques, que se erigió sobre las ruinas del antiguo castillo arrasado por los ejércitos de Simón de Montfort. Más exactamente, el campanario actual y una pared maestra son del castillo originario. Ésta es la iglesia, que hemos dicho estuvo consagrada al Bautista pero ahora es de Santa Ana, aunque ni siquiera el alcalde de Arques fue capaz de decirnos cuáles fueron los motivos del cambio.

Su predecesor en la alcaldía durante los años treinta y cuarenta fue Déodat Roché, gran estudioso de la tradición esotérica de la región, o inspirador de un muy serio intento de restablecer una Iglesia cátara en la comarca.28 Uno de los tíos de Roché fue el médico de Saunière, y el otro su notario.



A medio camino entre Rennes-le-Château y Limoux se halla Alet-les-Bains, que fue sede diocesana antes del traslado de ésta a Carcasona. En la Edad Media, además de sus aguas termales Alet tuvo una gran actividad de alquimistas. De allí era oriunda la familia de Nostradamus, y cabe que el famoso vidente residiera en la ciudad durante una temporada.

Tiene también sus conexiones templarias, que se retrotraen a los primeros años de la orden —hay escrituras de importantes donaciones de tierras fechadas poco después de 1130— y pueden verse los símbolos templarios esculpidos en las fachadas de algunas casas del interesante conjunto medieval. E incluso el escudo de la ciudad exhibe una cruz templaria. San Andrés, la imponente iglesia principal, tiene una curiosa relación con los freires.

El escritor y estudioso Franck Marie ha demostrado que su planta se basa en la cruz templaria (como la capilla Rosslyn),29 pero la construcción data de finales del siglo XIV, es decir después de la supresión de la orden. Entre otros detalles notables del edificio resaltaremos la presencia de la estrella de seis puntas, o de David, en los vitrales. Aparte la asociación obvia con lo judaico (que no deja de extrañar en un templo cristiano medieval), la figura también reviste tradicionales connotaciones mágicas, ya que simboliza la unión de los principios masculino y femenino.

La calle principal de Alet-les-Bains es la Avenue Nicolas Pavillon, por el nombre de su obispo más famoso (que ejerció el cargo entre 1637 y 1677). Fue protagonista de acontecimientos relacionados con el Priorato de Sión. Junto con otros dos clérigos, el famoso san Vicente de Paúl y Jean-Jacques Olier (fundador de la Sociedad sacerdotal de San Sulpicio), Pavillon inspiró la Compagnie du Saint-Sacrement, conocida también entre sus miembros como «la Cábala de los devotos».

Aunque pasaba por ser una organización caritativa, hoy los historiadores admiten que fue una sociedad secreta políticorreligiosa que manipuló a destacados dirigentes de la época, e incluso influyeron en el monarca.

Tan bien acertó la Compagnie a disimular sus verdaderos móviles, que todavía hoy los historiadores no se ponen de acuerdo para decir lo que fue realmente: a veces la presentan como católica a machamartillo, y otras como herética contumaz. Como ya hemos mencionado, algunos creen que fue una tapadera del Priorato de Sión,30 y tuvo su sede central en el seminario sulpiciano de París.

A uno de estos conspiradores, el misterioso san Vicente de Paúl (h. 1580-1660), que curiosamente presumía de ser entendido en alquimia, se le venera en otro lugar que puede figurar entre los más enigmáticos del Languedoc. Es la basílica de Notre-Dame de Marceille, sita al norte de Limoux, justo a las afueras de esta ciudad. Exhibe una estatua de san Vicente en demostración de que los lazaristas, es decir la Congregación de la Misión que tiene la iglesia a su cargo desde 1876, no olvida a su fundador.

(No olvidemos nosotros que el superior lazarista de Notre-Dame de Marceille estaba siempre entre los primeros invitados por Saunière a las ceremonias con que solía inaugurar las diversas etapas de las obras en su domaine.)

Este emplazamiento presenta muchos y sugerentes vínculos con las «herejías» que estábamos investigando.31 Para empezar, y pese a la diferencia ortográfica, este «Marceille» que no se sabe de dónde deriva recuerda a la Magdalena por intermedio de la relación con «Marseille».

La basílica se construyó sobre el emplazamiento de un antiguo santuario pagano cuya atracción era una fuente de aguas medicinales que se decía muy buenas para la vista. Tomó su nombre de una Virgen negra del siglo XI que todavía puede verse en el interior y a quien se atribuyen muchos milagros. Dicho lo anterior quizá no sorprenderá saber que esta localización perteneció en tiempos a los templarios. Fue centro de peregrinación durante muchos siglos.

En el decurso de los años y por uno u otro motivo, diversas organizaciones religiosas se han disputado el control de este lugar. En principio perteneció a la cercana abadía benedictina de Saint-Hilaire, que fue objeto de comentarios desfavorables durante la cruzada albigense por su actitud de neutralidad para con los cátaros. (En un momento dado toda la población de Limoux quedó excomulgada por darles asilo.)

Durante el siglo XIII la pelea estuvo entre el arzobispo de Narbonne, los benedictinos y los dominicos. Más tarde fue necesaria la intervención del rey en una disputa sobre la propiedad del emplazamiento entre el arzobispo, el señor de Limoux y un Guillermo de Voisins, señor de Rennes-le-Château.

El 14 de marzo de 1344 (en que se cumplía el primer siglo de la misteriosa ceremonia cátara de Montségur, la víspera de la jornada en que se entregaron a las llamas), el papa Clemente VI adjudicó la iglesia al Colegio de Narbonne en París, que retuvo su posesión hasta mediados del siglo XVII, y fue entonces cuando pasó al obispo de Alet-les-Bains.

(Por cierto que la fuente principal de las rentas del colegio en cuestión eran los ingresos de la iglesia de María Magdalena en Azille, población del Aude.)32

Durante la Revolución la iglesia y las tierras fueron vendidas, pero la imagen de la Virgen negra estuvo oculta al cuidado de un priorato de la Orden de los Penitentes Azules, curioso grupo que tenía vínculos con los francmasones del Rito Escocés Rectificado y con la familia Chefdebien... todos ellos, como veremos, protagonistas de categoría en este drama.33 Se restableció la iglesia como lugar de culto en 1795.

En tiempos de Saunière había estallado otra disputa que afectó al superior de éste, monseñor Billard, el obispo de Carcasona. El lugar era entonces de varios propietarios, pero mediante una serie de jugadas hábiles (y no siempre éticas), para las cuales utilizó como «hombre de paja» a un banquero, logró comprar todas las particiones.

El acto de la compraventa se celebró, ¡atención!, un 17 de enero, el de 1893 (aunque Billard consiguió hacerse de alguna manera con la Virgen negra, que guardó momentáneamente en Limoux). Sin embargo, no bien transcurridos cuatro meses el nuevo propietario había revendido la finca al obispado, y Billard quedó dueño único de lo que deseaba.

En 1912 el papa Pío X decidió elevar la iglesia a la categoría basilical, honor poco frecuente y del todo inexplicable tratándose de una plaza relativamente humilde. Sólo son basílicas las iglesias que revisten algún significado especial, como es el caso de Saint Maximin en Provence, que custodia las (supuestas) reliquias de María Magdalena.

Los alrededores de Notre-Dame de Marceille han sido también, hasta época muy reciente, lugar de especial interés para los gitanos, que solían acampar en una explanada entre la iglesia y el río Aude, que corre unos centenares de metros más al oeste.

Notre-Dame de Marceille tiene mención especial en el enigmático libro del abate Boudet, La vraie langue celtique, y esto fue lo que llevó allí al malogrado estudioso holandés Jos Bertaulet 34 el cual hizo un descubrimiento interesante: a orillas del Aude, en terrenos que fueron de la iglesia y están ahora en manos privadas, hay unos subterráneos.

Consisten en dos grandes sótanos que deben de datar de finales de la era romana o comienzos de la Visigótica (siglos III y IV). De unos seis metros de altura, el primer sótano tiene en el techo abovedado un pozo de ventilación; pero la única entrada es un túnel estrecho y de un metro de altura que desemboca por el otro lado en una caseta, hoy ruinosa (y que parece haber sido construida expresamente para esa función).

En cuanto a su utilidad, nada se sabe. Se ha especulado sobre si sería una cámara funeraria de los visigodos, aunque ahora el supuesto hipogeo está vacío, o un lugar de iniciación para alguna escuela mistérica.

Cualquiera que hubiese sido su uso, hay algunos indicios de que todavía funcionaba a comienzos del siglo XX, pero su existencia era tan secreta que - como nosotros mismos íbamos a descubrir en circunstancias traumáticas— ni siquiera los clérigos de la basílica conocían su existencia. A lo mejor fue esa curiosa cámara subterránea lo que Billard tenía tanto interés en hacer suyo. 

En el verano de 1995, durante un viaje de investigación en Francia, Clive Prince visitó esta región con su hermano Keith. El estudioso belga Filip Coppens nos había pasado información sobre la cámara subterránea y también instrucciones acerca de cómo encontrarla, que resultaron muy valiosas porque la entrada había quedado oculta por un formidable amasijo de matorrales.

En cuanto al pozo de ventilación de la primera cámara, Jos Bertaulet lo había cubierto parcialmente con unas baldosas para evitar accidentes, pues había una caída de seis metros, como averiguaríamos a costa nuestra.

Después de bajar a la primera cámara con ayuda de una soga (pues cualquier escala de madera que hubiese existido estaba desaparecida desde tiempo inmemorial, debido a la podredumbre), Keith tropezó con los cascotes que recubrían el suelo y cayó en mala postura. Tumbado a oscuras entre el cisco de los siglos, al principio creyó que se había roto una pierna, y aunque luego se diagnosticó que sólo se había desgarrado un ligamento, no podía ponerse en pie, ni mucho menos salir del sótano por sus propios medios.

Clive no tuvo más remedio que llamar a los servicios de socorro (los cuales acudieron en número más que sobrado: se hubiera dicho que el accidente de Keith era lo más emocionante que había pasado en Limoux desde hacía mucho tiempo).

cabo de cuatro horas, un equipo de espeleólogos consiguió sacarlo por la chimenea de ventilación con ayuda de una cabria y lo envió al hospital de Carcasona (y una de las enseñanzas que resultaron de este episodio fue que cuando Clive se dirigió a la basílica para pedir auxilio, el clero del lugar no sabía que existieran por allí unos hipogeos).

Por desgracia el suceso impidió continuar la investigación de esas cámaras. Otra consecuencia quizá más seria fue que las autoridades amenazaron con sellarlas definitivamente para evitar nuevos percances. Fue un alivio para nosotros descubrir que no lo habían hecho, aunque sí estaban tapiados los accesos en la primavera de 1996, cuando regresamos por allí con Charles Bywaters. En esta ocasión no intentamos explorar el sótano principal sino que lo hicimos en el túnel por donde se entraba en él... e hicimos un descubrimiento muy significativo.

El túnel parece partir de una pared desnuda, pero siguiendo una sugerencia de Filip Coppens la examinamos atentamente y nos dimos cuenta de que había sido en tiempos una entrada. La habían tapiado intencionadamente y, según los indicios, en una época no muy alejada. En el muro destacaban unas barras de hierro clavadas que tal vez servían de peldaños o asideros.

A juzgar por la manifiesta ignorancia de las autoridades en cuanto a la existencia de los subterráneos, no parecía que la orden de condenar la entrada proviniese de ellas. Así pues, ¿quién lo hizo, y en todo caso, qué motivos tendría para sellar de tal manera sólo una de las cámaras?

Por el estado de las barras de hierro nos pareció que el muro tendría como un siglo, poco más o menos, coincidiendo con la época en que Billard quedó como amo único de la propiedad. ¿Tal vez escondió algo detrás de esa entrada sellada?

Quizá, pero lo que manifiestan sus acciones es el afán desesperado por adueñarse del lugar, lo cual sugiere que no escondía sino que buscaba algo. Y sea lo que fuere, debían quedar por lo menos algunas pistas al respecto en aquel lugar húmedo y secreto, porque se tomó la molestia de tapiarlo.

Poco antes de morir de cáncer en 1995, Jos Bertaulet aseguró que había descifrado la extraña obra de Boudet La vraie langue celtique.

Según sus conclusiones, decía que un relicario que contenía la cabeza de «un Rey sagrado» estaba oculto en la cámara subterránea.

Dijo además que Boudet vinculaba esa cámara con las leyendas del Santo Grial.

Se echa de ver que andan muchos reyes sagrados decapitados en estos relatos (y Saunière recibió el agradecimiento de las corazonistas de París por la devoción demostrada «a nuestro querido Rey»).

Otro detalle significativo, Notre-Dame de Marceille, fue antaño propiedad de los templarios.


Map from 'La Vraie Langue Celtique' by Abbé Boudet


from Rennes-le-Château Website

This pages lists all the occurrences of dates within the text of La Vraie Langue Celtique by Abbe Henri Boudet, published in 1886. For the full text of this book in French please see HERE


Date Event Page

2347 BC The Flood 137 (implied)
1824 BC Iberians arrive in Spain 137
1821 BC Abraham dies and passes on his divine gifts to his son Isaac 137 
1491 BC Revelation of the name of God to Moses 36
1451 BC Beginning of conquest of Palestine 36
1445 BC End of conquest of Palestine 36
1400 BC Ligurians leave Spain for Italy 2
888 BC Building of Carthage by Didon 91
753 BC Foundation of Rome 2 (implied)
753 BC Rome built by Romulus 212
631 BC Sycthians establish on the banks of the Palus-Meotide 3 
600 BC Wedding of the daughter of Nann, chief of the Segobriges 176
587 BC Army of Sigovesus marches with army of Bellovesus towards Italy 187
300 BC Belges invade the North of Gaul 4
281 BC Gallic tribes gather on the banks of the Danube 4
281 BC Tectosages head towards the banks of the Danube 13
281 BC Tectosages head towards Macedonia 188

20 AD Strabon writes about "Provincia" 282
43 AD Pomponius Mela writes about "Provincia" 282
251 AD Emperor Dece killed in battle by the Franks 207
387 AD St Augustine baptised in Milan by St Ambroise 98 
396 AD Closure of druidic colleges by Conan Meriadech 167
446 AD Wor-Tigern, chief of Bretagne, seeks safety from the Saxons 16 
507 AD Franks return to Toulouse 207
626 AD "Children of Clovis" occupy Novempopulanie 138
1119 AD Esperaza (Sperazanus) mentioned in Papal Bull (Callixte II) 222 
1633 AD Publication "Memoires de l'histoire du Languedoc" - Guillaume de Catel 196
1704 AD Birth of Duclos at Dinan 7
1803 AD Publication of "Dictionnaire de la Fable" by Fr. Noël in Paris 301
1834 AD Publication of article in Magasin Pittoresque 300
1839 AD Water analysis carried out by the Academy of Medicine in Paris 269
1852 AD Discovery of 17 skeletons by Bonnemaison 129
1864 AD Discovery by Figuier 257
1868 AD Discovery of Cro Magnon skeletons by Louis Lartet 129 
1884 AD Discovery by road workers on 26 November 241
1884 AD Removal of "Jesus Head" sculpture from Cap de l'Homme in December 234
1885 AD Publication of article in l'Eclair on 7 June 119 
1885 AD Publication of article in The Advocate, Melbourne, 5 September 1885 11 
1886 AD Publication of La Vraie Langue Celtique ---

La continuación de las investigaciones depende de si se podrá pasar esa entrada tapiada; en el momento de escribir estas líneas no parece probable que las autoridades concedan el necesario permiso. En el lugar confluyen, según todos los indicios, varios temas fundamentales para nuestras averiguaciones: las Vírgenes negras, los templarios y las leyendas de la Magdalena y del Grial. La posible presencia de una cabeza cortada sin duda evoca el personaje de Juan el Bautista, en una región tan llena de iglesias consagradas a él. Ciertamente esa región y el emplazamiento de Notre-Dame de Marceille en particular encierran todavía algún profundo secreto.

Es difícil dilucidar de qué manera encaja en este panorama Saunière, pero también se ve bastante claro que debió de tener alguna intervención. Es muy probable que encontrase algo de mucha importancia, aunque casi imposible decir lo que fue con ningún grado de certeza. No obstante, nuestras averiguaciones han proporcionado algunas pistas, muy reveladoras sobre la clase de compañías que frecuentaba y el tipo de relaciones que buscaba deliberadamente.

De hecho, los indicios reunidos con gran esfuerzo en cuanto a las verdaderas afiliaciones de Saunière modifican radicalmente y de una vez por todas la imagen corriente del humilde cura de aldea que se tropezó con el escondrijo de un gran tesoro. Cualesquiera que fuesen sus auténticos designios, su trascendencia excedió con mucho los límites de la curiosa aldea de Rennes-le-Château.

Fenomenos Extraños


Existen diversos casos de caidas de blooques de hielo gigante desde el cielo, entre los más resaltantes estan el hielo de 200 kg. que cayo en una hermosa noche estrellada en Londres, atravesó el techo de un garage y posteriormente destrozó el auto que se encontraba dentro, nadie supo explicar loque paso.

-El martes 5 de junio de 1979 un pedazo de hielo verduzco se estrello en la sala de una casa en Calgary, Canada.

-El 9 de Abril de 1971, en Tampico, Méxiico, cuando la sra. Sara Medrano dormía apaciblemente, un bloque de hielo de 50 kg. cayo en su cama a su lado después de atravesar el techo, esto casi la
condujo a la locura.

-El 27 de abril de 1872 cayó una lluvia de piedras sobre una casa de Bermondsdey Inglaterra hiriendo a varias personas.


-En 1921 se dió una rivalidad entre dos pueblos en diferentes continentes a causa de una lluvia de piedras, comenzando en Chico California, donde no se pudo saberque causaba tan extraño “bombardeo”, en una sesion se culpó del hecho a espiritus, mientras que en Nueva Escocia empezó a suceder lo mismo, una niño dijo ver a los espiritus cuando lanzaban las piedras, otros dijeron que venían del planeta Marte, incluso se culpó a Satanás por la falta de fé de los pobladores.

Siguió por varios meses, hasta que legó una carta al sheriff Peck firmada como “El fanstasma” agradeciendo la atención que le dieron en el pueblo pero que debía marcharse, después de esto las lluvias cesaron.

-El 21 de octubre de 1638, una bola de fuego destrozo el muro de un campanario de una iglesia, hiriendo a 62 personas y matando a 4. Después de esto se expandió una espantosa fetidez en donde se pensó de la intervención del mismo Satanás.


-Durante los 80, durante 4 años llovieron granos de maiz sobre la población de Evans, Colorado.

-El 31 de marzo de 1977 cayó una lluvia de ranas y sapos en el estado de Ohio, lo mismo ocurrió en 1979 en el poblado soviético de Dargan-Atta.

-El 30 de Julio de 1838 cayeron del ciello ranas sobre la ciudad de Londres despues de una tormenta, ocurrio lo mismo en la misma ciudad en 1883.

-En mayo de 1984 en East Ham, Inglaterra cayeron una gran cantidad de peces en un suburbio, lo mismo ocurrió en una ciudad cercana llamada Canning Town. Mientras que en Dilhome llovieron conchas que solo se conocían en las Filipinas.

-El 10 de enero de 1877 en Memphis Tenesssee el New York times informó que cayeron del cielo miles de serpientes de entre 30 y 45 cms., por suerte no eran venenosas

-En 1578 cayeron pequeños ratones de color amarillo sobre Bergen, Noruega, sucediendo lo mismo al año sgte.

-En 1965 en Kentucky cayeron millares dee galletas segun el periódica St. Louis Dispatch.

-En marzo de 1888 cayeron numerosos ladrrillos sobre una escuela en presencia de 30 testigos e Madras, India.

-Estos son solo algunos casos de los cieentos reportados. Un hombre llamado Charles Fort ha investigado durante años estos casos y los publicó en un libro que contenia casi 300 casos.

Estos casos desconcertantes vale que sean contrastados con informes oficiales, los casos son tan desconcertantes que desafian a la lógica y proponen la posibilidad de fraudes o relatos producto de la imaginación de la gente. Lo extraño es que un buen número de eventos alternos han sido confirmados.


En el año 1800, en Seringapatam, en la India, se registraron (según la revista Nature del 1° de noviembre, anota Fort) una sucesión de lluvias de granizo. Durante una de ellas se encontraron dos piezas de hielo que tenían el tamaño de un elefante pequeño. Ese mismo año, informes del instituto Smithsoniano revelan que en los EE.UU cayeron piedras de hielo de 2 y 3 kg. de peso.

El 27 de febrero de 1877 en Penchloch, Alemania, cayó una espesa lluvia amarilla, color oro, cuya materia tenía 3 formas distintas: semejaban una flecha, un grano de café y un disco. No se encontraron trazas de polen y la sustancia despedía un fuerte olor animal. El análisis químico reveló la presencia de nitrógeno y amoníaco. Charles Fort – en su obra “El libro de los condenados” al hablar de esta lluvia – dice: “Tal vez fueran símbolos jeroglíficos de alguien que intentaba decirnos algo”.

El 14 de febrero de 1870, cayó en Génova, Italia según el profesor Beccardo, director del instituto Genovés de Física, citado por Fort, una sustancia amarilla que cubrió las calles, al punto de que era difícil caminar. Según se estimó, la cantidad de esta materia amarilla que cubrió Génova era de aproximadamente 100 mil toneladas.

El 30 de abril de 1887 se produjo una lluvia densa, ardiente, negra y pestilente. El mismo fenómeno se repitió el 9 de octubre de 1907 y el 2 de marzo de 1908. La “explicación” fue que se trataba de polvo de carbón que habría flotado en el aire desde las minas de Gales. Pero una lluvia similar se registró el 20 de enero de 1911 en Suiza y otra en el cabo de Buena Esperanza, el 5 de febrero de 1912. Según el reverendo James Rust una lluvia negra cayó en Slains, Escocia, el 14 de enero. Otra en Carluke, a 250 km. de Slains, el 1 de mayo. Y otros dos en este sitio el 20 de mayo de 1862 y el 21 de octubre de 1863. El informe químico identificó esta sustancia no como un producto volcánico o ceniza, sino como escoria de fundición.

“Resulta imposible – dice Fort – imaginar que un producto artificial como es la escoria de hierro haya podido caer en tan grandes cantidades y en sitios tan distintos”. Y agrega un dato sorprendente: El 9 de noviembre de 1819 cayó una lluvia negra de escoria de metal sobre una vasta zona de Canadá. Esta lluvia fue acompañada de una sacudida sísmica y de una intensa oscuridad aunque era pleno día.

No sólo caen – según Fort – diversos colores desde el cielo. En ciertos momentos de la historia, y en los más variados lugares, se produjo la precipitación de sustancias realmente increíbles.

El 13 de agosto de 1819 en la ciudad de Amherst, en Massachusetts, un objeto misterioso, recubierto de una pelusilla como la que se encuentra en la fábrica de paños, se abatió contra el suelo. Separada la pelusa apareció una sustancia pulposa de color amarillento que despidiendo un olor muy nauseabundo, se volvió de color rojo vivo por el simple contacto con el aire.

En Londres, la tarde del 5 de mayo de 1848, cayó una lluvia extrañísima. Traducida textualmente la nota de Charles Fort dice la siguiente: “A las 5 de la tarde el cielo estaba apacible sobre la ciudad de Londres. De pronto sin previo aviso, comenzó a soplar un fuerte vendaval que hizo volar a toldos y sombreros.

El sol se apagó y una oscuridad densa se desplomó sobre la ciudad. Apenas se podía ver a dos pasos. A partir de ese momento comenzó a caer desde la alto un copioso chubasco de agua y peces. Durante casi 1 hora cayeron miles y miles de pequeños peces de una 15 cm de largo, de color plateado y grandes aletas.

Examinados por los expertos no pudieron ser reconocidos. Se enviaron muestras a todas las Universidades de Inglaterra y ninguna pudo decir de que especie eran esos peces. Finalmente, una comunicación llegada desde el Cairo y firmada por el decano de la facultad de ciencias naturales de esa ciudad informó que esos peces correspondían a una especie de agua dulce que prolifera en el mar de Galilea. No se pudo explicar cómo habían caído sobre Londres esos peces que los palestinos llaman Pez de San Pedro”.

En agosto de 1894 , miles de medusas , grandes como un chelín , fueron señaladas sobre la ciudad de Bath, en Inglaterra. En el mismo momento no lejos de ahí, en Wigan, cayó una lluvia de pequeñas ranitas.

En una nota tomada de Comptes Rendus, Fort anota que la “sustancia negra caída en Entre Ríos, Argentina, el 30 de junio de 1880 recuerda a ciertas formas de lignito”. Es de color negro verdusco , similar a otras que se precipitaron en Francia (1868), Australia (1861), India (1867) y Portugal (1902).

Tras la muerte de Charles Fort las lluvias acontecidas fueron más insólitas que las que describió:
Chaparrones de tela de araña mojando pueblos y ciudades, están desconcertando a meteorólogos del mundo entero, que no obtienen explicación a tan inusual y original fenómeno.
La caída más frecuente es la de trozos de hielo, que en algunas ocasiones pesan 45 kg. A estos le siguen las de ranas, peces y cangrejos, que parecen preferir ambientes fríos como los del norte de Gran Bretaña para caer.

Cabe señalar un suceso muy raro ocurrido un atardecer de verano de 1969: los ventanales de una hostería de los Alpes alemanes próxima a Oberstdorf fueron literalmente destrozados por una lluvia de monedas antiguas, en especial rupias, maravedíes y piastras. El violento chaparrón paleomonetario se repitió a la mañana siguiente, y atrajo a numerosos curiosos a la zona. La policía destacó en el lugar a 4 patrulleros y una unidad de perros especializados que rastrearon la zona sin encontrar pista alguna sobre el extraño ataque.

Los dueños del establecimiento declararon que durante las 2 precipitaciones de monedas se oyeron voces en lenguas extrañas, que algunos huéspedes interpretaron como griego antiguo y otros como sánscrito.


R. P. Greg, uno de los catalogadores mas notables de fenómenos meteóricos, reporta caídas de sustancias viscosas en 1652, 1686, 1718, 1796, 1811, 1819, 1844. Da datos más antiguos, pero yo tambien practico la exclusión. En el Report of the British Association, señala incluso el paso de un meteoro muy cerca del suelo entre Barsdorf y Friburgo. en Alemania. Al día siguiente se encontró sobre la nieve una masa enorme de gelatina. No era ni la estación de la freza, ni la del nostoc. «Curioso, si es exacto», como dice él.

Pero relata, sin modificarla, la caída de un meteoro en Gotha, Alemania, el 6 de setiembre de 1835, «dejando en el suelo una gran masa de gelatina» y aterrizando apenas a un metro de un observador. En otro artículo del Report, según una carta de Greg al profesor Baden Powell, el 8 de octubre de 1844 por la noche, cerca de Coblenza, uno de sus amigos alemanes vio caer al suelo un cuerpo luminoso cerca de él y de otra persona. A la mañana siguiente, encontraron en aquel lugar una masa gelatinosa de color gris.

Según Chladini, una masa viscosa cayó con un meteorito luminoso entre Siena y Poma, en mayo de 1652; otra, después de la caída de una bola de fuego en Lusatia en marzo de 1796; una sustancia gelatinosa, después de la explosión de un meteorito, cerca de Heidelberg, en julio de 1811.

En el artículo citado en la nota, se describe la sustancia de Lusatia como poseyendo «el color y el olor del barniz negro desecado». En el American Journal of Science se dice que una materia gelatinosa surgió con un globo de fuego sobre la isla de Lethy, en la India, en 1718.

En la misma revista, en varias observaciones sobre los meteoros de noviembre de 1833, se mencionan caídas de sustancias gelatinosas: «Bloques de gelatina blanca», parecida a clara de huevo coagulada, fueron hallados en el suelo en Pahway, New Jersey. A. H. Garland, de Nelson Country, Virginia, encontró una sustancia gelatinosa que tenía la circunferencia de una pieza de 25 centavos. Una mujer de West Point encontró una masa grande como una taza de té y parecida al almidón hervido.

En 1829, Persia vio caer una sustancia que nadie conocía. Los persas no tenían la menor noción de lo que era, pero comprobaron que las ovejas podían comerla y así lo hacían. Resolvieron molerla en harina, e hicieron con ella un pan del oue se dijo que era comestible, aunque insípido.

Si hay pocas sustancias que hayan caído al suelo y si la superficie terrestre abunda en sustancias arrancables por una tromba, dos caídas de papel parecerían notables. Un articulista señala, en la Edinburgh Review (8 a), que en Carolath, Silesia, en 1839, cayeron sesenta metros cuadrados de fieltro, con los cuales se podrían haber confeccionado vestidos. El dios del Examen Microscópico decidió que se componía esencialmente de coníferas.

Finalmente, otro artículo (8 b) señala que, el 16 de marzo de 1846, en la época de la caída de sustancia comestible en Asia Menor, un polvo aceitunado se abatió sobre Shanghai. Se descubrió al microscopio que se trataba de una masa de pelos negros y blancos, estos últimos más densos. Se creyó que se trataba de fibras minerales, pero, en la combustión, desprendieron «el olor y el humo amoniacales de los pelos y las plumas carbonizados». Otros exámenes revelaron que dichas fibras, caídas en forma de una nube de un millón de hectáreas, mezcladas con arena y álcali, estaban formadas principalmente de coníferas.

En All the Year Round, se describe el siguiente hecho: el 21 de setiembre de 1741, en Inglaterra, en el espacio triangular incluido entre los pueblos de Bradly, Selborne y Alresfort, se desplomaron «telas de araña» bajo la forma de «copos o jirones de tres por quince centímetros», relativamente pesados, que cayeron «a toda velocidad» y en gran cantidad, puesto que el lado más pequeño del triangulo mide doce kilómetros. En un artículo aparecido en otro lugar, se añade que el chaparron se produjo en dos tiempos, con un intervalo de varias horas (este dato nos es familiar), y que la segunda caída duró desde las nueve de la mañana hasta el anochecer.

Hilos de araña» caídos en octubre de 1881 en Milwaukee, Wisconsin, y después en Groen Bay, Vesburge, Fort Howard, Sheboygan y Ozaukee. De ellos se ha escrito que eran «muy blancos y de fuerte textura». «Lo más curioso», escribe el cronista, «es que no se señala en ningún caso la presencia de arañas». De donde surge nuestra tentativa de separar un posible producto exterior de su amalgama terrestre, y después nuestra alegría de prospectar cara al descubrimiento. El 21 de noviembre de 1898, numerosos bloques de sustancia, muy parecida a la tela de araña. cayeron en Montgomery, Alabama, en hilos y jirones de hasta diez centímetros cuadrados. Según el observador, no se trataba de tela de araña, sino más bien de una especie de amianto fosforescente.

En Montussan, en la Gironda, el 16 de octubre de 1883, un observador vio surgir una espesa nube, formada por una sustancia algodonosa que cayó al suelo en bloques gruesos como el puño. M. Tissandier, que informa de este testimonio, añade que dicha sustancia blanca y fibrosa parecía haber ardido.

En marzo de 1832, una sustancia amarilla y combustible caía en Kourianof, Rusia, sobre ciento cuarenta a ciento cincuenta mil hectáreas y con diez centímetros de espesor. Se tendía a identificar esta materia amarilla y resinosa como polen de pino, pero al romperla se le encontró la resistencia del algodon y sumergiéndola en el agua, la de la resina. Una resina de cobr ambarino elástica como el caucho y que olía como esencia de cera.

En cuanto a las cantidades de sustancias vegetales, demasiado vastas para sugerir cargamentos perdidos, recordemos que en Perpignan, el 1º de mayo de 1883, y en varios puntos de la costa mediterránea, cayó, según el Intellectual Observer, una mezcla de arena fina y de «harina roja», y que en Siena, Italia, en mayo de 1830, cayó una materia vegetal roja.

Alguien debería registrar todos los fenómenos de caída localizados en Siena: son incalculables. Finalmente, el 16 de febrero de 1901, en Pawpaw, Michigan, la Monthly Weather Review, cita que, durante un día de calma chicha en que se vio inmovilizarse incluso a los molinos de viento, cayó un polvo amarronado de materia vegetal.

Chemical News: Donde el doctor A. T. Machattie, F.G.S., escribe que en London, Ontario, el 24 de febrero de 1868, en medio de una violenta tormenta, cayó una subtancia de color oscuro, en cantidad estimada en quinientas toneladas y sobre una extensión de unos cien por veinte kilómetros.

Fue examinada al microscopio por el doctor Machattie, quien estableció que se trataba de sustancia vegetal «en avanzado estado de descomposición».


La sustancia fue examinada también por el doctor James Adams, de Glasgow, que expresó su opinión de que se trataba de restos de cereales. El doctor Machattie señaló que el suelo de aquella región del Canadá había permanecido helado por varios meses antes de la caída, lo cual hacía suponer que el origen de la sustancia fuera remoto.

El doctor Machattie creía que su origen se hallaba en el sur. «No obstante -dijo-, todo esto es mera conjetura.»

Amer. Journal of Science: El 24 de marzo de 1840, durante una violenta tempestad, cayó una respetable cantidad de cereales en Raikit, en la India. La caída fue informada por el Coronel Sykes, de la Asociación Británica. Los nativos se mostraron muy excitados, ya que se trataba de un cereal desconocido para ellos.

Usualmente, tales hechos y sus pruebas son llevadas inmediatamente a un científico, que suele conocer las cosas mucho mejor que los nativos. Sin embargo, en esta ocasión no ocurrió así: «El cereal fue sometido a algunos botanicos que no lo reconocieron inmediatamente, sino que nombraron varias especies, distintas de unos a otros.»

Otro dato: el extraordinario año de 1883.

Según una traducción de un periódico turco, publicada por el London Times, cayeron en Scutari, en Turquía, el 2 de diciembre, copos o partículas de una sustancia blanca como nieve, «pero de sabor salado y soluble en el agua».

Miscelánea: «Una materia negra y capilar», el 6 de noviembre de 1857 en Charleston, Carolina del Sur . «Pequeños bloques quebradizos y vesiculares, grandes como guisantes o avellanas», en Lobau, el 18 de enero de 1835. «Una esoecie de salitre cristalizado, de sabor azucarado, caído en plena tormenta» en Peshawar, India, en Junio de 1893.

En Darmstadt, el 7 de lunio de 1846, Greg informa de una caída de «escorias de hierro ordinarias» .
En 1885, se encontró una gran piedra en el interior de un árbol, en Battersea Fields.

A veces se encuentran balas de cañón incrustadas en los árboles. Esto no provoca ninguna discusión: parece extravagante que alguien quiera agujerear el tronco de un árbol para ocultar en él una bala de cañón. Lo mismo ocurre con la piedra de Battersea. ¿Qué se podría decir de la misma sino que cayó a toda velocidad y que se incrustó en el interior de un árbol? Sin embargo, la discusión fue considerable. Porque en el pie del árbol, como desprendidas de la piedra, se encontraron fragmentos de escorias férricas.

Un periódico de Kimberley (citado por Nature, 10 de enero de 1884) anunciaba que, a finales de noviembre de 1883, un chaparrón de materia cenicienta cayó sobre Queenstown, en Africa del Sur, bajo la forma de bolas minúsculas, blandas y pulposas, pero susceptibles, una vez secadas, de convertirse en polvo al menor contacto. Sería usualmente absurdo atribuir esta sustancia al Krakatoa y, sin embargo, la lluvia fue acompañada por fuertes detonaciones.

sustancia que se precipitó el 24 de abril de 1887 en el departamento del Orne, en Francia. Y cerca de Allport, en Inglaterra, en 1827, «una especie de carbón de madera», expandiendo una viva luz, se abatió con gran ruido en un campo, si hay que creer el informe del doctor Angus Smith aparecido en las Lit. and Phil. Soc. of Mancester Memoirs, enteramente basado, como la casi totalidad de los Principios de Lyell y del Origen de las especies de Darwin, sobre testimonios orales.

Esta materia anormalmente pesada, como si contuviera hierro, estaba «mezclada con una pizca de azufre». Se aleja totalmente, dice el profesor Baden-Powell, de las materias meteóricas corrientes.

Y Greg, aun calificándola de «sustancia dudosa» en su catálogo, la asimila de un modo definitivo partículas de azufre y piritas de hierro incrustadas en carbón de madera, mientras que el doctor Smith le atribuye un contenido en carbón de un 43’59 %. Pero la noción de caída de carbón permanece inseparable de los datos de sustancias resinosas y bituminosas.

Sustancias resinosas en Kaba, Hungría, el 15 de abril de 1887, y en Neuhaus, Bohemia, el 17 de diciembre de 1824. En Luchon, el 28 de julio de 1885, una sustancia negruzca, quebradiza y carbonosa cae durante una tormenta. Quemada, desprende un olor a resina. En Génova, una sustancia resinosa, caída del 17 al 19 de febrero de 1841, es definida por Arago como bituminosa y arenosa. Caída en julio de 1681, cerca del Cabo Cod, sobre el puente de un navío inglés, el Albemarle, de una materia «ardiente y bituminosa».

Lockyer señala que una sustancia caída en el Cabo de Buena Esperanza el 13 de octubre de 1838, a razón de dos metros cúbicos, era blanda, desmenuzable con un cuchillo, y «dejó, después del examen, un residuo de olor bituminoso». La misma consistencia fue descrita por otro lado como «pareciéndose más que cualquier otra cosa a un pedazo de antracita».

Según M. Daubrée, la sustancia caída en la República Argentina, en la provincia de Entre Ríos, el 30 de junio de 1880, recordaba «ciertas formas de lignito». Una materia caída en Grazac, Francia, el 10 de agosto de 1885, desprendía en la combustión un olor bituminoso. El doctor Walter Flight enumeró también la sustancia de Alais, Francia, el 15 de marzo de 1806, examinada por Berzelius, las de Cranbourne. Australia, en 1861, Montauban, Francia, el 14 de mayo de 1864 (veinte masas, algunas de ellas grandes como una mano humana, de una sustancia «parecida a un descolorido lignito terroso»), de Goalpara, India, en 1867 (cerca dei 8% de hidrocarburo), de Ornans, Francia, el 11 de julio de 1868, con un componente orgánico combustible. de Hessle, Suecia, el 1º de enero de 1860.

¿Y qué decir de los «gusanos de nieve»? En Proc. Acad. Nat. Sci. of Philadelphia, se describen gusanos amarillos y negros hallados en los glaciares de Alaska, donde no hay forma alguna de vida a escala de los insectos y no existe ninguna base de vegetación, salvo los organismos microscópicos.

Caídas de gusanos negros en Bramford Speke, Devonshire en Christiania, Noruega, durante el invierno de 1876 donde no podían salir del suelo que, en aquella epoca, estaba helado; insectos negros en 1827, durante una nevada en Pakroff, Rusia; caída, en una nevada, de multitud de pequeños insectos negros en Orenburg, Rusia, el 14 de diciembre de 1830 ; un gran número de gusanos en medio de una tormenta de nieve en Sangerfield, New York, el 18 de noviembre de 1850.


Grandes gusanos en Utica, en el estado de Nueva York. Según el Scientific American, fueron enviados al Departamento de Agricultura de Washington, en donde se los separó en dos especies diferentes: larvas de lombrices y de escarabajos. Larvas de escarabajo en Mortagne, Francia, en mayo de 1858, inanimadas por el frío. Flammarion, en The Atmosphere, p. 414, habla de una lluvia de larvas en la Alta Saboya, el 30 de junio de 1869, durante una tempestad de nieve:

«No podían haber hecho eclosión en la región, en donde, los días precedentes, la temperatura había sido extremadamente baja». En enero de 1890, caída en Suiza de un número tan enorme de larvas que verdaderas nubes de pájaros fueron atraídos hacia el lugar. Unas eran negras, otras amarillas y tres veces más grandes. Lo cual excluye la selección por gravedad específica, propia de todos los torbellinos.

En el London Times se informa que un objeto redondo y metálico fue hallado el 17 de agosto de 1887 en un jardín de Brixton, «después de una violenta tormenta».

Fue analizado por un químico, J. James Morgan, de Ebben Vale, que no logró identificarlo como verdadera materia meteorítica. Fuera o no fuera un producto de fabricación, el objeto fue descrito como sigue: una esfera elipsoide aplanada en los polos, de cinco centímetros de espesor en su mayor diámetro.

Calificándola de «fragmento», Symons le retiró, sin embargo, todo carácter de simetría, prestándole una naturaleza amorfa y alejándola así del dato siguiente: descubrimiento en un montón de estiércol de una bola de metal después de una tormenta, en Sussex.

Esta vez, mister Symons razonó que una bola de metal hundida en una masa de estiércol bien puede atraer al rayo y persuadir de su caída a una inteligencia de nivel inculto. Lo cual supondría que, de todos modos, los campesinos conocen tan mal sus propios montones de heno como el señor Symons su mesa de trabajo.

En Casterton, Westmoreland, un hombre, su mujer y sus tres hijas vieron caer del cielo una piedra durante una tormenta, matar a una oveja y enterrarse profundamente en el suelo. Después de haber cavado, desenterraron una bola de piedra que fue exhibida en la Real Sociedad de Meteorología bajo la mención de «bloque de gres».

C. Carus-Wilson la describe como una esfera de cuarcita ferruginosa de un peso de algo más de cinco kilogramos, que poseía no sólo un elemento de simrtría, sino también un elemento de estructura, puesto que había una cáscara exterior seporada del núcleo central, sin duda debido al desigual enfriamiento de la masa.

Encuanto a W. B. Tripp, de la Real Sociedad de Meteorología, señala el caso de un granjero que, durante una tormenta, vio su campo labrado ante él por un objeto luminoso., Desenterró un hacha de bronce. Estimo que una expedición al Polo Norte hubiera sido menos urgente que una delegacion científica perdiendo un verano en estudiar los hechos en el lugar del incidente.

En la vivienda de Mr. Charton, en Sutton Courthouse, Sutton Lane, Chiswick, varias ventanas fueron destrozadas «por algún agente misterioso». No se logró encontrar jamás al culpable. El edificio estaba aislado de toda vecindad y rodeado de elevados muros. Fue llamada la policía. Dos constables, asistidos por varios inquilinos, montaron guardia, sin impedir que los vidrios continuaran rompiéndose «delante y detrás de la casa a la vez».

Algunas islas flotantes se estacionan a menudo en el Supermar de los Sargazos, siendo, a veces, afectadas por perturbaciones atmosféricas que provocan la caída de diferentes objetos en determinadas zonas terrestres. Sostengo que de las playas que jalonan las islas flotantes del Supermar de los Sargazos caen algunas veces guijarros.

En Wolverhampton, Inglaterra, en el mes de junio de 1860, después de una violenta tormenta, cayeron tal cantidad de pequeños guijarros que fue preciso retirarlos con palas. Un gran número de pequeñas piedras negras cayeron en Birmingham, Inglaterra, en agosto de 1858, en una tormenta: se dijo que eran similares a algunos basaltos existentes a varios kilómetros de Birmingham de iguales caracteristicas.

Guijarros como «pulidos por el contacto con el agua» cayeron en Palestine, Texas, el 6 de julio de 1888; pertenecían a «una formación inusitada en Palestine». Bolas redondas y lisas en Handahor en 1834. «Un gran número de piedras de forma y aspecto desconocidos en tales regiones en Hillsboro, Illinosis, el 18 de mayo de 1883, en el curso de un tornado».

Guijarros de las playas aéreas y guijarros terrestres, producidos por los torbellinos, se confunden en estos casos hasta tal punto que parece necesario separarse del punto de unión: han caído guijarros que ningún torbellino conocido podría explicar, otros encerrados en piedras de granizo tan voluminosas que parece imposible que hayan podido formarse en la atmósfera terrestre, otros finalmente que se abatieron, a largos intervalos, en el mismo lugar.

En setiembre de 1898, un periódico neoyorquino anunciaba que un árbol había sido herido por un relámpago o una apariencia luminosa en Jamaica. Cerca del árbol se encontraron menudos guijarros, cuya impertinencia en relación con la ortodoxia llegó hasta tal punto que eran «lisos y pulidos como por el agua», no fragmentos angulosos como se desprenden de los meteoritos.

Un observador del Servicio de Señales de Bismarck, Dakota, relata que, a las nueve de la noche del 22 de mayo de 1884, varios ruidos secos crepitaron a través del pueblo, causados por la caída de gran número de piedras de sílex golpeando contra los cristales. Quince horas más tarde, otra caída completamente idéntica se producía en el mismo pueblo.

He aquí un suceso realmente singular del cual nadie ha sabido dar una explicación satisfactoria, a pesar de que los hombres de ciencia lo han intentado a toda costa.

El suceso se ha repetido muchas veces a lo largo de la historia, aunque sólo analizaremos uno de ellos.

En un día claro de 1896, la región de Baton Rouge, en Luisiana, Estados Unidos, cayó una lluvia torrencial de pájaros muertos, sin que nadie encontrara la razón de semejante cosa.

Los habitantes de la zona dijeron haber encontrado todo tipo de aves, entre los que se encontraban zorzales, picos-verdes, urracas e incluso patos salvajes.

Lo más curioso del asunto, es que también había canarios domésticos y pájaros que los lugareños nunca antes habían visto.
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